Studium. Filosofía y Teología. Vol. XXIXI 57 (2026) 245-248

ISSN 0329-8930 - ISSNL 2591-426X

 

 

Recensión

 

Review

 

 

DOI: https://doi.org/10.53439/stdfyt57.29.2026.245-248

 

Oscar Edmundo Yangali Núñez. ¿Podemos hablar de progreso en nuestra comprensión? Una introducción histórica a las nociones de realidad y conocimiento. Lima, Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima, 2025, 192 pp., ISBN: 9789972620386.

 

En el volumen que reseñamos, Oscar Yangali, director y docente de la Escuela Profesional de Filosofía de la Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima, se plantea la pregunta sobre la posibilidad de un progreso en el conocimiento de la realidad: ¿es acaso posible progresar en el conocimiento de la verdad de las cosas? El interrogante es evidentemente filosófico, pero, dado el asunto que se pone en cuestión, trasciende el ámbito del puro filosofar e interpela las bases mismas de toda empresa cognoscitiva. Si no hay progreso en nuestra comprensión de la realidad, cabe preguntarse, ¿qué sentido tendría esa permanente investigación de la verdad de las cosas en los distintos ámbitos del saber? En palabras del autor: “La importancia de hablar de progreso en nuestros conocimientos está en que ello supone que tenemos un mayor acercamiento a la realidad, que es a lo que aspira cualquier persona dedicada a la investigación en su o sus disciplinas” (p. 15).

Como señala el autor en el primer capítulo, de carácter introductorio, existen dos actitudes antagónicas, pero igualmente problemáticas en tanto que impiden todo proyecto de investigación y que, por eso mismo, habría que evadir. Por un lado, aquella que pretende conocerlo todo acabadamente, al punto de querer saturar la realidad, negándose a posibles cambios o mejoras. Por otro lado, está la postura que quiere cuestionarlo todo, no dejando en pie ningún tipo de conocimiento, quedándose, paradójicamente, sin criterios para dichos cuestionamientos. En ambas situaciones resulta absurdo hablar de progreso en el conocimiento de la realidad. En el primer caso, porque, si se presupone que todo conocimiento es totalizante, se paraliza la empresa cognoscitiva. En el segundo caso, porque, si se presupone que todo conocimiento es siempre aparente, cada nueva comprensión no representaría en sentido propio un progreso.

Para tratar de superar esta dialéctica, tal y como viene indicado en el segundo capítulo, el autor decide recurrir a la historia de la filosofía. En este sentido, desde lo que Gilson llamaba el laboratorio de la filosofía, se elabora una síntesis razonada de las ideas de algunos pensadores de la historia de la filosofía –y también de la ciencia–, partiendo del mundo antiguo, pasando por el medieval, hasta llegar al moderno, siguiendo como hilo conductor la dinámica de los conceptos de realidad y conocimiento. A la luz de esta personal y estimulante exploración histórica, se puede constatar una especie de ley permanente, a saber, que toda epistemología presupone una metafísica. Dicho de otro modo, lo que se entienda por realidad condicionará decisivamente la manera como se conciba el conocimiento.

Así, en el tercer capítulo encontramos un análisis del pensamiento de Parménides y Platón, para quienes lo real significaría lo inmutable y lo idéntico, y el conocimiento consistiría precisamente en la captación de dicha realidad. Asimismo, se examina la concepción aristotélica de la forma como fundamento último tanto de la realidad, entendida como configuración intrínseca de una cosa, cuanto del conocimiento, visto como abstracción de dicha determinación ontológica. La conclusión provisional de este apartado estriba en que, en líneas generales, en el mundo antiguo predomina aquella perspectiva epistemológica que el autor califica como comprensión esencialista del conocimiento, puesto que versa sobre lo que hace que las cosas sean siempre lo que son, más allá o con independencia del devenir sensible.

La irrupción del Logos revelado representó la ocasión de una renovación epistémica en la historia del pensamiento. El autor dedica el cuarto capítulo a examinar las bases ontológicas y epistemológicas de los dos filósofos más significativos de la escolástica, a saber, el dominico Tomás de Aquino y el franciscano Juan Duns Escoto. Si bien, dada la descripción propuesta en el libro de la metodología tomista como deductiva y de la escotista como inductiva, se aprecian notables diferencias entre ambos pensadores, el autor busca tomar distancia del lugar común que suele contraponer sin más el tomismo y el escotismo, y pretende más bien poner de manifiesto la complementariedad de dichas filosofías alternativas. Por lo demás, esto último, no obstante pueda resultar un punto discutible a juicio de algunos, es una consideración de fondo del pensamiento de Oscar Yangali, como puede constatarse en otros estudios suyos. En cualquier caso, el autor reconoce que aunque ambos filósofos, en cierto sentido, coinciden en que lo real tiene que ser algo extramental, para Tomás hay un conocimiento directo del universal e indirecto del individual, mientras que para Escoto el conocimiento indirecto es del universal y el directo del singular.

En el quinto capítulo el autor se detiene a reflexionar en torno a la modernidad temprana, sobre todo en relación al desarrollo del método científico, especialmente a partir de Galileo Galilei. En definitiva, se intenta demostrar que en esta nueva etapa de la historia del pensamiento no se renuncia a la comprensión esencial de las cosas, comoquiera que la esencia constituye el objeto inevitable de toda investigación. Sin embargo, en virtud del nuevo método científico, se piensa –y cada vez con más fuerza– que la esencia de la realidad, de alguna manera, depende de la capacidad cognoscitiva humana. En este sentido, según el autor, existiría una mayor convergencia entre el pensamiento científico moderno y la epistemología escotista, en la medida en que Escoto, en comparación con Aquino, concedería más autonomía al intelecto en el momento de representar la realidad extramental.

En este libro, Oscar Yangali sostiene lo que podríamos denominar una posición moderada del conocimiento esencial, la cual consistiría, por así decir, en la posibilidad de un conocimiento de la esencia de las cosas tota sed non totaliter. Esto significa que todo efectivo conocimiento de la esencia constituye un verdadero conocimiento de la realidad, si bien esta no sea todavía comprendida totalmente. En mi opinión, este enfoque realista consiente la posibilidad de un auténtico progreso en nuestra comprensión de la realidad. Se genera, así, una suerte de círculo gnoseológico en el que –como dice el autor–, la comprensión esencial es punto de llegada de la investigación, pero, al mismo tiempo, es punto de partida en cuanto horizonte preliminar de una ulterior profundización. En este sentido, afirma el autor que el progreso en el conocimiento de la realidad supondría una oscilación entre los métodos deductivo e inductivo. A pesar de esto, merece la pena recordar que, en el sexto capítulo, se percibe una cierta preferencia por el método abductivo, en virtud del cual, aunque no se llegue a un conocimiento conclusivo de la realidad, se pueden alegar razones para justificar nuestras creencias sobre la misma.

Resulta muy importante la elocuente descripción fenomenológica de esencia o verdad de las cosas que el autor nos ofrece en diversos momentos. Entre sus diversas formulaciones, cito la siguiente: la esencia es “aquello semejante o compartido con otras cosas, una estructura reiterativa que notamos en las cosas y que es producto de su propia articulación interna” (p. 155). La relevancia de esta descripción estriba en que pone de manifiesto que la esencia es una realidad extramental, independiente de nuestro pensamiento, no un mero producto de nuestros estados mentales. Pero, además, la esencia se dice real en cuanto tiene el ser en el ente singular existente, de donde es abstraída por el intelecto. Por eso, de acuerdo con el autor, el acceso a la esencia está subordinado a nuestras capacidades cognoscitivas, las cuales van descubriéndola paulatinamente a partir de las propiedades que posee el ente material concreto, esto es, desde lo particular. Bajo estas premisas sería viable no solo plantear la pregunta por la posibilidad de un progreso en nuestro conocimiento de la realidad, sino también ensayar alguna eventual respuesta, como, de hecho, nos lo muestra el trabajo de Oscar Yangali.

Finalmente, con ánimo de enriquecer el aludido esfuerzo de complementación entre tomismo y escotismo, tal vez sea oportuno volver sobre algunos de los principales pensadores referidos en el volumen. Pues es conveniente acotar que, según la gnoseología de Tomás de Aquino, el conocimiento inteligible de la esencia parte de las representaciones imaginativas recabadas por los sentidos externos e internos, los cuales son susceptibles de ser potenciados por herramientas tecnológicas y/o técnicas. Y esto es justamente lo que ha sucedido con el desarrollo de la ciencia moderna desde Galileo. A su vez, mejorando consecuentemente las representaciones imaginativas, el intelecto podrá elaborar un mejor inteligible a partir de dicho material, lo que, a mi parecer, demuestra que también a la luz de la epistemología tomista sería coherente postular la posibilidad de un desarrollo en el conocimiento esencial de la realidad.

Sin duda alguna hay otros interesantes puntos del libro que valdría la pena considerar y comentar, por ejemplo, las pertinentes aclaraciones en favor de una visión positiva de las relaciones entre religión y ciencia. No obstante, me parece que lo dicho sucintamente hasta aquí es suficiente para entrever el valioso aporte que Oscar Yangali ofrece al diálogo filosófico, en torno a una cuestión transversal, con esta provechosa y sugerente introducción histórica al problema sobre el progreso en el conocimiento de la realidad. Seguramente, después de todo, el lector, que es en último término un interlocutor, podrá constatar en su propia persona un progreso en la comprensión del tema que nos ocupa.

 

Gustavo Zamudio Morales

Facultad de Teología Pontificia y Civil de Lima, Lima, Perú

gzamudio@ftpcl.edu.pe

ORCID: 0000-0002-4490-5237

 

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