Studium. Filosofía y Teología. Vol. XXIXI 57 (2026) 173-187

ISSN 0329-8930 - ISSNL 2591-426X

 

Del status quo de la esfera a la afirmación del poliedro

Disentir con la homogeneización tecnológica en la inteligencia artificial

 

From the Status Quo of the Sphere to the Affirmation of the Polyhedron

Dissenting from Technological Homogenization in Artificial Intelligence

 

Matias Banchero

ESADE BS & Law School, Universidad Ramón Llull, Barcelona, España

matias.banchero1@esade.edu

ORCID: 0009-0002-8674-8177

 

Santiago Franco

Investigador independiente

francosantiago10@gmail.com

ORCID: 0000-0002-4400-5562

 

DOI: https://doi.org/10.53439/stdfyt57.29.2026.173-187

 

Resumen: El trabajo expone una crítica al status quo tecnológico-político actual, el cual promueve una visión binaria y utilitarista de la inteligencia artificial (IA) como parte de la idea de progreso permanente, ilimitado y enfocado principalmente en aumentar la productividad, el consumo y la rentabilidad económica. En este modelo del mundo, impulsado por una alta concentración de conocimiento y capital en pocos centros de poder, se ocultan los problemas de la mayoría de la población (como la falta de acceso a internet o la alfabetización digital) y se promueve lo que llamamos idolatría de la inmanencia. Nuestro enfoque disiente con la tendencia homogeneizante que proviene de los grandes centros tecnológicos en Occidente y propone una IA arraigada, alineada con los valores y el bien común de cada comunidad, adoptando el principio metapolítico del poliedro que defiende la diversidad cultural frente a la imposición del modelo de la esfera global. Para lograr esto, las ecúmenes periféricas deben, al menos, plantearse desarrollar sus propios modelos de lenguaje basados en IA Generativa.

 

Palabras clave: inteligencia artificial, status quo, disidencia, poliedro, valores comunes

 

Abstract: This paper presents a critique of the current technological-political status quo, which promotes a binary and utilitarian view of artificial intelligence (AI) as part of the idea of permanent and unlimited progress primarily aimed at increasing productivity, consumption, and economic profitability. Within this model of the world, driven by a high concentration of knowledge and capital in a few centers of power, the problems affecting the majority of the population (such as lack of internet access or digital literacy) are obscured, while what we call the idolatry of immanence is encouraged. Our approach dissents from the homogenizing tendency emanating from major technological centers in the West and proposes a rooted AI aligned with the values and common good of each community, adopting the metapolitical principle of the polyhedron, which defends cultural diversity against the imposition of the model of the global sphere. To achieve this, peripheral ecumenes must, at the very least, consider developing their own generative AI language models.

 

Keywords: artificial intelligence, status quo, dissidence, polyhedron, common values

 

Recibido: 29/10/2025

Aceptado: 17/04/2026

 

 

Primera parte. Pensamiento disidente: crítica al status quo tecnológico

 

Status quo tecnológico-político

 

Muchos dicen que la IA nos llevará a la extinción de la especie (Greenspun, 2024) y en su polo opuesto que ahora podremos ir a un mundo socialista (BrownMartin, 2025). Dos idealismos binarios y opuestos por el vértice que no permiten más que rascar la superficie del problema.

Para pensar por fuera del mundo binario que pretende repetir la opinión publicada, coincidimos con Emma Rodríguez (2020) quién, retomando a Dona Haraway cita: “[tenemos que] atrevernos a generar el relevo; es decir, crear, fabular, para no desesperar; para quizás llegar a inducir una transformación”.

Por un lado, los dueños de las grandes empresas de tecnología[1] impulsan una visión donde la IA poseerá la suficiente agencia para ofrecernos trabajadores autónomos que puedan ser esclavizados. Podrán trabajar día y noche y reemplazar a los humanos. Pronostican que la IA aumentará exponencialmente la productividad, y generan la sensación de que si perdemos este tren, no habrá otro (Laurent, 2025). Hay que confiar en que la IA será la tecnología que nos impulsará hacia el desarrollo (PwC, 2025). En el otro polo, los líderes de potencias dominantes proponen un idealismo casi infantil en el que la IA nos permitirá dejar de trabajar, o dejar atrás el sistema capitalista de producción para dedicarnos al ocio y al disfrute. Las tradiciones de pensamiento más variopintas ven a la IA como una oportunidad de un futuro mejor.

Para desafiar este status quo tecnológico-político homogeneizador, proponemos una IA que en lugar de ser pensada como agente, pueda ser declinada en voz pasiva, es decir planteada como conveniente para la comunidad a la que se le ofrece. Para garantizar que el despliegue social de una IA se dé al interior de un marco ético-político, es clave la participación activa de las comunidades. De otra manera, una sociedad determinada será rápidamente emparejada con cualquier otra como otro conjunto de usuarios; borrando así las especificidades de cada sociedad. La pregunta es: ¿qué valores guiarán el diseño y la sintonía fina que ajuste la tecnología de la IA antes de ser desplegada y utilizada por los usuarios de cada sociedad particular?

Para desafiar el actual status quo tecnológico-político que relaciona directamente a cada usuario con la plataforma o herramienta de IA bajo el esquema empresa-usuario, es necesario introducir cuerpos intermedios a dicho binomio. Para garantizar que el despliegue de una IA se dé al interior de un marco ético-político, es clave la participación activa de las comunidades que son parte de cada ecúmene. En nuestro caso, la ecúmene iberoamericana. Bajo este esquema de relaciones entre IA, ecúmene, comunidades que intermedian antes de llegar al usuario final de la IA, proponemos la siguiente pregunta: ¿qué valores guiarán el diseño y la sintonía fina que ajuste la tecnología de la IA antes de ser desplegada y utilizada por los usuarios de cada comunidad en particular?

 

Status quo tecnológico-social

 

Debemos buscar fuera de la realidad que nos ofrece la opinión pública lo que realmente acontece. Debemos abandonar la idea de que la tecnología por sí sola va a resolver los problemas del sistema actual. Especialmente desde Silicon Valley, donde escuchamos respuestas automáticas a las siguientes preguntas: ¿Cómo aumentamos la productividad? Con más IA. ¿Cómo se soluciona la falta de operarios o trabajadores calificados? Con más robots que automaticen procesos mediante IA. Un status quo con ideas de las que parece que no nos podemos apartar. Incluso si nos planteamos la pregunta de cómo resolver los problemas que genera la tecnología de la IA, la respuesta es la misma: con más tecnología, con más IA. La tecnología está siendo idealizada, al punto de que más se convierte en sinónimo de mejor. Cuanto más tiempo le dediquemos a la pantalla, mejor; cuanto más conozca la IA nuestras preferencias, mejor. Porque más y mejor vamos a poder consumir. Esta lógica genera un bucle infinito en el que la novedad es llamada progreso. La vanguardia tecnológica se transforma en moda estadística, y por ende, en el momento en que deja de ser tendencia, debe ser reemplazada por otra. Y así transcurre, día a día, un mundo de novedades que trafica ilusiones y promesas de ir siempre a más y mejor.

Fuera de la narrativa de este centro, en las periferias de esta dinámica que no parecen dispuestas o preparadas para el cambio, observamos realidades distintas. Por ejemplo, dos mil seiscientas millones de personas no tienen acceso a internet (UNESCO, 2025), un 30% de la población mundial. Setecientos cincuenta y cuatro millones de adultos no saben leer ni escribir –y dos tercios de ellos son mujeres–. Doscientos cincuenta millones de niños no adquieren las competencias básicas en lectoescritura.

Gran parte de las personas que habitan este planeta sueñan pero no pueden acceder a la economía digital, y el problema aquí no es la tecnología, sino las cuentas pendientes del desarrollo social. Es decir, ¿qué le puede aportar la IA a un pretendido usuario que no sabe leer ni escribir y que no tiene acceso a internet? Los que prometen los beneficios de la IA para toda la humanidad parecen olvidar convenientemente la realidad de ésta y otras deudas sociales similares.

Si antes progresar era pasar de lo peor a lo mejor, hoy lo podemos entender como cambiar nuestro teléfono móvil por uno con una cámara de más megapíxeles. Progresar es estar y sostenerse a la vanguardia. La idea de progreso ha sido degradada de tal manera que hasta tener un chat conversacional en su última versión, o un avatar que hable por nosotros, es símbolo de que ese individuo está progresando. Mientras tanto, el ideal de una humanidad alfabetizada es percibido como una utopía pasada de moda. El día a día nos devora con novedades que nos instan a progresar consumiendo desarrollos tecnológicos que no son convenientes para nosotros ni para la comunidad en la que habitamos. Solo les resulta conveniente a las grandes empresas tecnológicas, que capturan nuestra atención sobre la pantalla y la convierten en valor económico, en rentabilidad, en apreciación de acciones bursátiles.

En este status quo tecnológico-social, pocos se atreven a apartarse de la norma del momento. En un mundo –o espacio digital– donde la mayoría son seguidores y unos pocos influencers (Vinita, 2025), ¿qué es lo establecido? Aquello que los algoritmos o los bots conversacionales que nos acompañan diariamente reproducen (Zetlin, 2025). En un mundo cada vez más mediado por la IA en todas nuestras actividades, relaciones y pensamientos; se nos insta a brindar más y más datos. Eso es posible si logramos sostenernos en la cresta de la ola. ¿Y para el resto? Para aquellos que no tengan acceso a internet (International Telecommunication Union, 2024), o que no dominan la lectoescritura o, en el mejor de los casos, aquellos que sí tengan competencias, pero que una IA pueda hacerlo mejor, la normalidad tecnológico-política les ofrece ser un Homo otiosus, un ser humano orientado hacia el ocio, diferenciándolo de otros como Homo faber o Homo ludens (Stebbins, 2013). Un hombre que podrá disfrutar sin más.

Todo esto plantea un futuro ideal, lleno de promesas que no se verifican en la realidad. Una realidad en la que cada vez trabajamos más, cada vez dedicamos más tiempo a la pantalla y cada vez más fuerza toma la idea de una “jornada laboral infinita” (Microsoft, 2025).

 

Los influencers: realidades recortadas

 

En este status quo tecnológico donde todo parece cambiar, nos encontramos con los influencers. Personas o simplemente bots, que rápidamente se convierten en expertos en el tema que sea tendencia. Siempre están a la vanguardia, publican, comentan y reflexionan sobre lo último. Recortan la realidad a la medida de sus followers. Repiten y amplifican lo que dicen o publican los dueños de la IA. Por otro lado, estos mismos influencers construyen sus comunidades digitales donde abunda el contenido de treinta a noventa segundos que nos ofrece la absoluta certeza de que en esa burbuja de información seremos también expertos en IA. Nos ofrecen píldoras para derrotar a quien nos contradiga. Estas comunidades digitales nos permiten confirmar los sesgos que como followers nos trajeron a ellas. La tiranía digital que ejercemos al deslizar nuestro dedo pulgar sobre la pantalla nos hace sentir como si estuviésemos siempre ante los últimos acontecimientos. El lugar que para mediados del siglo XIX ocupaban los rieles del ferrocarril (Alberdi, 1852/2017), hoy lo hacen las redes sociales. Estamos al mando; lo que antes era el mando del televisor, hoy es un mando mucho más sofisticado, que ya no solo ofrece canales de aire y de cable, sino que nos ofrece acceso a un océano de realidad aparente. Creemos que el mundo entero cabe en nuestra palma cuando, en verdad, en nuestra mano se abre la boca que nos traga hasta las profundidades de los algoritmos (Matz et al., 2024).

Los mecanismos de validación de esta información funcionan de manera diferente según la región y los rangos etarios. Pero lo concreto es que la puerta de entrada a estas realidades recortadas está dada por lo que captan nuestros teléfonos móviles. ¿Pero cuál es el epicentro del cuál manan y abrevan todos estos flujos de información?

En el campo de la tecnología en general, y en el campo de la IA en particular, vemos dos polos que dominan la disciplina. Esta alta concentración lleva al planeta a una clara división entre aquellos que producen tecnología y aquellos que solo consumen (Latorre en Inteligencia Artificial, 2024) o, en el mejor de los casos, repiten el contenido generado.

Como centros de producción de tecnología vemos a un puñado de grandes compañías tecnológicas (Webb, 2019) y algunas universidades o centros de investigación que intentan estar al día. Si lo pensamos geográficamente, observamos que China lidera la actividad global en patentes relacionadas con inteligencia artificial generativa (GenAI), y una tasa de crecimiento promedio anual del 50% en los últimos diez años. Por su parte, Estados Unidos ocupa la segunda posición, superando ampliamente a otros países de la lista como Corea del Sur, Japón o India (WIPO, 2024).

Por lo tanto, la relación entre desarrollo tecnológico e IA viene determinada por la elevadísima capacidad de inversión que requiere el entrenamiento de modelos para su aprendizaje (Kandpal & Raffel, 2025). Esto hace que muy pocos centros de investigación, pocas universidades o muy pocas compañías puedan plantearse tal magnitud de inversión en proyectos de este estilo.

Este esquema nos lanza hacia un modelo donde tenemos dos niveles claramente delimitados: los que acceden a grandes capitales para inversión y quienes no. La relación directa entre la empresa que presta el servicio de IA y su usuario trastoca por completo la construcción social del conocimiento tal y como la conocemos. Es frente a este escenario que vemos emerger la figura de los influencers, quienes tienen acceso a grandes audiencias. Su importancia se mide por su capacidad para sumar followers y por las reacciones que generan al publicar. Esto hace que la validación de la veracidad del contenido sea descartada y en su lugar aparezca el entretenimiento o la permanencia en pantalla como las métricas más relevantes.

 

Disentimos y proponemos otra forma de hacer las cosas

 

A partir de la teoría del disenso (Buela, 2016), proponemos dar una versión alternativa de la IA, no tan enfocada en utilizar la tecnología como herramienta de dominación y construcción de poder imperial, tal como nos ofrecen las ecúmenes China y Anglosajona, liderada por Estados Unidos, sino desde la comunidad europea o desde Hispanoamérica, desde donde debemos pensar y proponer soluciones a nuestros propios problemas. Desarrollar o adaptar herramientas tecnológicas que sean convenientes para nuestro bienestar, que nos permitan preservar y, fundamentalmente, reproducir los valores de las comunidades en donde dichas herramientas son y serán utilizadas. La verdadera defensa para las comunidades periféricas se encuentra en el terreno de la IA generativa y sus grandes modelos de lenguaje. Para esto, nuestra ecúmene iberoamericana deberá afianzar sus propios modelos de lenguaje que le permitirán preservar su identidad y tradiciones.

Nada tenemos que hacer en el juego de la competencia por conquistar la Luna o Marte que nos imponen. Nada tenemos que ver con la lucha y el choque de civilizaciones que se debate para sostener la estabilidad geoestratégica. No es nuestra la batalla por TikTok (Liedtke & Megerian, 2025). Nosotros debemos apostar por disentir con estas dicotomías en blanco y negro, de buenos y malos, y volver a pensarnos a nosotros mismos desde el arraigo, desde nuestros problemas y a partir de allí entender qué es lo más conveniente hacer con la IA.

Ejemplos que nos permiten pensar e ilustrar nuestra mirada son el proyecto ALIA[2] o GPT-NL[3], que plantean una mirada alternativa a la ofrecida por las ecúmenes dominantes. Si aceptamos que la IA es un medio, resulta evidente que es fundamental entender para qué la vamos a utilizar. Nuestra propuesta apunta a extender el binomio empresa-usuario a la cadena ecúmene-comunidad-empresa-usuario. En el caso particular de nuestra ecúmene iberoamericana, el desafío pasa por escalar proyectos como ALIA al nivel que le corresponde a la tercera lengua más hablada de internet. Para ello, un modelo colaborativo que integre a gobiernos nacionales, academia, industria y comunidades resulta de carácter obligado.

Como comunidades que disienten con el intento de homogeneizar, debemos animarnos a imaginar el próximo siglo, donde la población se reducirá, donde los recursos serán muy limitados, donde debemos buscar la forma de alcanzar un equilibrio entre lo humano y lo no humano y lo transhumano. Proponemos habitar en el presente y así proyectarnos hacia el futuro sobre bases sólidas. En este sentido, Alberto Buela afirma que “el ser, para nosotros americanos, es lo que es más lo que puede ser” y que con ello nos constituimos en un pensamiento disidente frente a lo políticamente correcto.

En contraste, la retórica a combatir es la que impulsa el status quo tecnológico en donde la norma es el progreso permanente, infinito e ilimitado. Donde los derechos sociales pasen a un segundo plano y sean reemplazados por máquinas que no reclamarán a sus empleadores. Y donde el trabajo deje de ser el elemento ordenador de las comunidades.

Aunque comenzamos a ver algunas iniciativas de alineamiento (Sprick, 2025) que dicen ir en beneficio de “toda la humanidad”[4], avanzan lentamente por dos motivos. Por un lado, dada la presión ejercida por los dueños de la IA con afán de asegurarse grandes márgenes de beneficios económicos, y por otro lado por la necesidad de los Estados-Nación de utilizar esta herramienta tanto para doblegar a sus adversarios en el plano militar como en el plano político-tecnológico y por ende ser quienes construyen la narrativa que moldee el futuro según sus intereses.

Estamos en una normalidad en la que el verbo progresar se expresa como gerundio. Y como sabemos, progresando no tiene persona (¿quién / quiénes progresamos?), no tiene número (¿cuántos estamos progresando?) y no tiene tiempo (¿cuándo vamos a progresar?). Estamos viviendo en un futuro, cuando lo que más necesitamos es volver a vivir en el presente para pensar el futuro con los pies sobre la tierra.

Es necesario pensar desde la raíz, desde cada usuario en relación a su comunidad, desde cada comunidad en relación a la ecúmene a la que pertenece. Sólo a escala ecuménica podremos desarrollar una IA que plante cara a las dos ecúemenes que compiten por el liderazgo. En nuestro caso, es preciso responder: ¿Qué valores deben verse reflejados en los grandes modelos de lenguaje destinados a la iberofonía?

 

Alinear la tecnología a valores comunes

 

Si disentimos con el actual status quo de la IA, y queremos ser tomados en serio, debemos plantear una alternativa. Esa alternativa debe ser ante todo un movimiento defensivo, dada la disparidad que presentan las fuerzas en pugna. A las comunidades localizadas por fuera de los pocos centros de generación de IA nos toca pensar qué puede hacer cada ecúmene periférica para preservar su identidad frente al avance del status quo actual. Es decir, frente al status quo tecnológico-político y social, que entiende la tecnología como una herramienta de poder, emerge nuestra propuesta que busca construir una alternativa viable y conveniente para cada comunidad iberoamericana.

Ahora, ya situados en defensa de las ecúmene iberoamericana, nuestra estrategia debe tener a la preservación de nuestras lenguas en el centro de la escena. Esto es lo que actualmente nos permite que un usuario de México, uno en España y otro en Argentina se reconozcan como parte de un mismo espacio. Serán entonces las lenguas de cada ecúmene donde han de protegerse los valores de cada comunidad. Si permitimos que una IA entrenada y diseñada en otra lengua domine el medio, terminaremos pensando cómo quieren quienes la desarrollan, consumiendo su visión del mundo, sus valores y sus modelos antropológicos. Una homogeneización político-social con la que disentimos profundamente.

Para ello, el primer paso que debemos dar es dejar de confundir lo último o la novedad con el progreso, y permitirnos crear y utilizar nuestras propias herramientas. Reinterpretar el progreso desde las particularidades de cada ecúmene, de forma que su definición se ajuste a las conveniencias que le son propias. Arraigarnos a nuestro suelo, para que la tecnología de la IA se oriente al bien común de nuestras comunidades.

 

Segunda parte. Un más allá cósmico y la idolatría de la inmanencia

 

El papa Francisco (2015) nos advierte contra la idolatría de la inmanencia al afirmar que “es una idolatría contemplar las numerosas bellezas, sin pensar que habrá un ocaso, también el ocaso tiene su belleza”. Es por eso que en este segundo apartado vamos a explorar la compleja relación entre inmanencia y trascendencia, a partir de distintos indicios provenientes de actores fuertemente ligados a Silicon Valley, uno de los más importantes centros generadores de narrativas del planeta en la actualidad.

La idea de progreso propuesta por este status quo tecnológico-científico, que busca salir del planeta Tierra para conquistar el cosmos, es solidaria con el avance de la IA y coherente con el ideal de extender la duración y la calidad de la vida humana. La articulación de estos tres puntos busca que la posibilidad de la exploración del cosmos se vuelva factible para la humanidad.

Para alcanzar estrellas o planetas lejanos, resulta condición necesaria extender la vida humana tanto como sea posible, ya que los tiempos necesarios para alcanzar planetas potencialmente habitables son muy superiores a los de la vida humana promedio actual. A su vez, la inteligencia artificial aportará el conocimiento necesario para prolongar la longevidad tanto como sea posible.

En ese contexto es que aparecen los influencers que, gracias a los avances tecnológicos y científicos por venir, nos ofrecen el sueño de una vida donde la muerte dejará de ser un acontecimiento propio de la condición humana para convertirse en una elección subjetiva más. Cada individuo será el que elija cuándo morir.

En este escenario, los Estados nacionales, fondos de inversión, ONGs y empresas privadas, principalmente del sector denominado biotech, quieren ser parte del negocio en torno a esta promesa de una vida que se aproxima más y más a la eternidad.

Por otro lado, nosotros, los usuarios de las redes globales de plataformas (Kissinger et al., 2021), encontramos muy seductora esta idea de poder vivir eternamente, y a fuerza de likes y visualizaciones de contenido con filtros narcisistas (Martelli, 2023), replicamos y validamos este tipo de mensajes, reforzando lo que llamaremos una idolatría de la inmanencia.

En esta línea, presentaremos un caso testigo que ilustra la situación actual de un puñado de multimillonarios capaces de costearse el aparente acceso a la vida eterna, mientras la mayoría solo puede aspirar a mantenerse en una eterna juventud igualmente aparente, gracias a los filtros de su red social favorita.

 

Inmanencia pura: el caso Don’t die

 

El caso Don’t Die[5] está liderado por el empresario Bryan Johnson, quien afirma poseer los “mejores biomarcadores del mundo” y ser “cuantitativamente la persona más sana viva”. Busca desafiar el envejecimiento y extender su vida más allá de todos los límites conocidos, a través de un riguroso régimen denominado Blueprint Protocol. Se declara en guerra con la muerte y lucha por la libertad de existir el tiempo que él desee.

Según su documental y sitio web, él se encuentra “en la cima de la humanidad”, siendo parte del 1% de mejores indicadores en nueve benchmarks distintos, como calidad de sueño, frecuencia de erecciones nocturnas, velocidad de envejecimiento, masa muscular, entre otros. La iniciativa incluso se apoya sobre la idea de la singularidad (Kurzweil, 2005), ya que la enorme capacidad de cómputo de la inteligencia artificial es la garantía sobre la que descansan los criterios de dicho protocolo.

Casos similares son los de Peter Thiel –quien también trabaja en esta línea de construir un arquetipo de hombre que elige cuándo y cómo morir, sustentado igualmente por la idea de singularidad– y Elon Musk –quien se muestra solidario con la idea de salir del planeta Tierra y viajar más allá de nuestro sistema solar–. Este último postula que si evitamos las limitaciones biológicas que supone la muerte podremos asegurar la supervivencia y expansión de la humanidad en el largo plazo, por supuesto, más allá del planeta Tierra. De igual manera, Jeff Bezos nos vaticina que en veinte años millones de personas vivirán en el espacio.

 

Disentir con la idolatría de la inmanencia

 

Disentimos con el extremo individualismo al que conducen estas ideas y postulamos y defendemos la importancia de la trascendencia (Castellani, 1953) como guardarraíl frente a las idolatrías de la inmanencia. Creemos en los proyectos colectivos aquí en el planeta Tierra, y creemos que el foco debe permanecer también aquí, en la Tierra. La IA como tecnología debe servir al bien común y no solo a un puñado de personas que disponen del tiempo y del capital suficiente para perseguir quimeras como la de la eterna juventud.

Al darle la espalda a la trascendencia, el actual status quo técnico-científico relativiza los valores éticos y morales, promoviendo una mentalidad utilitarista donde todo se evalúa por la relación costo-beneficio, reduciendo al ser humano a un Homo faber cuya actividad se orienta al bienestar y la riqueza material. Despojado de toda idea trascendente, el faber avanza hacia el hombre que se resiste a morir. Nos encontramos así con la paradoja de un hombre que intenta alcanzar la inmortalidad sin Dios, bajo el lema de luchar por la libertad de existir tanto tiempo como uno elija porque mañana tenemos cosas que hacer (Johnson).

Si Bryan Johnson logra darle un sentido a su vida, esto se pone de manifiesto sobre el final de su video documental, es porque  se lanza a la aventura de construir una comunidad para Don’t die. Johnson comprende que querer trascender más allá de lo comunitario es solamente una hipérbole del individualismo, por lo que su regreso a Ítaca es un regreso a lo comunitario. Ofrece entonces un manifiesto Don’t die, una ciudadanía Don’t die, con invitaciones a eventos, clubes o grupos digitales donde interactuar con personas que comparten esta misma filosofía y, por supuesto, todo el set de productos necesario para cumplimentar el Don’t die ethos.

 

Conclusión ¿Quién puede dar una imagen de nuestro futuro con la IA?:

de la esfera global al poliedro de proyectos colectivos

 

En la entrevista realizada por Tucker Carlson en septiembre de 2025 al CEO de OpenAI, podemos observar claramente el problema que se le presenta a Sam Altman cuando le preguntan por el marco moral de referencia que se utiliza para el desarrollo de ChatGPT. El entrevistado comenta que su herramienta, ahora y a medida que crezca, se aproximará al promedio de valores de su actual base de usuarios y, con el tiempo, eventualmente al mundo en su totalidad, el cual –según él– debería reflejarse como un “promedio ponderado de la visión moral de la humanidad, que evolucionará con el tiempo” (Tucker Carlson, 2025, 0:16:00).

Si bien Altman no afirma esto de manera categórica, sino en medio de dudas y rectificaciones, esta visión es justamente la que consideramos es impulsada por distintos actores y que, por tanto, es preciso cuestionar, como lo hace el entrevistador.

La visión de un promedio ponderado de la visión moral de la humanidad planteada por Sam Altman es precisamente la que debe ser sometida a un riguroso cuestionamiento, ya que investigaciones recientes han revelado que los Grandes Modelos de Lenguaje no reflejan la totalidad de la diversidad psicológica humana a nivel global. En lugar de un promedio neutral, estos modelos exhiben una psicología con un marcado sesgo WEIRD (Western, Educated, Industrialized, Rich, and Democratic), un grupo que históricamente es considerado un valor atípico en el espectro de la psicología humana. Esta distorsión surge porque los datos masivos de entrenamiento de los LLMs provienen desproporcionadamente de poblaciones WEIRD, a menudo en inglés, dejando subrepresentadas a miles de millones de personas que no tienen acceso a internet o no están alfabetizadas. Los estudios demuestran que la similitud de las respuestas de GPT con las respuestas humanas decae significativamente a medida que las culturas se alejan del punto de referencia de las sociedades WEIRD. Este resultado confirma la hipótesis de que, en lugar de una representación universal, el status quo tecnológico actual impulsa un modelo uniformador, el cual es necesario criticar y negar con una propuesta de unidad basada en la diversidad.

Desde nuestra postura disidente, creemos que la representación del poliedro que ofrece el Papa Francisco no es solo una imagen geométrica, sino un profundo principio metapolítico que nos ofrece un marco conceptual idóneo para comprender y articular la crítica central a la homogeneización impulsada por ese status quo tecnológico actual, el insinuado por Altman.

Decía Francisco (2013):

 

El modelo que hay que seguir en la globalización auténtica –que es buena– no es la esfera, en la que se nivela cada relieve y desaparece cada diferencia; el modelo, en cambio, es el poliedro, que incluye una multiplicidad de elementos y respeta la unidad en la variedad. Al defender la unidad, defendemos también la diversidad. Por el contrario, esa unidad no sería humana.

 

Nuestra crítica y la propuesta de Francisco convergen en una decidida negación de la uniformidad hegemónica y en una afirmación de la unidad en la diversidad. Rechazamos la idea de esfera (Floridi, 2013), que representa la homologación e imposición de un modelo único de globalización cultural y económica: un status quo tecnológico-político dominado por unos pocos centros de poder que producen una tecnología-política diseñada para moldear el futuro según sus intereses, imponer modelos antropológicos, socioeconómicos y culturales uniformes, y catalizar la actual cultura del descarte hacia aquellos que no se ajustan a su ideal de progreso permanente e ilimitado.

Frente a esto, el poliedro es la figura que proponemos, fruto de nuestro pensamiento disidente, como mencionamos. Si la humanidad es un poliedro, sus múltiples caras representan las particulares ecúmenes culturales. Sin rechazar la tecnología, ni mucho menos, optamos por proponer soluciones a problemas propios desde el arraigo a nuestra comunidad. Reclamamos la exigencia de una tecnología conveniente, de un progreso situado que atienda a las necesidades, tradiciones y valores locales, y de una ética-política que reconozca el genius loci de cada pueblo. Esta es nuestra interpretación de la visión poliédrica del mundo.

 

Referencias

 

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BrownMartin, G. (2025, April 4). AI, Socialism, and the Redistribution of Power: Reimagining Society for the Age of Intelligence. Learning {Re}imagined. https://medium.com/learning-re-imagined/ai-socialism-and-the-redistribution-of-power-reimagining-society-for-the-age-of-intelligence-1caabfcb3322

Buela, A. (2016). Teoría del disenso. Fides.

Castellani, L. (1953). Psicología humana. Club de Lectores.

Floridi, L. (2013). The Ethics of Information. Oxford University Press. https://doi.org/10.1093/acprof:oso/9780199641321.001.0001

Francisco. (2013). Evangelii Gaudium [Exhortación apostólica]. https://www.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20131124_evangelii-gaudium.html

--. (13 de noviembre de 2015). Pequeña y gran belleza [Reflexión diaria]. https://www.vatican.va/content/francesco/es/cotidie/2015/documents/papa-francesco-cotidie_20151113_pequena-belleza.html

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Kandpal, N. & Raffel, C. (2025). Position: The Most Expensive Part of an LLM should be its Training Data. arXiv preprint arXiv:2504.12427. https://doi.org/10.48550/arXiv.2504.12427

Kissinger, H. A., Schmidt, E. & Huttenlocher, D. P. (2021). The Age of AI: And Our Human Future. Little Brown and Company.

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[1]  Por esto entendemos a aquellos que tienen capacidad técnica y capital suficiente para acceder, almacenar, procesar y entrenar los datos generados por personas y máquinas.

[2]  https://alia.gob.es/

[3]  https://gpt-nl.nl

[4]  https://openai.com/safety/how-we-think-about-safety-alignment/

[5]  https://dontdie.com/