Itinerantes. Revista de Historia y Religión 17 (jul-dic 2022) 176-194

On line ISSN 2525-2178

https://doi.org/10.53439/revitin.2022.2.08


Alianzas dentro del catolicismo durante el establecimiento de las primeras universidades confesionales en la Argentina, 1956-1962


Alliances within Catholicism during the establishment of the first confessional universities in Argentina, 1956-1962



Jorge Luis Fabián

Universidad del Salvador

jorgelfabian@hotmail.com



Resumen


La autodenominada “Revolución Libertadora”, comenzó un proceso de reestructuración del sistema universitario argentino cuyos objetivos iniciales fueron su desperonización y el establecimiento de una nueva ley universitaria que reglamentara su funcionamiento sosteniéndose en el principio de autonomía. Sin embargo, la normativa establecida no sólo legisló sobre la organización de las universidades nacionales, sino que permitió el establecimiento de instituciones privadas. Esto provocó la inmediata fundación de universidades confesionales en la cual intervinieron los distintos actores que constituyen a la Iglesia Católica. 

Con el objetivo de establecer universidades católicas entre 1956 y 1962, se produjeron distintas alianzas dentro del catolicismo, lo cual manifestó la importancia que tenía consolidar un sistema de educación superior confesional. Algunos de los miembros que promovieron y participaron de los comienzos de las nuevas instituciones se encontraban dentro del gobierno, otros eran académicos expulsados de las universidades por sus vínculos con el peronismo, otros integraban asociaciones de profesionales católicos y otros eran parte del clero.

A partir del supuesto teórico que nos ayuda a no pensar a la Iglesia Católica como un sujeto único, nos proponemos indagar sobre las relaciones entre sus integrantes que ayudaron a constituir las primeras universidades confesionales; y observar las diferencias y similitudes en sus procesos de conformación. Para esto, estudiaremos algunos de los grupos e individuos que la componen considerando el contexto político del inmediato posperonismo. 

 

Palabras clave: iglesia católica, universidades confesionales, educación superior


Abstract


The self-styled "Revolución Libertadora" began a restructuring process of the Argentine university system whose initial objectives were the “desperonización” and the establishment of a new university law that would regulate its operation based on the principle of autonomy. However, the established regulations not only legislated on the organization of national universities, its also allowed the establishment of private institutions. This caused the immediate foundation of confessional universities in which the different actors that constitute the Catholic Church intervened.

With the intention of founding Catholic universities between 1956 and 1962, different alliances were made within catholicism, which showed the importance of consolidating a confessional higher education system. Some of the members who promoted and participated in the beginnings of the new institutions were within the government, others were academics expelled from the universities for their ties to the peronism, others were members of professional Catholic associations, and others were part of the clergy.

From the theoretical assumption that helps us not to think of the Catholic Church as a single subject, we intend to investigate the relationships between its members that helped to establish the first confessional universities; and observe the differences and similarities in their conformation processes. For this, we will study some of the groups and individuals that compose it considering the political context of immediate post-peronism.


Key words: catholic church, confesional universities, higher education




Fecha de envío: 16 de mayo de 2022

Fecha de aceptación: 24 de agosto de 2022



Introducción


Cuando se produjo el derrocamiento de Juan Domingo Perón en septiembre de 1955 comenzó un proceso reestructuración del sistema universitario argentino que contó con el apoyo de los sectores estudiantiles y académicos antiperonistas. Los objetivos iniciales fueron su desperonización y el establecimiento una nueva ley universitaria que le brindara una mayor autonomía. Sin embargo, la normativa sancionada no sólo legisló sobre la organización de las universidades nacionales, sino que permitió el establecimiento de instituciones privadas. Esto provocó la inmediata fundación de universidades confesionales en las cuales intervinieron, principalmente tres sectores que constituyen la Iglesia católica: la jerarquía eclesiástica, las órdenes religiosas y el laicado profesional.

Para observar la dinámica y comprender el proceso de creación de las nuevas instituciones, partiremos del supuesto teórico de no interpretar a la Iglesia como un sujeto único, lo cual nos permite observar con mayor claridad las diferencias y los acuerdos dentro del catolicismo. En relación con los términos utilizados para este trabajo, comprendemos a la Iglesia como la comunidad de los creyentes diseminados por el mundo, limitándonos en nuestro caso a los miembros de una comunidad particular, la Argentina. Esta decisión se debe a que interpretar a la Iglesia para referenciar únicamente a los miembros del clero no da cuenta de su heterogeneidad y su complejidad (Di Stéfano, 2012). Por este motivo, nos centraremos solo en los actores que actuaron directamente en el proceso fundacional de las universidades reduciendo la escala de análisis. En lo que respecta a la jerarquía eclesiástica, estudiaremos el rol que ocuparon los arzobispos y obispos directamente relacionados con la creación de las distintas universidades; en cuanto a las Órdenes religiosas -clero regular- las interpretamos como cuerpos sumamente autónomos entre sí, pero sobre los cuales las autoridades eclesiásticas ejercen autoridad; y al laicado como aquel sector de la Iglesia que además de profesar la fe católica participa de las actividades propuestas desde la jerarquía para propiciar al catolicismo en la sociedad. En cuanto a este último, debemos precisar que durante las décadas de 1950 y 1960 tuvo una actitud independiente de la jerarquía eclesiástica que lo diferenció de los procesos anteriores (Zanca, 2006).

Para una mejor comprensión de las relaciones que se establecen entre los grupos integrantes de la Iglesia que analizaremos, hemos decidido pensarlos a partir de la construcción de un campo católico en el que se establecen un conjunto de relaciones de fuerza entre sus miembros, pero donde se pueden generar alianzas a partir de un interés común que se vincula con la necesidad de imponer como legítimo aquello que les brinda cohesión como grupo. Este campo católico debe ser pensado a partir del campo religioso donde el funcionamiento de la Iglesia, la práctica sacerdotal y la forma y el contenido del mensaje que impone e inculca, son la resultante de la acción conjugada de coacciones internas inherentes a una burocracia que reivindica, el monopolio del ejercicio legítimo del poder religioso sobre los laicos, y de la gestión de los bienes de salvación (Bourdieu, 2016: 71).

Interpelando a la pluralidad de los miembros que constituyeron el campo católico que propició la creación de las universidades confesionales entre 1956 y 1962, nos proponemos indagar sobre los vínculos que existieron entre ellos buscando establecer relaciones entre los actores que participaron en el surgimiento de cada una, y las similitudes y diferencias que existieron entre ellas durante su proceso constitutivo. Debemos destacar que existen pocas investigaciones que toman a las universidades confesionales como objeto de estudio destacándose el libro Roberto Baruch Bertocchi (1987) sobre universidades católicas. Entre los estudios que abordan el surgimiento de las universidades privadas –confesionales y laicas-encontramos los trabajos de Juan Carlos Del Bello, Osvaldo Barsky y Graciela Giménez (2007) y la publicación del Consejo de Rectores de Universidades Privadas (2003) que realizan un exhaustivo recorrido por sus trayectorias. A la vez, también encontramos algunas “Historias” publicadas por las diferentes universidades al conmemorar sus aniversarios (Universidad del Salvador, 1964; Derisi, 1983; Universidad Católica de Córdoba, 2006; Folquer, Ábalo y Amenta, 2015 y 2020; y Hubeñak, 2016) y, en relación con la discusión sobre el establecimiento de las universidades privadas, la investigación de María Gabriela Micheletti (2013 y 2018) estudia el proceso enmarcándolo en el período comprendido entre 1955 y 1959 pero no considera a las universidades confesionales como objeto de estudio. Son relevantes también los análisis de Laura Graciela Rodríguez (2013 y 2015) donde desarrolla la participación de las elites católicas en las universidades, centrándose en el caso de la UCA; de Jorge Luis Fabian (2019) sobre las manifestaciones de la prensa católica durante el período 1955-1958 y de Víctor Hugo Algañaraz Soria (2016 y 2019) quien realiza su análisis desde la mirada de la sociología.

Para esta aproximación al estudio de las relaciones entre los actores que conformaron las primeras universidades confesionales y la función de la Iglesia como institución fueron relevadas las publicaciones católicas Criterio y Estudios; y contamos con una entrevista realizada a Mariano N. Castex, quien como partícipe del proceso nos brindó una mirada enriquecedora la cual debe ser matizada mediante las salvedades propuestas por la historia oral.


El surgimiento de las universidades confesionales


Durante la “Revolución del `43” y los posteriores gobiernos de Juan Domingo Perón, las universidades nacionales fueron un permanente foco de conflicto, al punto de producirse renuncias y cesantías docentes,1 pero también fueron un espacio donde los sectores nacionalistas católicos –tanto laicos como clérigos-, que comulgaban con la propuesta política establecida, lograron un fuerte protagonismo. A la vez, la reinterpretación de la función social y política de la universidad por parte del peronismo se plasmó en las leyes Nº 13.031/47 y Nº 14.297/54 las cuales procuraron darle un mayor control al Poder Ejecutivo –por ejemplo la elección directa de los rectores- pero, a la vez, se inició un proceso de democratización mediante la supresión de los aranceles en 1949 y el establecimiento del ingreso irrestricto en 1953.

El avance del peronismo sobre el funcionamiento de las universidades provocó fuertes enfrentamientos con los sectores reformistas los cuales buscaron conformar alianzas con otros sectores estudiantiles. Entre ellas, es oportuno mencionar la establecida con la Liga Humanista la cual era de orientación católica pero no dependía de la jerarquía eclesiástica como la Juventud Universitaria Católica (JUC).2 A la vez, algunos de los docentes expulsados decidieron fundar centros de investigación privados destacándose como antecedente de las universidades privadas confesionales el Instituto Católico de Ciencias (ICC) fundado en 1953 por Eduardo Braun Menéndez con el beneplácito del Episcopado.3

Al producirse el derrocamiento de Perón en septiembre de 1955, el gobierno de la autodenominada “Revolución Libertadora” comenzó una nueva etapa dentro de la historia de la universidad argentina firmando el 23 de diciembre de ese año el Decreto ley Nº 6403 que autorizó, en su artículo 28, a la iniciativa privada a crear universidades libres capacitadas para expedir diplomas y títulos habilitantes.4 La inclusión de esta posibilidad provocó discusiones entre distintos sectores de la sociedad argentina y, debido a que las primeras en surgir fueron de carácter confesional, se generó una tensión donde se comenzaron a entrecruzar construcciones simbólicas que dividieron a quienes estaban en contra y a favor de esta propuesta bajo la dicotomía “Laica o Libre”. Mientras que los primeros mantuvieron una postura crítica hacia la Iglesia católica y se manifestaron a favor de la tradición laicista de la universidad enarbolando la bandera de la Reforma Universitaria de 1918; los segundos decidieron sostener su propuesta a través del principio de libertad de enseñanza y omitir cualquier mención que vinculara al surgimiento de las universidades privadas con el catolicismo.

El argumento planteado por la Iglesia fue interpretado a partir del análisis de Ismael Quiles S.J. (1955) quien la definió como una libertad que gozan por derecho natural, los individuos, las familias y las asociaciones particulares que implica la facultad de enseñar a los demás hombres de ciencia todo aquello que puede ser objeto de estudio y una conquista de la inteligencia humana sin que puedan señalarse limitaciones en el tiempo y en el espacio; o de horario y de lugar (pp. 44-45).5 Como sostuvieron los sacerdotes jesuitas Joaquín Arduiz S.J. y Miguel A. Fiorito S.J. esta estrategia del Episcopado le permitió colocarse en un plano menos eclesiástico y más humano quitándole a la tendencia anticatólica el principal de sus argumentos -el clericalismo exagerado- utilizando el argumento más reformista: el de la libertad que la universidad necesita frente al Estado para poder progresar (Arduiz y Fiorito, 1960: 18-19). A la vez, Miranda Lida plantea que este argumento tuvo una función central en la discusión porque a partir de él, la Iglesia se encargó de remarcar que no pedía ningún privilegio sino el reconocimiento de sus legítimos derechos (2015: 226).

A pesar de que la ley de universidades privadas (Ley Nº 14.557) fue sancionada bajo la presidencia de Arturo Frondizi en septiembre de 1958; ya se habían establecido seis universidades de carácter confesional: la Universidad del Salvador (USAL) fundada por la Compañía de Jesús; la Universidad Católica de Córdoba (UCC) surgida a partir de la iniciativa de un grupo de laicos, auspiciada por el arzobispado de Córdoba y otorgada a la Compañía de Jesús para que llevase adelante el proyecto; la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino (UNSTA) establecida en Tucumán por la Orden de los dominicos; la Universidad Católica Argentina (UCA) propuesta por el Episcopado para que sea la universidad de la Iglesia Argentina; la Universidad Católica de Santa Fe (UCSF) patrocinada por un grupo de laicos y bajo el auspicio del arzobispado de la provincia y, el Instituto Universitario Libre (IUL) en la ciudad de Mar del Plata promovido por el obispo de la ciudad6. Es necesario mencionar que en 1956 también se fundó la primera universidad privada no confesional; la Universidad del Museo Social Argentino (UMSA).

Si bien resulta difícil pensar que las universidades confesionales a las que nos referimos surgieron de manera autónoma, también lo es colocarlas en el marco de un proyecto planificado por la Iglesia argentina la cual se encontraba en un proceso de reorganización luego del derrocamiento de Juan Domingo Perón. Recordemos que el conflicto entre la Iglesia y el gobierno depuesto trascendió la dimensión política para penetrar en un nivel mucho más profundo, el de la identidad y la cohesión del catolicismo argentino (Di Stéfano y Zanata, 2009: 471). Sin embargo, como plantea José Zanca, la discusión en torno a la autorización para el funcionamiento de las universidades privadas sirvió de cemento para unir los pedazos de un catolicismo que estaba bastante fragmentado (2006: 59). Por ejemplo, la revista Criterio publicó una carta del obispo de Rosario, Antonio Caggiano -sobre quien volveremos más adelante- en la cual afirmaba que comenzaba una nueva etapa en el catolicismo argentino y era necesario predisponer “en la unidad y hasta donde fuera posible, todas nuestras fuerzas, haciéndoles conocer bien sus propias responsabilidades, no solamente en el campo apostólico-social, sino también en las actividades autónomas de la cultura en general, de la universidad y de la política” (Caggiano, 1955: 943).

Durante el gobierno constitucional de Frondizi se fundaron cuatro nuevas universidades confesionales7: la Universidad Católica de Cuyo (UCCuyo) en San Juan, promovida por el obispado local; la Universidad Católica de Santiago del Estero (UCSE) surgida por iniciativa de la Congregación de los Hermanos de la Misericordia y formalizada por el obispado santiagueño; la Universidad de la Patagonia San Juan Bosco (UPSJB) fundada por la Orden Salesiana; y la Universidad Católica de Salta (UCASAL) que surgió por iniciativa del arzobispado local y convocó a la Compañía de Jesús para su proceso de organización.8

Estas nuevas universidades se crearon en un contexto diferente a las establecidas durante 1956 y 1958 ya que contaban con un marco normativo que legaliza su establecimiento y funcionamiento -en febrero de 1959 fue firmado el Decreto N° 1.404 que reglamenta la ley de universidades privadas-,9 se establecieron en provincias donde no existían universidades nacionales -Santiago del Estero, San Juan,10 Chubut y Salta- y lo hicieron en un marco donde el mundo católico se encontraba en un momento de fuerte tensión debido a la convocatoria del papa Juan XXIII en 1959 a un Concilio Ecuménico –Concilio Vaticano II- para 1962 en el que se vislumbra el comienzo de un proceso de aggiornamiento de la Iglesia. A la vez, en el ámbito local, el Episcopado decidió celebrar en octubre de 1959 el “VI Congreso Eucarístico Nacional” y al año siguiente se produjo el traspaso de la dirección del Seminario Metropolitano de Buenos Aires -que estaba a cargo de la Compañía de Jesús desde 1874- al clero regular.

En cuanto a la participación del Episcopado durante el surgimiento de las universidades confesionales entre 1956 y 1962, podemos ver que más allá del establecimiento de su propia universidad –la UCA-, este fue partícipe de otras fundaciones. Si tomamos como referencia la UCC, la UCSF, la UNSTA, la UCCuyo, la UCSE, la UCASAL y el IUL, podemos apreciar el rol activo de algunos de los miembros de la jerarquía eclesiástica como Fermín Lafitte, arzobispo de Córdoba; Nicolás Fasolino, arzobispo de Santa Fe; Juan Carlos Aramburu, arzobispo de Tucumán; Enrique Rau, obispo de Mar del Plata; Arduino Rodriguez y Olmos, arzobispo de Cuyo; 11 Francisco Dubrovich, obispo de Santiago del Estero; y Roberto Tavella, arzobispo de Salta.



La jerarquía eclesiástica


A partir del derrocamiento de Perón se manifestaron abiertamente distintas problemáticas dentro de la jerarquía eclesiástica a partir de un abanico de problemas que estaban atravesados por el dilema de cómo dar respuesta a la cuestión del peronismo tras su derrocamiento. Una de las situaciones más complejas era la del entonces cardenal primado de la Argentina, Santiago Luis Copello, vinculado estrechamente al gobierno depuesto. Los inconvenientes que su posición dentro de la Iglesia ocasionó se solucionaron rápidamente con su renuncia a la Conferencia Episcopal a fines de 1955 y su partida a Roma a principios del año siguiente.12 Aunque su alejamiento fue importante para apaciguar las tensiones dentro de la jerarquía eclesiástica entre peronistas y antiperonistas, estas no desaparecieron. En este sentido, podemos pensar la compleja relación entre Lafitte, Fasolino, Rau, Aramburu y Caggiano debido, entre otras cosas, a su postura frente al peronismo. Por un lado, se encontraban los dos primeros que habían sido señalados directamente por Perón como responsables de su enfrentamiento con la Iglesia y por el otro Caggiano, Rau y Aramburu. A pesar de esto, los cinco entendieron la importancia de adoptar una postura homogénea para aprovechar el contexto favorable tras la sanción del decreto ley y establecer universidades católicas.

Luego de la renuncia de Copello, Lafitte, uno de los primeros obispos en tomar distancia del peronismo y con buenas relaciones con las fuerzas armadas, fue designado administrador apostólico ante la Santa Sede. A pesar de su nuevo rol dentro de la Iglesia, la fundación de la UCC estuvo marcada por su figura ya que no solo respaldó el proyecto fomentado por el laicado profesional católico cordobés, sino que promovió la participación de la Compañía de Jesús como su organizador y administrador. La intención fue conformar un núcleo “jesuítico-civil” donde la cabeza fue el P. Jorge Camargo S.J. designado por el provincial de la Orden, el P. Francisco Zaragozi S.J., para que organice la futura universidad (Universidad Católica de…, 2006: 24).

En 1958 Lafitte, fue nombrado arzobispo coadjuntor de Buenos Aires con derecho a sucesión, lo cual no le impidió seguir colaborando en la organización de la UCC e intentando que esta fuera la universidad de la Iglesia en la Argentina. Si bien la UCA ocupó ese lugar, el Episcopado designó a la UCC como la segunda universidad de la Iglesia. En un artículo publicado en el mes de junio de 1958 en la revista católica Estudios13 dando cuenta de la actualidad de UCC; este afirmaba que había sido incluida en el catálogo de “Universidades de la Iglesia” y que en el país existían únicamente dos: “la de Buenos Aires, fundada el 7 de marzo de 1958, como Universidad Católica Argentina “Nuestra Señora de Santa María de los Buenos Aires”, como obra de todo el Episcopado de la República y la Universidad Católica de Córdoba como obra del Arzobispado de Córdoba” (UCC, 1958: 331). Curiosamente, no menciona ni al laicado cordobés ni a la Compañía de Jesús.

A partir de ese momento, surgió la diferenciación entre universidades de la Iglesia y universidades confesionales; subdividiéndose las primeras a partir de su “categorización” por parte del Vaticano. Cuando en junio de 1960 la Congregación de Seminarios e Institutos de Estudios de la Santa Sede le otorgó a perpetuidad a la UCA el título honorífico de Pontificia,14 esta se posicionó frente al resto de las universidades católicas, y al gobierno, de manera diferente. Recordemos, que la UCA tiene dentro de su consejo de administración a la figura del “Gran canciller”, máxima autoridad de la universidad, que si bien no ejerce funciones académicas –estas son realizadas por el rector- es el representante de la Santa Sede. En este caso, el cargo es ocupado por el arzobispo de Buenos Aires quien a la vez es el cardenal primado de la Argentina.

Tras el inesperado fallecimiento de Lafitte en 1959 Caggiano, quien además de ser obispo de Rosario presidía la Conferencia Episcopal Argentina, fue elegido como su sucesor. A diferencia de su antecesor, no sólo mantuvo una estrecha relación con Perón sino que siempre se mostró partidario del diálogo y la negociación con el gobierno. Sin embargo, luego del “Bombardeo a Plaza de Mayo” ya superado por la situación y presionado por los sectores antiperonistas de la Iglesia, Caggiano cambió su posición y optó por romper la alianza con Perón. Según Mariano Fabris y Diego Mauro, el liderazgo que asumió durante el enfrentamiento abierto con el gobierno en los meses previos a su derrocamiento fue clave para que a pesar de los estrechos vínculos que tuvo con Perón, pudiera mantenerse al frente de la Conferencia Episcopal en la Argentina posperonista (2019: 47). Puede pensarse que su ascenso dentro de la jerarquía se vinculó a un intento de apaciguar el conflicto con el peronismo por parte de las Fuerzas Armadas.

Desde su lugar en la Conferencia Episcopal, Caggiano, fue el principal impulsor de la creación de la UCA y también el promotor de la designación de Octavio N. Derisi15 como su rector. Este último recuerda en el libro conmemorativo por los veinticinco años de la fundación de la UCA que después de una reunión de la Comisión Permanente del Episcopado, Caggiano lo llamó y le dijo que había pensado en proponerlo como obispo auxiliar de Rosario pero que luego se dio cuenta que era mejor dejarlo donde estaba, en su labor universitaria, porque era difícil formar un universitario, y que además era la persona que Dios, a través del Episcopado, quería que se ocupe de organizar la universidad. Por otra parte, también afirma que Lafitte fue uno de los grandes artífices del surgimiento de la UCA y uno de los que más se esforzaron para que él condujera la universidad (Derisi, 1983: 85-88).

A nuestro entender, esta descripción destaca la importancia de designar como rector a una figura con una larga trayectoria dentro del ámbito universitario para mostrar un perfil academicista y no “clerical”. Esto podría contribuir a explicar la no designación del canónigo Luis María Etcheverry Boneo quien parecía ser el candidato natural al cargo ya que era el director del Instituto Católico de Cultura de Buenos Aires, antecesor inmediato de la UCA, y que había desarrollado una larga labor orientada a la formación de núcleos universitarios desde la década de 1940.16 Por otra parte, la anuencia de Lafitte para con la designación de Derisi muestra un acercamiento entre dos figuras políticamente distantes en busca de un objetivo común.

Profundizando en las relaciones que existieron entre los miembros del clero vinculados a las nuevas universidades, observamos por ejemplo que Derisi dictó clases en el Seminario San José de La Plata, en el cual Rau dirigió la Revista de Teología. En 1951, este último fue nombrado obispo auxiliar de dicha ciudad y en 1957 se lo designó obispo de la recientemente fundada diócesis de Mar del Plata desde donde impulsó la creación del IUL.17 Cabe destacar que el obispo de la diócesis de La Plata durante la estancia de Rau era Antonio Plaza, quien con el objetivo de lograr el establecimiento de las universidades privadas, fue designado por el Episcopado para presidir la Comisión Episcopal de Educación.

Posteriormente, la figura de Plaza fue destacada por Derisi quien creyó necesario recordarlo porque colaboró para lograr y dar forma efectiva a la ley de universidades privadas; y consideraba que la Iglesia y la patria le eran deudoras de una de las más importantes conquistas para la libertad de enseñanza y la enseñanza en general (Derisi, 1983: 43). Las buenas relaciones entre Caggiano, Derisi y Plaza; y el desarrollo académico que existía en La Plata hicieron que surgiera la posibilidad de establecer una universidad católica bajo la figura de “Institución Anexada”18 -prevista en el reglamento de la UCA-; o una sede como las establecidas en las ciudades de Rosario (1959) y Mendoza (1961).19 Sin embargo, Plaza decidió proyectar una universidad independiente desde el arzobispado la cual se fundó en 1964.20

En términos políticos Caggiano, Derisi, Rau y Plaza compartían ideas similares en relación al peronismo. En el caso puntual del arzobispo de La Plata y en relación con la necesidad de promulgar una ley de universidades privadas, José María Ghio sostiene que durante las negociaciones entre Perón y Frondizi para conseguir los votos necesarios para que el último llegara a la presidencia, Plaza actuó como intermediario con la intención de obtener como retribución el apoyo de Frondizi con relación al establecimiento de las nuevas instituciones (2007: 166). Con una postura más mesurada, Miranda Lida comenta que en el marco del “VI Congreso Eucarístico Nacional” realizado en Córdoba en 1959, circulaban los rumores de las posibles entrevistas de Plaza con Perón en el exilio (2010: 181).

Dos claros ejemplos de los nexos que hubo entre las instituciones los podemos apreciar en la colaboración de la UCA para el desarrollo del IUL21 expidiendo los títulos de sus graduados hasta que esta fuera reconocida como universidad por el Estado (Ladieux y Reclusa, 2019: 62), y la anexión por parte de la UCC, en octubre de 1959, de la UNSTA para brindarle herramientas para su consolidación (Folquer, Ábalo y Amenta, 2015: 150-151).22 Mientras que en el primer caso la relación existente entre Derisi y Rau fue la que posibilitó el acuerdo, en el segundo es probable que lo fueran las gestiones entre Aramburu y Lafitte.23 Sin embargo, llama la atención que la UNSTA no se vinculó directamente a la UCA porque para la apertura de sus primeros cursos en 1957 los nombres de los conferencistas propuestos eran profesores de los Cursos de Cultura Católica de Buenos Aires y miembros del grupo fundador de la UCA, lo cual mostraba una clara decisión de los intelectuales católicos tucumanos de establecer alianzas estratégicas con sus pares de Buenos Aires (Folquer y Ábalo, 2020: 247). La UCCuyo también fue incorporada a la UCC en 1959, mientras que la UCSE lo fue a la UCSF entre 1961 y 1969. Más allá de las causas de la elección de cada institución, en 1961 sólo existían cinco universidades privadas reconocidas por el gobierno nacional de las cuales cuatro eran confesionales -la UCC, la UCA, la USAL y la UCSF- y una laica -el Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA)-24 que explicaría la necesidad de las adhesiones. El Poder Ejecutivo Nacional recién reconoció a la UPSJB25 y a la UCCuyo en 1963, al UNSTA en 1965, la UCASAL en 1968 y a la UCSE en 1969.


El laicado y las Órdenes religiosas


Si pensamos el rol que cumplió el laicado en el proceso de conformación de las primeras universidades, su función fue la generar una conciencia dentro de la jerarquía eclesiástica de la necesidad de participar en la educación superior tras el fracaso de la Universidad Católica de Buenos Aires (1910-1920) que ante la imposibilidad de lograr la autorización para que sus títulos fueran habilitantes para el ejercicio profesional debió cerrar sus puertas.26 A la vez, le brindó el sostén académico necesario y, en algunos casos, también un importante apoyo financiero el cual se observa principalmente en el caso de la UCA donde el Episcopado se encargó de incentivar a los católicos para que colaboren económicamente instaurando la “Jornada Nacional a favor de la Universidad Católica Argentina de Santa María de los Buenos Aires”. Esta se realizaría todos los segundos domingos de agosto siendo un día de oración y de percepción de donativos. El Episcopado afirmaba que los católicos tenían que comprender y mirar como propia a la universidad, favoreciéndola con todos los medios que estén a su alcance, debiendo concientizarse de su obligación y responsabilidad de sostenerla y vigorizarla. (Episcopado Argentino, 1959).27 Esta actitud adoptada por el Episcopado no se replicó para el resto de las universidades confesionales establecidas durante el período.

El laicado supo interpretar el contexto e impulsar, a partir de asociaciones profesionales católicas, las nuevas universidades. Un ejemplo de esto fueron las “Primeras Jornadas de Profesionales de la Acción Católica Argentina” que se realizaron en octubre de 1956 en la ciudad de Santa Fe. En ellas expusieron trece profesionales y cinco miembros del clero sobre distintas problemáticas educativas haciendo hincapié en la importancia de la libertad de enseñanza y la necesidad del establecimiento de universidades privadas.

Sin embargo, a pesar de la necesidad de alejarse de la visión de la Iglesia como el eje de la identidad nacional y promotora de universidades confesionales, la interpretación de la Argentina como nación católica fue utilizada como argumento por el arzobispo de Santa Fe Nicolás Fasolino -promotor de la UCSF- en el discurso de clausura de las jornadas.


No se debe traicionar la sangre; nadie ha de avergonzarse de la Cruz divina, que ha hecho independiente a la Nación Argentina y la hará grande fiel a su destino; y tengamos bien presente en la paz y en las luchas, en la juventud y en las sendas de la edad mayor, que el argentino no cristiano no está en la verdadera línea de la Patria y de sus próceres. (APACC, 1957: 389)


El laicado integró desde un principio los espacios académicos y de conducción, sirviendo su participación, en el caso de la UCA, para mostrarse como la universidad de la Iglesia Argentina y no “del clero argentino”. La intención fue establecerse como una institución donde existía pluralidad de opiniones y que contaba con un fuerte respaldo científico representado por un laicado con una importante trayectoria universitaria. Únicamente los espacios de filosofía y teología fueron reservados para los clérigos como se aprecia en la conformación del primer consejo superior con la presencia del Pbro. Guillermo Blanco, como decano de Filosofía. En este proceso un caso paradigmático fue el de Eduardo Braun Menéndez quien a pesar de haber aceptado participar del proyecto de la UCA “no llegó a asumir por diferencias de enfoque sobre la Universidad y los otorgamientos de los diplomas académicos” (Hubeñák, 2016: 34). Como recuerda el entonces sacerdote jesuita Mariano R. Castex -cuyo padre, Mariano N. Castex, integró el primer Consejo Superior-,


Braun Menéndez jugó políticamente en contra de las universidades privadas debido a que era de los perfeccionistas y se oponía a estas porque decía que había que tener capital y excelencia, había que partir del núcleo de la plata para bajar como era el modelo de las universidades norteamericanas.28


En el caso de la USAL, la UCC y la UCASAL los sacerdotes jesuitas ocuparon una mayor cantidad de puestos directivos y docentes que en las otras universidades confesionales debido a su formación y trayectoria académica, pero también a las características propias de la Orden y su modelo de jerarquización. Debemos destacar que la USAL fue quien contó con mayor número de miembros de la orden como decanos y directores mientras el resto promovía la participación de laicos para que ocuparan esos puestos. Esto se debió a que el laicado profesional tuvo un rol secundario en su fundación ya que la USAL era una universidad de la Compañía de Jesús mientras que la UCC y la UCASAL eran universidades fundadas por sus respectivas diócesis y otorgadas a la Orden para su administración.

Una característica para destacar del proceso fundacional de la USAL, la UCC y la UCSF fue que su establecimiento estuvo vinculado a los colegios que la Compañía de Jesús poseía en las respectivas ciudades -el “Colegio del Salvador” en Buenos Aires, el “Colegio de la Inmaculada Concepción” en Santa Fe y el “Colegio San José” en Córdoba- tanto e n su función institucional como también a rol de sus exalumnos miembros del laicado profesional. Cabe destacar que esto no implicó una “filiación obligatoria” ya que por ejemplo Faustino J. Legón y Atilio Dell´Oro Maini, ex alumnos del Colegio del Salvador, formaron parte del primer Consejo Superior de la UCA y no participaron en la fundación de la USAL y ni tampoco fueron docentes. Otra universidad que tuvo como punto de partida una institución educativa de nivel medio fue la UCSE vinculada al Colegio San José de Santiago del Estero establecido en la provincia por los Hermanos Mercedarios en 1933.

Esto no ocurrió en torno a la fundación de la UCASAL ya que no existía ningún colegio jesuita en la provincia. Recuerda Mariano N. Castex, que la falta de recursos económicos y académicos determinó que el provincial de la Orden en la Argentina, P. Cándido Gaviña S.J., no aceptara organizar y dirigir la universidad y por este motivo el obispo Tavella -“que se cortaba solo”- acudió al general de la Compañía en Roma, P. Juan Bautista Janssens S.J., quien convocó a profesores jesuitas de la Universidad Marquette de Wisconsin, Estados Unidos.29 La condición que se estableció fue la existencia de una biblioteca de quince mil volúmenes y un campus de cincuenta hectáreas.30

La relación de la UCC, la UCSF y la UCASAL con las autoridades eclesiásticas locales -Lafitte, Fasolino y Tavella respectivamente- hizo que se produjera un vínculo con la jerarquía que le brindó la posibilidad de utilizar la denominación de “Universidad Católica”, lo cual no ocurrió con la USAL, con la UNSTA, ni tampoco con la UPSJB. Estás, fueron fundadas directamente por Órdenes religiosas sin intervención de las autoridades eclesiásticas lo cual les marcó un camino diferente.31 En el caso de la USAL esta separación se profundizó debido a que era la competencia de la UCA como universidad confesional en la ciudad de Buenos Aires. De hecho, en 15 de marzo de 1958 la USAL, a pedido de la jerarquía eclesiástica modificó su nombre -Facultades Universitarias del Salvador- por el de Institutos Universitarios del Salvador para favorecer la consolidación de la UCA (Universidad del Salvador, 1964: 20).

Esta subordinación de la universidad fundada por la Compañía de Jesús puede observarse en un editorial de Estudios donde plantea que los católicos no deben olvidar el orden jerárquico de las instituciones, dentro del cual la primera es indiscutiblemente la UCA y por ello la necesidad de que todos colaboren con ella debiendo las instituciones universitarias privadas dar el ejemplo de su simpatía y espíritu jerárquico (La Universidad Católica…, 3/1958: 131). Sin embargo, como hemos planteado, el objetivo común estuvo por encima de las diferencias como se puede apreciar en la inspección de las instalaciones de la USAL para su reconocimiento oficial el 3 de diciembre de 1959 donde el ministro de Educación y Justicia, Luis Rafael Mac Kay, fue recibido por el rector de la universidad, P. Ernesto Dann Obregón S.J. junto con el obispo de La Plata, Antonio Plaza; el rector de la UCA Octavio Derisi; el rector del colegio Pio IX, R.P. Silva; junto a otros miembros del clero (Universidad del Salvador, 1964: 25).32


Consideraciones finales


Durante este breve recorrido por el proceso fundacional de las universidades confesionales establecidas entre 1956 y 1962, esbozamos algunas de las relaciones que se establecieron dentro del campo católico para lograr un objetivo común. Apreciamos, por ejemplo, una fuerte diferencia en los procesos constitutivos y en la participación de la jerarquía eclesiástica como promotora del establecimiento de las universidades durante el período 1956-1958 y 1959-1962.

Si bien es cierto que la injerencia de la Iglesia argentina como elemento de cohesión fue central, los vínculos existentes entre sus miembros -laicos, Órdenes religiosas, clero y la jerarquía eclesiástica- fueron los que permitieron el surgimiento de cada universidad. A la vez, hemos observado que las relaciones entre las nuevas instituciones y el Episcopado definieron su lugar dentro del campo católico lo cual nos permite aventurarnos a realizar una primera categorización a las universidades confesionales surgidas en el período. En primer lugar, se encontraría la UCA como la universidad de la Iglesia argentina -además reconocida como pontificia-; en un segundo término aquellas que por la participación de las jerarquías locales en su fundación fueron denominadas “Universidades Católicas” -UCC, UCSF, UCCuyo, UCSE y UCASAL-; y finalmente las pertenecientes a Órdenes religiosas -USAL y UPSJB- donde no hubo intervención de ninguna autoridad eclesiástica.

Esto abre la discusión sobre la necesidad de redefinir la denominación de las instituciones establecidas durante el período comprendido entre 1956-1962, considerando que, si bien estas fueron de carácter confesional, no fueron “Católicas” -salvo que la utilización de esa denominación sea porque todas adhirieron al catolicismo- ni tampoco universidades de la Iglesia ya que ella sólo fundó una. Es por este motivo que consideramos necesario continuar profundizando sobre el estudio de los procesos constitutivos de las universidades confesionales reseñadas para poner en tensión el rol de la Iglesia como institución y el de los actores que integran el campo católico, lo cual permitirá interpelar la mirada homogeineizadora que ha primado en el análisis del proceso.

A la vez, se puede pensar que desde 1956 las universidades privadas de orientación católica conformaron un propio campo donde las relaciones de poder entre sus actores y el rol de privilegio que se disputaran estará vinculado a su relación con la jerarquía eclesiástica y al posicionamiento del laicado vinculado a esas instituciones, lo cual no excluye la participación de otras agentes.



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1 Como referencia de proceso se puede observar que al finalizar 1946 habían abandonado sus cátedras en las universidades nacionales 1250 docentes, que representaban casi un tercio del total del cuerpo de profesores: 423 fueron directamente separados de sus cargos y alrededor de 800 renunciaron (Buchbinder, 2010: 149).

2 Para más detalle véase, Zanca, J. (2018). Los humanistas universitarios. Historia y memoria (1950-1956). Buenos Aires: EUDEBA.

3 Para más detalle véase Busala, A. y de Asúa, M. (2011). “Instituto Católico de Ciencias (1953-1954). Más en la leyenda que en la historia”. Criterio, (2368) disponible en https://www.revistacriterio.com.ar/bloginst_new/2011/03/01/instituto-catolico-de-ciencias-1953-1954-mas-en-la-leyenda-que-en-la-historia/

4 Decreto ley N° 6403, “Organización de las Universidades Nacionales”, (03/01/1956). Boletín Oficial de la República Argentina, (18.059).

5 Un primer análisis sobre la libertad de enseñanza fue planteado por Ismael Quiles en un artículo publicado por la revista del Colegio Máximo San José perteneciente a la Compañía de Jesús. Véase, Quiles, I. (07-09/1945) Libertad de enseñanza y enseñanza religiosa según el derecho natural. Ciencia y Fe, 2, (7), pp-5-13.

6 Hemos decidido utilizar a lo largo de nuestro trabajo los nombres actuales de las universidades para favorecer la lectura. Las denominaciones originales de las universidades mencionadas eran: Facultades Universitarias del Salvador, Instituto Pro Universidad Católica de Córdoba, Instituto Universitario Santo Tomás de Aquino, Instituto Pro Universidad Católica de Santa Fe.

7 Durante el período comprendido entre 1958 y 1962 también se fundaron cuatro universidades no confesionales: el Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA), la Universidad de Mendoza (UM), la Universidad Juan Agustín Maza (UMAZA), la Universidad de Morón (UM) y la Universidad Argentina de la Empresa (UADE).

8 Ante la decisión de la Iglesia de limitar la fundación de universidades, el arzobispado de Salta solicitó autorización a la Santa Sede a principios de 1962 consiguiendo el permiso a fines de ese año. La UCASAL fue fundada formalmente mediante un decreto arzobispal el 19 de marzo de 1963.

9 Para más detalle sobre la reglamentación del funcionamiento de las universidades privadas véase, Decreto N° 1.404 (14/02/1959). Boletín Oficial de la República Argentina, 18.863, p.1.

10 En la provincia existía una sede de la Universidad Nacional de Cuyo fundada en Mendoza en 1939.

11 Previamente, había sido obispo de Santiago del Estero donde participó en 1939 como convencional para la reforma de la constitución provincial con el objetivo de establecer la obligatoriedad de la enseñanza religiosa.

12 Para más detalle véase Bianchi, S. (2011). Su eminencia reverendísima Santiago Luis Copello, arzobispo de Buenos Aires. Reconstrucción y crisis de la Iglesia Católica Argentina. Programa Interuniversitario de Historia Política. Disponible en https://historiapolitica.com/datos/biblioteca/120_bianchi.pdf

13 Estudios era una revista de periodicidad mensual publicada por la Compañía de Jesús desde 1911. Trataba distintos temas de cultura y actualidad, y en 1958 su director era Ismael Quiles S.J., quien además era el vicedirector de los Institutos Universitarios del Salvador.

14 El carácter de “Pontificia” hace referencia al fortalecimiento del vínculo entre una universidad católica y la Iglesia Católica Romana. La UCA es la única universidad en la Argentina que tiene este título.

15 Para profundizar sobre Octavio N. Derisi y la fundación de la UCA véase, Rodríguez, L. (2013). “Los católicos en la universidad: Monseñor Derisi y la UCA”. Revista Estudios del ISHiR, 3, (7), pp. 79-93.

16 A pesar de que su relegamiento provocó un fuerte malestar en él y sus seguidores, Etcheverry Boneo participó del nuevo proyecto. Fue el primer secretario de la UCA, dirigió el Instituto de Cultura e integró el Consejo Superior de la universidad hasta 1961 cuando se alejó de la institución por discrepancias con la conducción (Zanca, 2006: 122).

17 Enrique Rau ejerció el cargo de obispo auxiliar de La Plata entre 1951 y 1954 cuando fue trasladado a la arquidiócesis de Resistencia, Chaco. En marzo de 1957, mediante la intervención de Antonio Plaza fue designado obispo de Mar del Plata.

18 Existen dos instituciones anexadas a la UCA: La actual Facultad de Ciencias Económicas “San Francisco” en Mendoza –fundada por los franciscanos en 1964 y anexada en 1967- y el Centro Regional de Perfeccionamiento Docente “Teresa Ávila” en Paraná –fundado en 1966 por el obispo Adolfo Tórtolo y anexado a la Facultad de Filosofía y Letras en 1969-.

19 Ambas sedes fueron promovidas por el laicado profesional local y contaron con el apoyo de la jerarquía: Antonio Caggiano, obispo de Rosario y Alfonso Buteler, arzobispo de Mendoza. Las dos funcionan actualmente bajo el mismo marco reglamentario denominándose Facultad de Derecho y Ciencias Sociales del Rosario (UCA-Sede Rosario) y Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (UCA-Sede Mendoza). Para más detalle véase Hubeñak, F. (2016). Historia de la Universidad Católica Argentina. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Universidad Católica Argentina, pp. 350-361.

20 En abril de 1964 Antonio Plaza fundó la Universidad Comunitaria y Católica (UCOYCA) que en 1966 cambió su nombre por el de Universidad Católica de La Plata (UCALAP). Para más detalle véase, Rodríguez, L. (2014). La Universidad Católica de La Plata: iglesia, peronismo y sectas. Páginas, 6 (10), pp. 107-127.

21 El IUL formalizó su fundación en mayo de 1958 y luego se modificó su nombre por el de Universidad Católica "Stella Maris". En ella funcionaron las Facultades de Agronomía, Derecho, la Escuela de Enfermeras Universitarias y Facultad Central de Filosofía con las carreras de Historia, Letras y Filosofía. En 1975 esta se fusionó con la Universidad de la Provincia de Buenos Aires -creada en 1961- para conformar la actual Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMDP). Para más detalle véase Ladeuix, J. y Reclusa, A. (2019). La educación universitaria en Mar del Plata 1958-1976. Bartolucci, M. (Coord). Universidad Nacional de Mar del Plata. Antecedentes, proyectos y trayectorias. Mar del Plata: Eudem, pp. 59-64.

22 Sobre la creación de la UNSTA véase Folquer, C. (2015). Una universidad tomista para el Noreste Argentino: los tiempos fundacionales de la UNSTA, 1948-1970. Tucumán: UNSTA.

23 Juan Carlos Aramburu fue consagrado obispo por Lafitte en 1946, en 1953 fue proclamado obispo de Tucumán y cuatro años más tarde como arzobispo. En 1975 sucedió a Caggiano como cardenal primado de la Argentina.

24 Para más detalle sobre la situación de las universidades privadas en 1961 véase, Ministerio de Educación y Justicia (1961). Las universidades privadas en la República Argentina. Buenos Aires: Departamento de información e información educativa, Ministerio de Educación y Justicia.

25 La UPSJB existió hasta febrero de 1980 cuando mediante la Ley N° 22.173 se fusionó con la Universidad Nacional de la Patagonia -establecida en 1974- conformando la actual Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (UNPSJB) la cual es de carácter laico.

26 La Universidad Católica de Buenos Aires fue establecida por el Episcopado en 1909 y comenzó a funcionar al año siguiente dictando la carrera de abogacía. Para más detalle véase Episcopado Argentino (12/05/1909). Tercera reunión trienal del Episcopado Argentino: Pastoral colectiva acerca de la fundación de la Universidad Católica https://episcopado.org/assetsweb/documentos/8/1909-tercera_reunion_trienal_del_epis_44.doc. De esta fallida iniciativa surgieron, en 1922, los Cursos de Cultura Católica (CCC) con la finalidad de continuar con la formación católica de los jóvenes profesionales.

27 Sobre el rol del laicado en el financiamiento de la UCA véase Rodríguez, L. (2015).Las elites católicas y la fundación de universidades (1958-1983)”. En Ziegler, S. [et.al] 2da Reunión Internacional sobre Formación de las Elites: enfoques y avances de investigación en el estudio relacional de las desigualdades. CABA: Flacso Argentina, pp. 11-14.

28 Mariano R. Castex, comunicación personal, 10/03/2015

29 Mariano R. Castex, comunicación personal, 10/03/2015

30 Según la reseña histórica de la UCASAL Robustiano Patrón Costas aportó el capital necesario para el establecimiento de la universidad, los libros fueron donados por Juan Carlos García Santillán y la tierra por Jaime Durán. Héctor Ezcurra diseñó los planos de los edificios, donando sus honorarios a manera de contribución. A la vez, Carmen Patrón Costas donó una casa solariega, cuyo importe de venta fue destinado a la construcción. Véase https://www.ucasal.edu.ar/institucional-universidad

31 En el caso de la UNSTA, a pesar de contar con el beneplácito del arzobispo de Tucumán Juan Carlos Aramburu para su fundación este no promovió su creación y recién reconoció sus estatutos el 16 de mayo de 1959.

32 El 9 de marzo de 1959 la universidad solicitó su reconocimiento y por decreto del 24 de septiembre de 1959 la personería a la Asociación Institutos Universitarios del Salvador. El reconocimiento definitivo fue otorgado por el Poder Ejecutivo Nacional mediante el Decreto N° 16.365 del 8 de diciembre de ese año.