Itinerantes. Revista de Historia y Religión 15 (jul-dic 2021) 225-248

On line ISSN 2525-2178


Las Franciscanas Misioneras de la Madre del Divino Pastor en Argentina. Su experiencia en la inserción: tejiendo redes y construyendo espacios de compromiso


The Franciscan Missionaries of the Mother of the Divine Shepherd in Argentina. Their experience among the poor: building spaces of commitment



Ana Lourdes Suárez

Universidad Católica Argentina

CONICET

analourdessuarez@gmail.com



Resumen

Este escrito describe y analiza la experiencia de inserción de las Franciscanas Misioneras de la Madre del Divino Pastor. Estas religiosas hacen parte del grupo de las que se lanzaron a esta experiencia a principios de los 80s capitalizando la de aquellas pioneras que lo hicieron en los 60s-70s. El escrito analiza la presencia de esta congregación en el país desde su arribo, el camino que las llevó a asumir la inserción, el tipo de presencia entre los pobres, los desafíos que enfrentaron y el balance de la experiencia. Se argumenta que la continuidad en el presente de comunidades de inserción obedece al modelo que lograron instrumentar que les permitió seguir articulando con sus colegios, con una variedad de redes públicas y privadas, y mantener un espacio propio, interrelacionado con la iglesia local, pero con suficiente autonomía de acción. Las fuentes de datos son archivos de la congregación, entrevistas efectuadas en 2017-2018 a 19 religiosas de la institución, a laicos vinculados con sus obras, y al trabajo de campo etnográfico en seis de sus comunidades.


Palabras clave: congregaciones religiosas femeninas, inserción, Argentina, pobreza, religiosas


Abstract


This writing describes and analyzes the experience of living and working among the poor of the Franciscan Missionaries of the Mother of the Divine Shepherd. The FMMDS originated in Spain and are living in Argentina since 1931. They are part of the group of religious orders that decided to have “inserted” communities in the early 80s, capitalizing the experience of those pioneers who did it in the 60s-70s. The writing analyzes the trajectory of this order in Argentina since their arrival, the path that led them to assume the insertion, their presence among the poor, the challenges they faced, and the balance of the experience. The main argument is that they succeeded because while living among the poor they continued articulating with their schools, with a variety of public and private networks, and because they managed to have autonomy from the local church. The data used are order´s archives, interviews carried out in 2017-2018 with 19 women religious, and ethnographic fieldwork in six of their communities.


Key words: Female religious orders, poverty, women religious, Argentina



Fecha de envío: 8 de febrero de 2021

Fecha de aceptación: 28 abril de 2021



Introducción


La vida religiosa femenina (VRF) activa cobró impulso en Argentina desde mediados del siglo XIX. Desde entonces fueron arribando al país congregaciones fundadas en su mayoría pocas décadas atrás en Europa, principalmente en Francia, Italia y España. Se instaura en el país una nueva forma de vida religiosa femenina, ya no con el formato contemplativo dentro de los claustros de los conventos, sino abocadas a servicios, especialmente de educación y salud, brindados en los colegios que muchas fueron fundando y en hospitales o asilos. El típico patrón dentro de este formato es el de religiosas viviendo en comunidades dentro de sus obras, dando un servicio para el cual se iban capacitando y profesionalizando. La gestión de sus obras (colegios, asilos, unidades hospitalarias) insumía gran parte de su tiempo.

La opción por la inserción se perfila como un intento de quiebre dentro del patrón descripto. Las congregaciones religiosas (CRs) que asumen esta alternativa, crean comunidades fuera de las paredes de sus obras, en territorios periféricos con alta concentración de pobreza. Se trata de un nuevo acento dentro de la vida religiosa (VR) que se va perfilando y legitimando en torno a la movilización que generó el Concilio Vaticano II (1965) con planteos sobre nuevas modalidades de diálogo con el mundo, la reformulación de las concepciones eclesiológicas y el replanteo de la VR, a partir del decreto Perfectae Caritatis.1 Se nutrió asimismo, de los primeros documentos de los obispos latinoamericanos, especialmente el de Medellín (1968) donde se lanza la “opción preferencial por los pobres” como propuesta de compromiso y práctica de la Iglesia Latinoamericana.

Otro impulso a la opción por la inserción es el dado por la formulación y afianzamiento de abordajes teológicos liberacionistas. Entre 1968 y 1976 Gustavo Gutierrez, J. L. Segundo, J. Comblin, J. C. Scannone, L. Gera, L. Boff, J. Sobrino, I. Ellacuria, Santa Ana, entre otros, desarrollan estos abordajes desde la perspectiva latinoamericana (Castro-Gómez, 2008). Estas formulaciones ubican a la pobreza en un espacio semántico -y no sólo político- de confrontación de sentidos que, aunque con ciertas divergencias (Ludueña, 2012), tienen el común denominador de impulsar nuevos compromisos sociopolíticos alimentados en la fe.

La inserción tal como las congregaciones religiosas femeninas (CRFs) la transitaron en Argentina, pasó por diversas etapas, adquirió diversas modalidades, fue asumida y entendida de distintas formas. Se observan divergencias entre congregaciones que abrazaron esta opción, y al interior de las propias congregaciones, que las llevó a ir probando diversos formatos. Algunas CRFs tomaron decisiones de alto impacto interno y social, como el de cerrar colegios, en aras de concretar una nueva misión abocada enteramente al trabajo entre y con los pobres. Decisiones no exentas de conflictos. Numerosas religiosas se resistían a los cambios o preferían hacerlos menos vertiginosamente. Sus decisiones tuvieron la aprobación de parte de la sociedad y la fuerte condena de otra parte que las juzgó y estigmatizó. Un común denominador contextual de todas las CRFs que abrazaron esta alternativa es que la van concretando en el marco de un constante declive en el número de sus miembros evidenciado, no solo en menores ingresos, sino también en el abandono de religiosas de votos temporarios y perpetuos. Esta disminución dificultó el sostenimiento de comunidades de inserción, que, en relación a las anteriores, debido a las condiciones de la vivienda y del lugar, debían contar con pocos miembros de edades no muy avanzadas.

Las primeras comunidades de religiosas insertas en Argentina fueron creadas por las Franciscanas Misioneras de María en 1964 en la diócesis de Formosa. Hacia mediados de la década del 70s doce CRFs – la mayoría de origen francés - habían fundado poco más de 30 comunidades religiosas femeninas insertas en medios populares casi todas en territorio rural o casi-rural.2 Estas comunidades tenían presencia en doce diócesis del país, cuyos obispos, en su mayoría, impulsaron la puesta en práctica del plan nacional pastoral. Se evidencia la confluencia de afinidades (Touris, 2010) y la articulación en tres niveles: con la propia congregación, con la línea pastoral del obispo en cuya diócesis se desarrolló la experiencia y con la Conferencia Nacional de Religiosas y Religiosos (Quiñones, 1997). Embebidas de las bases teológico-pastorales de la Teología de la Liberación, estas comunidades insertas tendieron a fomentar Comunidades Eclesiales de base, en tanto espacios de concientización, lucha y compromiso.

Los primeros años de la dictadura militar iniciada en 1976 fueron críticos para estas comunidades. El gobierno militar tendió a ubicar a las religiosas insertas entre los grupos sospechosos. Esto se tradujo en múltiples situaciones en que diversas religiosas estuvieron acosadas por el peligro (Suárez, 2020b; Catoggio, 2010).

Con el inicio de la década de los ochenta, vuelve a cobrar impulso la creación de comunidades de inserción, iniciándose así, siguiendo la periodización propuesta por Ana L. Suárez (2020b), la tercera etapa de la inserción en Argentina. Varias CRFs se lanzan a la nueva experiencia abriendo comunidades en diversas localidades del país, no sólo en parajes rurales sino en las periferias de las grandes urbes. Este nuevo impulso coincide con el comienzo de la organización de CRIMPO: Comunidades Religiosas Insertas en Medios Populares, a nivel latinoamericano y nacional.

En esta nueva etapa de la vida inserta se suman CRFs de variada procedencia. entre ellas las Franciscanas Misioneras de la Madre del Divino Pastor (FMMDP),3 originarias de España, que son el foco del presente escrito. Estas religiosas, al igual que las que se van sumando luego de iniciada la década de los ochenta, capitalizan la experiencia de aquellas pioneras que lo hicieron hacia principios de los 70s.

Este escrito analiza la presencia de las FMMDP en el país desde su arribo en 1931, el camino previo a asumir la inserción, su trayectoria en comunidades insertas, el tipo de presencia entre los pobres, los desafíos que enfrentaron y el balance de la experiencia. Se argumenta que la continuidad en el presente de comunidades de inserción obedece al modelo que armaron que les permitió seguir articulando con sus colegios, con una variedad de redes públicas y privadas, y mantener un espacio de acción propio interrelacionado con la iglesia local, pero con suficiente autonomía. La disminución del grupo de religiosas en Argentina y las edades avanzadas de la mayoría generan en el presente un importante desafío para esta experiencia.

Las fuentes de datos utilizadas son variadas: escritos anónimos de las FMMDP referentes a todas sus presencias y obras de la congregación en todo el mundo entre 1912 y 1987; diarios de algunas religiosas; escritos anónimos de la congregación, al estilo de memorias, referentes a su presencia en el cono sur de América; sitios web actuales de la congregación;4 entrevistas efectuadas en 2017-2018 a 19 religiosas de la institución y a laicos vinculados con sus obras; visitas y trabajo de campo en cuatro comunidades de religiosas en Argentina y una comunidad en Bolivia.

El Presente artículo se suma a publicaciones que analizan la inserción desde el recorrido de congregaciones religiosas específicas. Se nutre de los escritos de M Kublin y D. Pulfer (2020) centrado en las religiosas del Sagrado Corazón, del de S. Roselli (2020) sobre los inicios de la inserción de las Franciscanas Misioneras de María, y del de A. L. Suárez (2020c) que analiza la inserción de cuatro congregaciones religiosas en el barrio Carlos Gardel del Gran Buenos Aires. Dialoga asimismo con escritos que abordan la vida religiosa femenina contemporánea, analizando entre otros el tema de la inserción (Quiñones 1997; Suárez 2020b; Bidegain 2014; entre otros). El escrito se suma asimismo a los estudios sobre CRFs, como los recopilados en la compilación (Suárez et al. 2020), que destacan la importancia de este colectivo en la construcción del país. Se espera finalmente, que mayor cantidad de escritos sobre CRFs como este, permitan visibilizar más la VRF y que en historiografía religiosa argentina dejen de ser, parafraseando a Cynthia Folquer (2020), “las últimas de la fila”.




Las Franciscanas Misioneras de la Madre del Divino Pastor en Argentina entre 1931-1980. Encontrando su perfil entre las áreas de salud y educación


Tres religiosas de la congregación salieron de España a finales de 1931 rumbo a Argentina: Antonina Lázaro, Jesús Ayuso y Sagrario Gayoso.5 Una de ellas tenía un familiar, fraile capuchino, en el convento de la Orden de Pompeya en Buenos Aires. Las sigue pronto otro contingente de hermanas. En enero de 1932 llegan también a Bolivia destinadas a la fundación de un colegio en el Vicariato de El Beni.6

En Argentina al poco de arribar las religiosas se hicieron cargo de un colegio en el partido de Pilar de la provincia de Buenos Aires.7 Ésta, que fue la primera comunidad y la primera obra en Argentina, continúa hasta la actualidad. Ese mismo año aceptaron un nuevo servicio, esta vez vinculado a la atención a los enfermos del Policlínico Juan Francisco Salaberry de Buenos Aires. Fundan así una comunidad de religiosas que brindó servicios en el hospital desde 1932 hasta 1981 en que se cierra el hospital. En esta comunidad funcionó el primer noviciado.

Durante los primeros años en Argentina, hubo dos presencias breves, una en Las Flores, provincia de Buenos Aires, y otra en Córdoba. La primera vinculada a una obra educativa, la segunda en un hospital. La presencia y la obra en Córdoba se discontinuó a poco de iniciada por desavenencias entre los criterios de las religiosas y los de la dirección del hospital. Las religiosas regresan a Buenos Aires, lugar al que también retornan las hermanas de Las Flores en 1943 por falta de personal que pudiera mantener la obra.

Entre 1939 y 1982 una comunidad de religiosas vivió y trabajó en el hospital Zubizarreta en el barrio porteño de Devoto.

Luego del cierre del colegio en Las Flores, la congregación se establece en el barrio porteño de Mataderos donde en 1945 se aprueba una escuela particular con el nombre Colegio Hispano Argentino de la Madre María Ana Mogas, en un terreno adquirido en la calle Guaminí 1850. Allí funciona desde entonces la sede de la recientemente conformada Provincia del Pilar, según el nombre que se le dio al gobierno de la congregación en Argentina luego de que en 1940 la congregación se dividiera en tres Provincias: San Antonio de Padua, que comprendía las casas de Galicia y Portugal; la del Sagrado Corazón de Jesús, que abarcaba las restantes casas de España; y la de Nuestra Señora del Pilar, que comprendía todas las casas de América. En 1948 el noviciado se trasladó del hospital Salaberry al predio del nuevo colegio. Funcionó allí hasta que en 1978 fue trasladado por algunos años a Santiago de Chile, que hacía parte en ese entonces de la misma instancia de gobierno jurídico-administrativa.

Desde 1948 la congregación funda comunidades y crea obras en la provincia de Misiones, primero en Eldorado y luego en San Pedro (1965). En ambas localidades su actividad principal gira en torno a colegios de los que se hacen cargo. Más adelante, fundaron en San Pedro -al lado del colegio- un hogar de niños (1986), y en 1996 fundaron un segundo colegio en un barrio periférico de la ciudad.

El cuadro 1 resume lo expuesto hasta aquí. Detalla las fundaciones efectuadas en Argentina durante los primeros 50 años de presencia de las FMMDP en el país. Son fundaciones previas al comienzo de la etapa de comunidades insertas.


Cuadro 1 Fundaciones de las FMMDP en Argentina 1931-19808

Año

Lugar donde se funda una comunidad de religiosas

Obra

Observaciones

1932

Pilar, (Bs As.)

Colegio, Instituto Madre del divino Pastor

Continúa en el presente

1932

Marcos Juárez, (Córdoba)

Presencia en hospital Abel Ayerza

1933 se discontinúa la presencia

1933

Las Flores, (Bs. As)

Colegio primario Nuestra Señora de Luján

1943 se discontinúa la presencia

1932

Barrio Mataderos, (Ciudad de Bs. As.)

Presencia en el hospital Salaberry

1981 discontinúa la presencia y la obra al cerrar el hospital

1937

Barrio Devoto, (Ciudad de Bs. As.)

Presencia en el hospital Zubizarreta

1982 se discontinúa la presencia y la obra

1945

Barrio Mataderos, (Bs As.)

Colegio Madre María Ana Mogas

Continúa en el presente…; la comunidad de religiosas se unió a la de Pilar en el 2018

1948

Eldorado (Misiones)

Colegio San José

Continúa en el presente

1964

San Pedro (Misiones)

Escuela Parroquial San Francisco

Continúa en el presente

De este breve punteo de las comunidades y obras fundadas por las FMMDP en sus primeros 50 años en Argentina interesa destacar algunos aspectos. Cada fundación se enmarcaba en la dupla comunidad/obra, es decir, cada nueva obra sea en el ámbito de la educación o de la salud, iba acompañada de una comunidad que funcionaba dentro del predio de la obra (colegio u hospital). El noviciado también funcionaba dentro del predio de alguna de sus obras. La caracterización de Ana María Quiñones de la VRF para este período preconciliar es ilustrativa: “las Hermanas vivían "encerradas" en sus obras. Los grandes edificios de los hospitales, colegios o asilos habían reemplazado los muros del convento. Los necesitados estaban dentro de las obras, de modo que las hermanas no debieran salir” (Quñones, 1997: 23).

Otra característica es que las obras y los servicios brindados desde ellas tuvieron un balance bastante equitativo entre aquellas vinculadas a la educación y a la salud. Las presencias dentro de los hospitales Salaberry y Zubizarreta se sostuvieron por más de 40 años. Pasados los primeros 50 años de presencia de las FMMDP en el país, se discontinúan las presencias en hospitales, cobran relieve las obras educativas, los colegios fundados pertenecen a la congregación, los hospitales donde tuvieron presencia no eran propios.

Un tercer aspecto a destacar de estas primeras décadas en el país, refiere a que llevar adelante sus obras implicó para la congregación una gran inversión en aras de obtener eficacia organizativa y profesionalización de servicios. Los colegios no sólo eran administrados y gerenciados por las religiosas, sino que ellas se encargaban de la mayor parte de la enseñanza que allí se impartía. Las religiosas recibieron formación en magisterio, de manera de poder impartir clases en la primaria, y muchas también hicieron el profesorado especializándose en alguna asignatura, de forma de poder dar clases en el secundario. Desde fines de los 60s el balance entre maestras/profesoras religiosas y aquellas laicas se fue inclinando progresivamente hacia el creciente peso de éstas últimas.

El crecimiento de la congregación a nivel mundial en términos de cantidad de miembros, permitió que las comunidades y las obras fuera de España se consolidaran. Durante las cuatro primeras décadas de la presencia de las FMMDP en Argentina hubo una constante afluencia de religiosas del viejo al nuevo continente. En Europa los ingresos a la vida religiosa eran mayores que en el nuevo continente. A partir de mediados de los 60s el ritmo de ingresos a la congregación se lentifica y comienzan a registrase asimismo varios abandonos de religiosas ya profesas,9 situación que continúa posteriormente.

Comienza a mediados del período analizado el proceso de aggiornamento y renovación incentivado por el Concilio Vaticano II.10 La mayor flexibilidad en ciertas prácticas comunitarias, como por ejemplo en el rezo de la liturgia de las horas, en el uso del hábito, etc., ayudaron al tipo de dinámica de la vida inserta que en Argentina estaba por comenzar.

En las dos décadas posteriores al Concilio Vaticano, II las FMMDP incrementan su participación en espacios de interacción eclesial. Por un lado, participan en lo que actualmente se denomina Conferencia Argentina de Religiosos y Religiosas (CONFAR). Las regiones en las que se subdivide esta Conferencia habilitaron espacios de encuentro y planificación estratégica. La región del NEA, a la que pertenecían las religiosas de las comunidades de Misiones, tuvo un dinamismo particularmente positivo en este período, lo que favoreció el trabajo de las FMMDP. Por otro lado, las religiosas incrementaron sus intercambios con varias congregaciones femeninas y órdenes masculinas presentes en Argentina cuyos carismas se inspiran en San Francisco. Esta interacción las ayudó a concebirse como parte de la familia franciscana y participar en el flujo de recursos de la red franciscana en Argentina.

La inserción, que se concreta en la década de los 80, madura como una alternativa dentro de la trayectoria y el proceso de la congregación en Argentina. No implicó fuertes debates ni rupturas entre las religiosas, como sucedió con otras congregaciones (Quiñones, 1997), sino que tendió a emerger “serenamente” en el marco de una congregación cuyo carisma y espacio de acción las llevó siempre a acompañar a poblaciones vulnerables. Una de las religiosas así lo expresó: “siempre fue una Congregación que yo considero abierta al cambio, abierta a los signos de los tiempos”.11

En síntesis, la inserción se presentó como una alternativa dentro de un camino de renovación de las FMMDP, como ya lo venía siendo para otras congregaciones religiosas argentinas y para varias de América Latina.12 Esta opción se inscribe dentro de un camino que ya las FMMDP venían transitando con poblaciones vulnerables y la asumieron en aras de acentuar aún más su compromiso con los más pobres. En las próximas secciones este escrito ahonda tanto en las concreciones de la experiencia como en la percepción actual que tienen las religiosas del camino efectuado en la inserción.


Las primeras experiencias de inserción: 1980-1996


En 1980 las FMMDP concretaron la primera inserción. Fundaron una comunidad no vinculada directamente a ninguna de sus obras, que se instala en una modesta casa de la localidad Lomas de Mirador, partido de La Matanza, en el Gran Buenos Aires. La localidad linda con el barrio de Mataderos por lo que la nueva comunidad se ubica cerca del colegio María Ana Mogas. Fue la primera experiencia de una comunidad fuera de alguna de las obras de la congregación.

El noviciado se trasladó a esta nueva casa reemplazando al que por un par de años funcionara en Chile. La fundación de esta comunidad de inserción marca la intención de la congregación de formar a las nuevas religiosas en esta nueva modalidad de vida religiosa.

El grupo que compone la nueva comunidad participó y apoyó actividades de dos parroquias cercanas a su casa, las de San Pantaleón y la de la Virgen de La Montaña que estaban a cargo de sacerdotes franciscanos. De fuerte inspiración para este grupo de religiosas fue en ese entonces el padre Raúl Gabrielli13 muy comprometido con el movimiento de las villas. Una de las religiosas entrevistadas destacó:


Gabrielli era una presencia que nos inspiraba y nos motivaba en una formación para la inserción porque nos hizo descubrir el mundo de los pobres desde lo que era la opción por los pobres… con algún fundamento más eclesial, más bíblico, más sociológico, desde su experiencia.14


Además de apoyar las actividades parroquiales, especialmente la catequesis familiar, las religiosas realizaban diversas actividades socio-pastorales en los barrios precarios circundantes. “Lomas del Mirador fue el descubrimiento de las villas como lugar pastoral, como lugar posible para acercarnos a los más pobres…”.15 Esta labor que se hacía atravesado por el discernimiento y las siguientes preguntas: “¿Un noviciado puede estar en la villa? ¿Pueden ir las novicias en el tiempo de formación a la villa? Esa tensión, se vivió”.16 Fue una época donde otras CRs también asumían el mismo estilo de formación de sus ingresantes en espacios de inserción, “la idea que se priorizaba en ese entonces en los internoviciados era que había que irse a los pobres y dejar las obras, dejar los colegios y dejar todo, eran ideas que en ese momento parecían de total avanzada”.17

La casa de Lomas de Mirador se cerró en 1990 por diversos motivos. Pese al gran empuje que muchas novicias mostraron, pocas de las jóvenes que se allí se formaron siguieron luego en la vida religiosa.

En una línea similar a la de la comunidad de Lomas de Mirador, en 1982 las FMMDP abrieron una nueva casa de inserción en la localidad de José L. Suárez, del partido de San Martín, en el Gran Buenos Aires. Funcionó como postulantado, o sea que también se ponía el acento en la formación. Las religiosas de la comunidad se integran a la pastoral de la parroquia Inmaculada Concepción, en la Capilla San Antonio, atendida por los frailes franciscanos conventuales. Vivían en una casa cercana a la capilla. Trabajaron activamente en los barrios carenciados circundantes, sumándose asimismo a grupos misioneros, en espacios con mucha participación juvenil. Era un momento de mucho auge de la parroquia como comunidad de comunidades, de las familias misioneras y de una pastoral orgánica.

En el 2006, fruto de la reorganización de las comunidades se decidió que transitoriamente la casa de José L. Suárez quedaría como sede de la Asociación María Ana Mogas en esos barrios, siendo presencia del carisma y acompañando los proyectos solidarios. Las hermanas cerraron la comunidad del barrio.

Una experiencia similar a la de José L. Suárez, aunque de menor duración, tuvo lugar en la localidad Ciudad Evita, del partido de La Matanza. Funcionó ahí una casa de inserción entre 1982 y 1990, con fuerte impronta en el trabajo pastoral.

Una concreción más firme y duradera de una comunidad de inserción tuvo lugar en 1986 en Eldorado, cerca de donde ya estaban las religiosas en la obra del colegio San José. La comunidad de Eldorado km2 -así la identifican- está ubicada cerca del río Paraná, en las inmediaciones de la Parroquia Inmaculada Concepción, lugar al cual las hermanas del colegio se venían ya desplazando, comprometidas en actividades pastorales. La nueva comunidad se creó con el objetivo de consolidar la animación de la pastoral de los barrios sencillos circundantes a la parroquia, y de apoyar la pastoral educativa del Instituto San José. A esta comunidad en 1991 se traslada el noviciado de la Provincia. Simultáneamente se abre una nueva casa de inserción en el km 5. Desde el principio integraron esta comunidad las religiosas que trabajaban en el colegio San José, una de ellas, que por varios años fue su directora, expresó:


La inserción del interior para mí fue maravillosa. Fue la inserción cultural, fue el despojo de uno que iba con todo lo de la ciudad …. Era una casa de barrio, en una barranca al lado de un arroyo, y era visitar las familias, trabajar en la catequesis familiar que ya estaba iniciando, ir a las colonias… Era la vida de los jóvenes, los grupos juveniles, el ir a los barrios, a las colonias, recorrer… una vida eclesial bonita … El trabajo de pastoral de la Diócesis estaba bien organizado.18


La fundación de la comunidad de inserción coincide con la creación de la Diócesis de Puerto Iguazú, a cuyo territorio pertenece Eldorado. El primer obispo de la nueva diócesis fue Monseñor Joaquín Piña. La región del NEA tenía ya entonces una línea clara de opción por los pobres, de compromiso, de inserción significativa. Piña se inscribe en esa línea dotándola de un compromiso personal y cercanía con los más necesitados. “Yo creo que fue un regalo de Dios haber compartido con él tantos años y ver una opción por los pobres real, desde su vida, desde su encuentro con la gente, desde la mentalidad, desde los criterios pastorales”.19 Las Memorias fundacionales Argentina Bolivia al referirse a este período destacan: “Fueron años de renovación, de profundización en el carisma de inserción en medio del pueblo. Con una vida eclesial floreciente en una diócesis nueva, comprometida con la vida de las comunidades cristianas”.20

Luego de fallecer el obispo Piña en el 2006, otro fue el rumbo tomado por el nuevo obispo diocesano. Las FMMDP, al igual que religiosos/as y laicos comprometidos en la diócesis encontraron crecientes dificultades en llevar adelante su trabajo. Debieron afrontar la constante oposición del obispo y de los nuevos sacerdotes que fueron llegando a la diócesis.

En la actualidad, en la casa del Km2 siguen viviendo religiosas, que hacen parte ahora de una misma comunidad con las religiosas que viven el colegio San José. Conforman una única comunidad con dos presencias. Las religiosas siguen acompañando a las personas de los barrios cercanos y desarrollando una actividad pastoral dentro de las limitaciones que el nuevo contexto eclesial les impone. Una de las hermanas comentó: “Nos está costando muchísimo, además porque la filial de la CONFAR está dividida, están las hermanas más fieles al obispo y las que queremos seguir en esta línea de inserción.21


La comunidad de La Reja/Moreno en el Gran Buenos Aires: articulando redes


En 1996 los religiosos Franciscanos Conventuales, ofrecieron una casa para que allí se instalara una comunidad de FMMDP en la localidad de La Reja Grande, del partido de Moreno en el Gran Buenos Aires, dentro de lo que actualmente es la diócesis de Merlo-Moreno. Como muestra el cuadro 2, fue la última fundación de la congregación en territorio argentino. Los franciscanos se estaban retirando del lugar luego de estar varios años viviendo allí. La casa, en la que actualmente sigue habitando una comunidad de religiosas, está ubicada en el mismo predio de la capilla San José Obrero.22 Las religiosas aceptaron la proposición en calidad de préstamo. Se trasladó allí una comunidad de hermanas y el noviciado.

En esta comunidad comenzó lo que algunas religiosas de la congregación identifican como una nueva etapa de la inserción, dada por dos características que cobran relieve; una de ellas refiere al tipo de población vulnerable con la que se van vinculando más estrechamente. La segunda característica tiene que ver con la forma de encarar el trabajo socio-pastoral en la inserción.

Respecto a la población, el barrio de la nueva comunidad de inserción hace parte del Conurbano bonaerense profundo, con una configuración sociodemográfica muy diferente a la de Eldorado o San Pedro, donde las religiosas venían desarrollando para ese entonces actividades con poblaciones vulnerables. Diferente también de la población de José L. Suárez, lindante con la ciudad de Buenos Aires. Una de las religiosas al referirse al tema comentó:


Moreno significaba una etapa totalmente nueva: de barrios, de indiferencia religiosa, de frialdad, de no entender nada, de estar en contacto con gente que nunca en mi vida pensé que iba a estar, de gente devastada por la pobreza, pero también por otro tipo de pobreza, donde pesa el desarraigo de sus provincias natales… Los inicios fue encontrarme con gente que había estado en la cárcel…; entonces como que a mí me abrió a la dimensión de la compasión, a la escucha, al perdón y a acoger al otro que llegaba con todas esas cosas que a mí me resultaban totalmente lejanas.23

Respecto a la segunda característica -la forma de encarar el trabajo socio-pastoral en la inserción-, interesa destacar algunos aspectos. Las hermanas de la comunidad han estado desde el inicio vinculadas al colegio María Ana Mogas de Mataderos. Entre la Reja y Mataderos hay una distancia aproximada de 35 kilómetros; distancia que han recorrido casi cotidianamente para cumplir con responsabilidades laborales y pastorales asumidas en el colegio, que en general les han insumido más de media jornada.

La poca frecuencia con que los sacerdotes atienden la capilla, que se fue limitando cada vez más a unas pocas celebraciones mensuales, dejó a las religiosas con amplio margen de acción para llevar adelante actividades pastorales y de catequesis. Esta libertad de acción les permitió a las religiosas consolidar actividades socio-pastorales siguiendo su propio discernimiento y espiritualidad.

Las instalaciones del predio donde se instaló la comunidad, si bien precario y modesto, en consonancia con el barrio circundante, permitió el armado de variadas actividades formativas además de las catequísticas, para las cuales se fueron sumando asimismo laicos inspirados en el carisma de la congregación. Las religiosas fueron ofreciendo así diversos talleres profesionales, para los cuales contaron, en un espiral sinérgico, con diversos apoyos públicos y privados.

El archivo de autor anónimo de las Memorias de las fundaciones de Argentina Bolivia escrito en el 2006, describía para ese entonces lo siguiente:


En la actualidad -la comunidad de religiosas- coordina en misión compartida con los laicos el Centro de Educación Alternativa “Madre Concepción Dolcet”24, donde las familias del barrio, sus niños y jóvenes pueden acceder a apoyo escolar, computación, expresión artística, flexibilidad, gimnasia… En el centro se integran varias instituciones: Escuela de adultos Nº 703 y Nº 714; Escuela profesional Nº402 que ofrece talleres de carpintería, electricidad, costura, repostería y biblioteca popular Nº 432 San José Obrero.25


Para estas actividades las religiosas de la comunidad armaron un trabajo con las instituciones del barrio: la salita de primeros auxilios, la escuela primaria, la escuela media y la de adultos, con clubes deportivos, etc. Contaron con la ayuda de la comunidad del colegio María Ana Mogas y del centro Asís. Rosario Sánchez, Superiora General de la Congregación, en una visita a Buenos Aires, conversando sobre la inserción comentó:


Lo que estamos haciendo en Moreno, es relevante. Ahí las hermanas están dando la oportunidad a que muchísimas personas se comprometan. Yo ayer veía la cantidad de talleres que hay. Estaban haciendo la inscripción y había colas; las inscribía una secretaria que es del barrio. Ellas -las hermanas- se vienen por la mañana- al colegio de Mataderos y quedan tranquilas que aquello está funcionando. Pero está funcionando porque ellas van por la tarde. Porque ellas viven ahí, si no fuera así no habría lo que hay…26


La comunidad de inserción en Moreno brinda un importante servicio socio-pastoral gracias a la construcción de redes que fueron armando. Las religiosas han ido tejiendo múltiples vínculos de los que no sólo obtienen recursos y apoyos concretos, sino confianza y legitimidad. Son redes que se tejen a varios niveles: con comunidades de la congregación en Europa, que movilizan sus recursos, principalmente económicos, para ayudar, con alumnos, padres y docentes de los colegios, especialmente del colegio María Ana Mogas, con personas de buena voluntad que, conociendo el trabajo de las hermanas, deciden apoyar, con instancias del ámbito público que a lo largo de estos 25 años de presencia de la FMMDP en La Reja han asistido de las formas más variadas.

El apoyo del estado recién mencionado de hecho ha sido siempre relevante, se materializó a través de variados recursos materiales y humanos. En el 2017 el estado corona su soporte al trabajo de las religiosas con el pedido efectuado por el gobierno de la provincia de Buenos Aires a la comunidad de La Reja para que sea uno de los espacios donde funcione el proyecto Casa Encuentro Comunitario (CEC), financiado con recursos regulares del Ministerio de Desarrollo Social de la provincia de Buenos Aires. El pedido se basa en los compromisos y en la sinergia que la comunidad de inserción logró con su presencia. Cabe destacar que esos recursos llegan porque ya había una comunidad “fuerte” que podía hacerse cargo del proyecto. Su llegada, que las religiosas aceptaron luego de consultar con referentes de la comunidad en el barrio, produce un efecto sinérgico: potencia a la comunidad y fortalece su servicio con la población del barrio. Entre otros aspectos implicó nuevas construcciones para disponer de mayor espacio para los servicios del programa dirigido a la infancia, a la niñez, y el que fortalece la educación y contención de adolescentes y jóvenes. En síntesis, el predio donde está la comunidad de las religiosas - en la que actualmente viven Mabel Castan, Miriam Solares y Ángela Santana-, está atravesado por un tejido de múltiples actividades que a lo largo de los años le fueron dando vida y que en la actualidad se ha visto potenciado por el proyecto de la CEC, que a su vez es fruto y expresión del compromiso socio- pastoral de las FMMDP.




Cuadro 2 FMMDP Presencias, fundaciones y obras desde 1980. Argentina-Bolivia27

Año

Localidad

Obra


Observaciones

1980

Lomas del Mirador, La Matanza, (Bs. As.)

Comunidad de inserción - noviciado

Cierra en 1990

1982

J. L. Suarez (Bs. As.)

Acción Pastoral


Presencia de una comunidad hasta el 2006

1982


Ciudad Evita (Bs As.)


Acción Pastoral

Funciona como casa de formación de junioras. Cierra en 1990

1986

Eldorado, km.2, (Misiones),

con provisorias presencias también en el Km 5 y el 11

Comunidad de inserción

Desde 2015 la comunidad se junta con la del colegio San José conformando una con dos presencias

1986

San Pedro (Misiones)

Hogar de Niños

Obra sostenida por las religiosas ya presentes en la localidad. Continúa en el presente

1996

San Pedro (Misiones)

Colegio María Ana Mogas

Obra sostenida por religiosas ya presentes en la localidad

1996

Moreno (Bs. As.)

Comunidad de inserción

Continúa en el presente

1998

Sta. Cruz de la Sierra (Bolivia)

Acción pastoral

Se reabre la presencia de las FMMDP en Bolivia.

Continúa en el presente



Aprendizaje de la experiencia y principales desafíos del camino en la inserción


En esta última parte, el escrito indaga en el balance que las propias FMMDP efectúan del camino recorrido. Se realiza recurriendo a la percepción de las religiosas en el presente (2017-2018), a casi cuarenta años de la primera comunidad de inserción. Importa destacar cuál es el aprendizaje que les fue dejando la experiencia. El testimonio y las reflexiones de las 19 religiosas entrevistadas son sumamente ricos; sistematizarlos en pocos ejes implicó un trabajo difícil. Queda la esperanza que en un escrito con otra narrativa y mayor extensión puedan volcarse más ampliamente sus voces.


a. La formación


El noviciado de la congregación en Argentina desde sus primeras experiencias de inserción, tendió a estar en una comunidad inserta, destacando así la relevancia que las FMMDP le dan a formar a sus miembros en esta opción. ¿Qué formación? Evocando la experiencia del primer noviciado en Lomas de Mirador, éstas fueron las palabras de una maestra de novicias


De la experiencia en Lomas del Mirador me quedaron cosas fuertes. Había novicias que decían “bueno para qué… no hace falta terminar los estudios porque total hay que irse a los pobres, y para eso no necesito estudiar …” Me marcaron en ese sentido las palabras del padre Raúl Gabrielli: “para los pobres, lo mejor… los mejor preparados tienen que estar con los pobres…” Esas palabras siendo formadora me abrieron un camino. Puse más acento en la formación humana, en el acompañamiento de la afectividad, en la relación de atender la sexualidad, de atender los orígenes de los jóvenes, de mirar de dónde venían, de sus costumbres, de su cultura; tratar de que no se produzca ese desplazamiento que a veces hubo en la vida religiosa a cuando a las hermanas se les decía que debían olvidarse hasta de su lengua materna.28


De estas reflexiones interesa destacar dos aspectos. Por un lado, la mención a la influencia del Padre Gabrielli -nombrado varias veces a lo largo de las entrevistas de quien fuera maestra de novicias y Provincial por varios períodos desde que comenzaron con comunidades insertas- denota la impronta teológico pastoral que las animó y con la que formaron a las novicias. Dentro de las teologías liberacionistas tendieron a inspirarse en la teología del Pueblo/de la cultura, que subraya los aspectos positivos que se conservan y cultivan en los sectores populares. Enfoque que, siguiendo la lectura que realiza Aldo Ameigeiras (2014) de los aportes de los teólogos Lucio Gera y Rafael Tello, destaca la cualidad del “pueblo santo”. Esta imagen muestra el acento distinto al de “pueblo justo” de la teología de la liberación.

La formación que debía impartirse para estar en la inserción llevó a arduos debates al interior de las CRs, tal como el texto citado deja entrever. Las CRs de las primeras etapas de la inserción, previas a los 80s, tendieron a sufrir más fuertemente los conflictos congregacionales en torno al tema (Bidegain, 2014, Bracamontes, 2009, Kublin y Pulfer, 2020). En este sentido interesa destacar como segundo aspecto de la reflexión de la hermana Mabel, que haber comenzado con la inserción tardíamente posiblemente ayudó a las FMMDP a zanjar más rápidamente el debate. El peso que estas hermanas le dan en el presente a la formación tanto profesional como humana denota la opción que tomaron. Afrontar los desafíos que implica acompañar poblaciones muy vulnerables en sus propios territorios requiere formación y madurez, y, como más adelante afirmó la misma religiosa del texto recién citado: “no es para todos; no todos lo pueden afrontar”.



b. Cómo vivir entre los pobres, qué significa asumir la pobreza


Hacer la opción por la inserción, vivir en territorios habitados por una mayoría de gente pobre implica asumir también la pobreza, situación de vida que la mayor parte de las religiosas que optan por esta vida no han transitado. Casi todas las religiosas de la congregación en estudio, han crecido en familias de sectores medios. ¿Cómo entonces asumir una vida “pobre”? ¿Qué implica vivir entre los pobres?

La primera experiencia, la de Lomas de Mirador, dejó también aquí un aprendizaje importante. Así reflexionó una religiosa, por muchos años responsable del noviciado:


Hermanas anteriores a mí, buenísimas; que realmente se embanderaron con la inserción y fueron muy coherentes. Querían transmitirles esa coherencia a las jóvenes. Así, por ejemplo, no había festejos de cumpleaños; no había torta de cumpleaños “porque somos pobres”, porque no se podía gastar el gas. Cuando yo llego al noviciado y hago tortas para las novicias para el día de su cumpleaños me miraban raro… Me fui dando cuenta que el trato humano, el estar con los pobres no te privaba de la belleza, no te privaba de un disfrute.29

La reflexión de la hermana Mabel continúa, subraya la relevancia de llevar una vida sencilla entre los pobres, sin que ello implique la búsqueda deliberada de privaciones carentes de sentido ni una sobrecarga de trabajo en los territorios de inserción. Aquí también haber comenzado con la inserción en los 80s permite a las FMMDP capitalizar aprendizajes de las primeras décadas, y de ellas mismas en los primeros años. La CLAR en un balance que hace de la vida inserta señala la relevancia de haber pasado del hacer a aprender a valorar el ser y el estar (Bracamontes, 2009); aprendizaje que ayudó a frenar el activismo que caracterizó a varias comunidades de inserción de los primeros tiempos.

Las FMMDP destacan asimismo un aprendizaje importante referente a cómo entendieron que deben ser las casas donde vive una comunidad de religiosas insertas


El tema del franciscanismo para nosotras nos llevó a destacar la belleza… Nos dicen “mirá, qué linda la casa de ustedes…” Nuestras casas son lindas, tienen detalles, tienen un arreglo, hay una belleza, hay una armonía. La pobreza tiene que ver con la belleza y la limpieza, el orden, con cierto cuidado de las cosas y de las personas; detalles femeninos que también después fuimos descubriendo… Nuestras casas son casas de mujeres…Esto vino después con toda una reflexión sobre la mujer, el feminismo, la teología desde la mujer.30


c. El aporte de la teología en clave de mujer


La hermana Mabel concluye la reflexión del párrafo de arriba mencionando la influencia que tuvo la teología en clave de mujer en la forma de concebir la armonía y la belleza en las casas que habitan. Su influencia fue decisiva en varios otros aspectos.

Una de las hermanas que tomó un curso sobre teología feminista, comentó: “Así empecé a nutrir otra mirada… Había algo que le faltaba a la Teología de la liberación que no terminaba de dar respuestas y que la teología feminista responde realmente de otra manera: … empecé a tener otro tipo de postura…”.31 Esa religiosa compartió las lecturas con otras hermanas de su comunidad. Así, como sucedió también con otras CRFs, se fue abriendo un horizonte nuevo que marcó un hito a distintos niveles en sus comunidades de inserción.

Por un lado, ayudó a equilibrar el vínculo con la jerarquía eclesiástica -masculina obviamente-, ayudándolas a moverse con mayores niveles de autonomía y a tener también ellas una palabra autorizada. En una extensa entrevista la hna Miriam Solares reflexiona sobre cómo ella y su comunidad fueron cambiando su manera de vincularse con los sacerdotes y de posicionarse frente a la comunidad. Por ejemplo, ante un sacerdote que tendía a no dejar que los niños se prepararan para la primera comunión si sus padres no cumplían ciertos requisitos, estas fueron sus palabras:


empecé a tener una postura clara, poniéndome del lado de la gente [que no entendían lo que les pedía el sacerdote] que para tomar la primera comunión por ejemplo el chico tenía que ser legítimo; y la gente no sabía ni a qué se refería; eso creo que me posicionó con la gente de otra manera. Yo siempre fui muy cercana con la gente, pero el día que me tocó pelearme con el cura […] la gente como que entendió que no todos se alineaban atrás de su mirada.32


Por otro lado, nutrirse de la teología en clave de mujer, las ayudó a tener mejores vínculos entre ellas; cuidándose de no reproducir estructuras jerárquicas patriarcales; las ayudó, asimismo, a posicionarse con mayor libertad en la tarea que a cada una le toca asumir. Las palabras de Mabel Castán, actual Provincial de la congregación, expresa lo dicho con claridad:


Fue todo un cambio de mirada, sobre cómo nos posicionábamos en la vida de la comunidad, en la vida entre nosotros, en las relaciones, en la forma de rezar, de ver la Palabra de Dios, en la vida cotidiana… Hacerlo desde un lugar de mujeres, me dio otra libertad. Es como que me relajó, como que era posible mirarnos de otras maneras, darnos otros tiempos y darnos otra bolilla entre nosotros, como con más cuidado, como mujeres. Es la sororidad, en definitiva; que no es la fraternidad porque supone jerarquías. Yo no soy la misma Superiora Provincial que fui de 1999 al 2005. Mi cuerpo físico, mis responsabilidades, mis enfermedades… Yo me enfermaba cada tanto cuando fui Provincial la otra vez, caía en cama estresada, agotada. En cambio, en estos siete años, no me enfermé.33

La teología feminista en la experiencia de la interacción más directa con las mujeres pobres, fue llevando a replanteos sobre el tipo de “misión” de la VRF en los sectores populares. El enfoque impulsó que las religiosas fueran encontrando espacios propios, al margen de las estructuras eclesiales, desde los cuales trabajar en favor de los más marginados. Pensar la opción por los pobres desde la dimensión de género, fue decisivo en concebir la “liberación” y el acompañamiento a los más vulnerables desde una espiritualidad más holística, en la que la dimensión corporal y la experiencial fueron cobrando creciente relieve, llevando a replanteos de abordajes más confrontativos (Suárez 2020b). Embeberse de estos nuevos abordajes introduce a las hermanas en una nueva etapa dentro de la inserción en la que a las actividades pastorales y sociales se suman la animación de espacios en los que se brindan recursos para la sanación, particularmente a mujeres.


d. Sobre la opción preferencial por los pobres


Un aprendizaje importante fue el de entender cómo abrazar y concretar la opción preferencial por los pobres. Pasados 50 años del llamado efectuado por los obispos en Medellín, ¿cuál es la reflexión que hacen las FMMDP? Mabel Castán ofreció las siguientes palabras:

Primero se hablaba de la opción por los pobres, después con los pobres, para los pobres, entre los pobres, opción preferencial por los pobres, después, opción preferencial pero no exclusiva y al final le pusimos tanta agua que se acabó la opción por los pobres ¿no? Hoy el Papa Francisco cuando habla de las periferias existenciales usa una expresión que abarca realmente la pobreza como nosotros la entendemos. No hay una única pobreza. Hay una pobreza sociológica, económica real, contra la que hay que luchar. Pero la pobreza va más allá…34


En el concepto de periferias existenciales, destacado por la hermana Mabel, encuentran un marco más abarcativo a la opción por los pobres. Ahondar en este aspecto excede las posibilidades de este escrito. Interesa sin embargo destacar como el giro conceptual dado por el Papa Francisco, ofrece un horizonte de sentido que amplía la formulación inicial de la exhortación de los obispos en Medellín.







e. El vínculo de las casas de inserción con los colegios de la congregación


Las religiosas que viven en comunidades de inserción, tienen en el presente, como ya hemos comentado, un estrecho vínculo con los colegios de la congregación. Asumen responsabilidades en los colegios, pese a que, como es el caso de la comunidad ubicada en La Reja-Moreno, ello implique un importante desplazamiento cotidiano. El balance que hacen de esta opción es positivo. Así se expresan:


Cuando hemos querido ir a la inserción, en aquellos primeros años, decían “tenemos que ir dejando todo, también los colegios”. A veces así perdemos lo que es la esencia de la vida consagrada…. Pero el equilibrio hubo que buscarlo y encontrarlo. Yo creo que nuestra inserción en Moreno y Eldorado es buena; no afecta a la vida comunitaria sino al contrario, la fortalece. Las hermanas conjugan muy bien la tarea del barrio junto con venir a la escuela. Están además sensibilizando para la ayuda a los demás.35


Las hermanas, tal como se desprende de lo expuesto por ellas, celebran haber mantenido los colegios. Como expresó la hermana Mabel: “Hoy yo descubro que el colegio es un lugar de profecía”.36 Contrariamente a las decisiones de otras CRs, ellas no se desprendieron de ninguno de los cinco colegios que fundaron en Argentina. Esta decisión incidió positivamente en varios aspectos: permitió el sostenimiento económico de las comunidades de inserción, les garantizó trabajo rentable de medio tiempo a las hermanas de estas comunidades, permitió la estructuración de un “puente” entre las comunidades educativas de los colegios y las múltiples actividades surgidas por iniciativa de las hermanas en los espacios de inserción. Mantener los colegios, sumó, en síntesis, a la sinergia que las FMMDP lograron generar.


f. Balance del proceso congregacional que fue llevando a la inserción

Como último punto interesa destacar el balance que hacen las religiosas del proceso que las fue llevando a incorporar entre sus opciones la de la inserción. Algunas religiosas la abrazaron, otras, especialmente las mayores, no. No implicó rupturas, como en otras congregaciones, ni grandes conflictos entre ellas. “Lo nuestro fue muy consensuado, hablado y no muy loco el tema de la inserción. Fue sin abandonar los colegios, pero viviendo en inserción. No se hizo atropellando ni exigiendo. Había problemas, pero se habló todo. Se respetó y se sigue respetando”.37

A manera de conclusión, destacamos la apreciación de la hna. Alicia Leitz sobre lo que significa la inserción para la vida religiosa: “¡Te cambia la vida! … Una cosa es vivir dentro de tu trabajo y otra cosa es tener que tomar colectivos, salir, correr, vivir lo que vive el común de la gente. Como franciscana considero que no tenemos que claudicar en eso, por espiritualidad, por convicción, por vida religiosa”.38


Reflexiones finales


Las FMMDP tienen un recorrido de noventa años en Argentina durante los cuales, conforme los contextos socio-eclesiales, fueron dándole forma a espacios de compromiso y de identidad. Sus obras, de las cuales con el tiempo cobraron realce los colegios, les implicó mucho tiempo de dedicación. El ámbito educativo fue desde los comienzos un espacio de profesionalización y especialización.

La inserción se les presenta, al igual que a otras CRFs, como una opción que les permitiría acrecentar su acompañamiento a las poblaciones más vulnerables y acelerar su renovación como instituto de vida religiosa. Habitar fuera de sus obras, en casas ubicadas en territorios de alta concentración de pobreza, poblados de personas atravesadas por variadas carencias a las que querían acompañar y ayudar, fue un camino con múltiples desafíos y aprendizajes.

Mirar el recorrido en la inserción desde el presente ayuda a destacar algunos aspectos que favorecieron la experiencia. Uno de ellos es tener comunidades de inserción articuladas con sus colegios. Esta decisión, además de garantizar el sostenimiento económico de las comunidades inserta, ayudó a generar espacios sinérgicos con una variedad de redes públicas y privadas. Estas redes, a través de las cuales los barrios en los que habitan se benefician de una variedad de recursos humanos y materiales, genera espacios de compromiso para una pluralidad de actores. Cabe destacar que esto es posible porque las religiosas viven ahí; porque tienen una comunidad que acompaña y se compromete con los residentes del lugar. Un segundo aspecto que favorece la experiencia es haber organizado un espacio propio en los barrios que, si bien se articula con la iglesia local, tiene su propia identidad y autonomía de acción. La teología en clave de mujer, en la que se fueron sumergiendo las religiosas con responsabilidades de gobierno y de formación, las ayudó a ir moldeando esta autonomía y a nutrir de sentido tanto su identidad como su accionar.

Como la mayoría de las CRs, las FMMDP han ido reduciéndose. La renovación, el compromiso, la identidad que encontraron en la inserción estuvo acompañada por una constante caída en el número de religiosas en Argentina y a nivel mundial. Escasos ingresos, abandonos de religiosas con votos y el consecuente envejecimiento de los miembros de la congregación, van generando un escenario con importantes desafíos para las comunidades de inserción. La exigencia asociada a vivir en espacios de alta vulnerabilidad tiende a limitar la composición de las comunidades de inserción a miembros más jóvenes, hermanas que a su vez deben asumir prontamente responsabilidades en las diversas obras y actividades sociales de la institución. Hermanas que además han ido asimilando con cierta resignación en las últimas décadas que la inserción, si bien tiene efectos positivos en los barrios en los que trabajan y en la identidad religiosa de quien abraza esta opción, carece de la energía capaz de renovar y darle un nuevo impulso a la VR en general. Esta idea que tuvo fuerza hasta los 90s (Bracamontes, 2009, Bidegain, 2014) se fue opacando ante la evidencia del constante cierre de comunidades por insuficientes religiosas para sostenerlas.

Las FMMDP se han abierto en las últimas décadas a una gestión de sus obras compartida con laicos tanto en sus colegios como en sus espacios de inserción. Encontrar el adecuado formato para hacerlo sin perder la identidad institucional, es tal vez uno de los mayores desafíos que estas hermanas, al igual que la mayoría de las CRs, enfrentan en el presente.



Fuentes


Archivo de las Franciscanas Misioneras de la Madre del Divino Pastor (FMMDP). Otros 75 años de vida de nuestra Congregación de 1912 a 1987 (escrito en base a fuentes documentales).

FMMDP. Memoria de las fundaciones de la Provincia Argentina Bolivia. 1931-2006.

Sagrario Gayoso: Breve reseña histórica de los comienzos de la Congregación en España y Argentina. Manuscrito estilo diario. Fuente inédita.



Bibliografía


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Bidegain, Ana María (2014). “Una historia silenciada, no reconocida, ignorada, ocultada, invisibilizada: la vida religiosa femenina en la historia brasileña e hispanoamericana”. REVER, PUC-SP, 14 (2), 13-73.

Bracamontes, Maricarmen (2009) La Vida Religiosa inserta en medios populares y lugares de frontera: una lectura de las respuestas a la consulta en Revista de la CLAR. Año XLVII (4), pp.65-85

Castro-Gómez, Carlos (2008). “La opción por los pobres: análisis crítico de sus posibilidades y limitaciones en un mundo globalizado”. Genaro Zalpay Hans Egil Offerdal (comps.), ¿El reino de Dios es de este mundo?: el papel ambiguo de las religiones en la lucha contra la pobreza (23-52). Bogotá: Siglo del Hombre Editores y CLACSO.

Cattogio, Soledad (2010). “Cambio de Hábito: trayectorias de religiosas durante la última dictadura militar argentina”. Latin America Research Review, 2 (45), 27-48.

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Kublin, Mary & Pulfer, Darío (2020). “La inserción territorial como opción congregacional: antecedentes y primeras creaciones de la Sociedad del Sagrado Corazón”, en Ana L. Suárez [et al.] Religiosas en América Latina: memorias y contextos [en línea]. Buenos Aires: Universidad Católica Argentina, IICS (Lecturas sociales; 1). Disponible en: https://repositorio.uca.edu.ar/handle/123456789/10510, pp. 299-312

Ludueña, Gustavo (2012). “Espiritualidad y semiótica de la pobreza en el monasticismo católico posconciliar”. Itinerantes, Revista de Historia y Religión, 2, 141-170.

Quiñones, Ana María. STJ (1997). “Del estado de Perfección a seguir a Jesús con el pueblo pobre. El comienzo de la vida religiosa inserta en medios populares en Argentina (1954-1976)”. (Tesis de Disertación para la Licenciatura en Teología Pastoral). Universidad Católica Argentina.

Roselli, Silvina (2020). “Las Franciscanas Misioneras de María en Argentina: de las grandes obras a las pequeñas comunidades cercanas a los pobres” en Ana L Suárez [et al.] Religiosas en América Latina: memorias y contextos [en línea]. Buenos Aires: Universidad Católica Argentina. IICS (Lecturas sociales; 1). Disponible en: https://repositorio.uca.edu.ar/handle/123456789/10510, pp. 313-328.

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Suárez, Ana L. (2020c). “Religiosas, religiosos y sacerdotes del barrio Carlos Gardel. Agentes de esperanza y anuncio profético”, en Ana L. Suárez (comp.), La Comunidad Virgen de la Asunción. Signo de esperanza en el Barrio Carlos Gardel. Buenos Aires: Guadalupe, pp.27-56.

Touris, Claudia (2010). “Entre Marianne y María. Los trayectos de las religiosas tercermundistas en la Argentina” en Andrea Andújar [et al.] , De minifaldas, militancias y revoluciones. Exploraciones sobre los 70s en Argentina. Buenos Aires: Luxemburgo.

1 Las principales recomendaciones de Perfectae caritatis fueron: la vuelta al carisma fundacional; la apertura a los “signos de los tiempos”; la renovación espiritual; y la adaptación de la forma de vida según las necesidades del apostolado, el medio cultural y las circunstancias económicas y sociales (Quiñones, 1997).

2 Ver Suárez (2020b: 85) para el listado de las comunidades insertas en 1975.

3 En 2017 pertenecían a las FMMDP 522 religiosas con presencia en tres países europeos (España, Portugal e Italia), en tres países africanos (Angola, Benin y Mozambique) y en seis países de Latinoamérica (Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Perú y Venezuela). Las religiosas viven en una de las 91 comunidades de la congregación. Sostienen actualmente 55 obras, entre las que sobresalen los colegios (Datos extraídos de https://anamogas.net/fmmdp-en-el-mundo/ -visitado última vez 19/1/2021). Las religiosas llevan adelante sus obras en forma articulada con laicos. La fundadora de la congregación es María Ana Mogas Fontcuberta (1827-1886), quien fue asimismo la primera superiora de lo que inicialmente se aprobó en 1900 como Terciarias de San Francisco de la Divina Pastora. Ver FMMDP … Otros 75 años de vida de nuestra Congregación de 1912 a 1987, p.14

4 https://anamogas.net; https://www.divinopastor.com.ar/quienes.html

5 Sagrario Gayoso escribió dos diarios, ambos manuscritos. Uno narra los comienzos en América (1931 a 1978) y el segundo es un diario más personal. En ambos hay una vívida narrativa del viaje en barco de España a Argentina y de los primeros meses luego del arribo.

6 Pocos años después la fundación en Bolivia se cerró y las hermanas dejaron de tener presencia en el país hasta 1998 que regresaron con una nueva comunidad.

7 Los datos de las fundaciones en Argentina a las que se hace referencia en este apartado fueron extraídos del archivo de autor anónimo: Memoria de las fundaciones de la Provincia Argentina Bolivia. 1931-2006. Datos que a su vez fueron corroborados en las entrevistas efectuadas a las religiosas durante 2017-2018.

8 Fuente: elaboración propia en base a archivo de autor anónimo: Memoria de las fundaciones de la Provincia Argentina Bolivia. 1931-2006. Nota: el cuadro consigna sólo las presencias en Argentina. En términos jurídico-administrativos las presencias en Bolivia (1931-33), las de Chile (con fundaciones desde 1955), las de Perú (que de 1949 a 1959 compartió Provincia con Argentina) y de Venezuela formaban una unidad con las de Argentina en la Provincia Nuestra Sra. del Pilar que hasta 1980 comprendía todas las presencias en América.


9 Entre 1963-1969 abandonan la congregación 73 religiosas de votos temporales y 30 de votos perpetuos. Otros 75 años… p.104 (FMMDP). Los abandonos continúan en las décadas posteriores; no pude acceder a un registro de los mismos.

10 En 1967 un Capítulo extraordinario de la Congregación concluye con Constituciones ad- experimentum que se aprueban definitivamente en 1981.

11 Entrevista a la hermana Mabel Castán, actual Provincial de Argentina, 20/6/2017

12 Ver el trabajo solicitado por la Confederación Latinoamericana de Religiosos y Religiosas (CLAR) a Ana María Bidegain (2014)

13 Raúl Gabrielli nació en Buenos Aires en 1951; fue ordenado sacerdote en 1979. Vive en José León Suárez, Pcia. de Buenos Aires. Mons. Jorge Bergolio, siendo arzobispo de Buenos Aires, le autorizó ausentarse de la Arquidiócesis para sumarse a los “Misioneros de la Virgen”. Su misión es peregrinar por diversas regiones de América Latina y del mundo estimulando la devoción a la Virgen.

14 Entrevista a Mabel Castán, 20/6/2017

15 Entrevista a Mabel Castán, 20/6/2017

16 Entrevista a Mabel Castán, 20/6/2017

17 Entrevista a Mabel Castán, 20/6/2017

18 Entrevista a Mabel Castán, 20/6/2017.

19 Entrevista a Mabel Castán, 20/6/2017.

20 Memoria de las fundaciones de la Provincia Argentina Bolivia. 1931-2006, p.29. (FMMDP).

21 Entrevista a la hna. Cristina Grilj, 12/8/2018.

22 El predio de la capilla San José Obrero y la vivienda donde viven las FMMDP pertenece actualmente a la diócesis de Merlo-Moreno; hacen parte de la parroquia Cristo del Perdón de la localidad de La Reja.

23 Entrevista a la hna. Mabel Castán, 20/6/2017.

24 María Concepción Dolcet fue la segunda superiora de la institución; bajo su gobierno se aprobaron las primeras constituciones de la congregación

25 Memoria de las fundaciones de la Provincia Argentina Bolivia. 1931-2006, p.32. (FMMDP).

26 Entrevista a la hna. Rosario Sánchez, superiora general, 17/2/2018.

27 Fuente: elaboración propia en base a archivo de autor anónimo: Memoria de las fundaciones de la Provincia Argentina Bolivia. 1931-2006.


28 Entrevista a la hna. Mabel Castán, 20/6/2017.

29 Entrevista a Mabel Castán, 13/6/2017.

30 Entrevista a Mabel Castán, 13/6/2017.

31 Entrevista a la hna. Miriam Solares, 7/9/2017.

32 Entrevista a Miriam Solares, 7/9/2017

33 Entrevista a Mabel Castán, 13/6/2017

34 Entrevista a Mabel Castán, 20/6/2017

35 Entrevista a Rosario Sánchez, 16/2/2018.

36 Entrevista el 20/6/2017.

37 Entrevista a la hna. Alicia Leitz, 15/8/2018.

38 Entrevista a Alicia Leitz, 15/8/2018.