Dossier: Libros y bibliotecas en el mundo conventual


Books and libraries in the conventual world



Idalia García

Universidad Nacional Autónoma de México

pulga@iibi.unam.mx



Los restos materiales del periodo colonial en la América española dan idea de una cultura rica, vivaz, compleja y diversa que afortunadamente mantiene todavía lazos fuertes con nuestras sociedades. Iglesias, retablos, conventos, esculturas, bargueños, escritorios y, por supuesto, libros, forman parte de nuestra idea de cultura colonial. Un pasado que visitamos, recreamos, reinterpretamos y disfrutamos de diferentes maneras. En consecuencia, las personas otorgamos diferentes valores a esos objetos testigos de una época. Desde el siglo XX, la sociedad ha depositado en un conjunto de especialistas no sólo el estudio de los objetos de ese pasado sino también su valoración, custodia y transmisión entre generaciones. Tal confianza es en parte resultado de lo que todo el mundo pudo apreciar en las dos Guerras Mundiales: la fuerza destructiva de la humanidad.

Así, desde 1945, se emprendieron numerosas iniciativas internacionales, regionales, estatales y locales que buscaron preservar el legado cultural de las naciones como un ingrediente fundamental para la cultura de la paz. Gracias a todo ese esfuerzo, las generaciones presentes tienen garantizado el acceso y disfrute al legado cultural que afanosamente construyeron las personas que les precedieron. Sin embargo y por sorprendente que pueda parecer, los libros y los documentos custodiados en bibliotecas y archivos de todo el mundo no fueron incluidos en esa gran visión internacional. Tal inclusión ocurrió hasta 1992, con la creación del programa de la UNESCO acertadamente nombrado Memoria del Mundo. De esta manera, los objetos bibliográficos, archivísticos y documentales junto con otros más modernos, igualmente testimonios de nuestros sueños, ilusiones, fracasos y miedos, adquirieron una ciudadanía mundial.

No obstante, las bibliotecas y los archivos en todo el mundo habían comenzado su valoración, identificación, registro y trabajo por la salvaguarda con mucha antelación: desde finales del siglo XIX. Por lo tanto, las tareas de todos esos repositorios siguieron un cauce natural que no fue difícil acoplar al trabajo internacional para cuando el mundo reconoció el valor e importancia de tales objetos. La preocupación de la UNESCO, igualmente propiciada por la conciencia de la destrucción, favoreció condiciones nuevas para algunas instituciones y para otras no representó nada. No debemos olvidar que aún tenemos una batalla que librar, para convencer a aquellos que consideran que conocer los objetos y posibilitar su disfrute (por las tecnologías que sea posible) significa una invitación permanente al saqueo y no lo que realmente es: un compromiso con el patrimonio cultural y, por tanto, con la sociedad. Como se sabe, ningún repositorio está exento de estos peligros. Pero también tenemos certeza de que el mejor conocimiento de los objetos librescos garantiza la recuperación cuando han sido robados.

Qué mejor ejemplo podemos tener en el caso mexicano de la recuperación de los manuscritos de Luis de Carvajal, extraídos ilegalmente del Archivo General de la Nación en 1932. Actualmente recuperados gracias a la gestión e interés del filántropo Leonard L. Milberg, igualmente uno de estos fantásticos testimonios se puede consultar digitalmente en la Princeton University Digital Library.1 Aunque esta historia es rocambolesca y no propició que las piezas regresaran al recinto de donde fueron robados, la descripción y transcripción en parte de los testimonios publicada en 1944 contribuyó a identificar cabalmente a la institución y al país agraviado.2 En este contexto internacional debemos valorar esfuerzos tan importantes como el catálogo de incunables (Incunabula Short Title Catalogue-ISTC)3 cuyo alcance ya es internacional y, el Catálogo Colectivo de Impresos Latinoamericanos hasta 1851 (CCILA).4 Ciertamente estos instrumentos no representan el único esfuerzo sino por el contrario son sólo una muestra de las acciones que se están emprendiendo en numerosos países.

Actualmente existen numerosas iniciativas que buscan identificar y registrar toda esa producción de libros (impresos y manuscritos) que se produjeron y transitaron entre el siglo XV y el XIX por todo el mundo. El camino ya está marcado y parece imparable. Actualmente estudiosos e interesados pueden localizar información sobre ediciones antiguas e incluso acceder a versiones digitales a través de diferentes opciones y, en su mayoría, de libre acceso. En esa balumba de libros que se movieron en diferentes territorios, enriqueciendo bibliotecas privadas e institucionales y gracias a las redes comerciales y religiosas establecidas desde el siglo XVI, es donde los conventos fundados por los religiosos de diferentes órdenes en ciudades y territorios de todo el orbe conocido tuvieron un protagonismo indiscutible. No obstante, al igual que la ciudadanía mundial, la historia de estas colecciones ha sido escasamente reconocida debido principalmente a la falta de interés en estudiar lo que quedó de su heredad. Un legado que, en la mayoría de los países latinoamericanos, fue la base sobre la que se consolidaron las colecciones que hoy caracterizan a las bibliotecas nacionales de Latinoamérica.

Ciertamente esos conventos establecidos entre el septentrión novohispano y la Patagonia, no fueron las únicas casas religiosas que tuvieron bibliotecas en la América española. Hubo colecciones de libros en misiones, hospitales, colegios, seminarios, cofradías y otros. No obstante, los conventos tuvieron un papel preponderante para las tareas de evangelización emprendidas desde el siglo XVI. Los conventos fueron la casa de comunidades femeninas y masculinas, y en la mayor parte de los casos estuvieron activos hasta la segunda mitad del siglo XIX. Tristemente la historia de estas comunidades y de su legado escrito, no son una constante en nuestro conocimiento histórico a pesar de que conservamos evidencias bibliográficas y documentales suficientes como para dibujar una geografía cultural bastante legible. Este interés deviene en una aparentemente explicación: ese legado bibliográfico conformado en tiempos virreinales constituye la riqueza patrimonial de los libros que actualmente valoramos y custodiamos como una heredad incuestionable.

De ahí que en este esfuerzo colectivo queremos contribuir un poco a mitigar ese desconocimiento tan abrumador. Los textos que aquí ofrecemos, representan un primer esfuerzo por convocar a diferentes colegas interesados en estudiar y dar a conocer el fascinante mundo de la cultura escrita en el mundo conventual del periodo colonial. Nuestro interés es comprender el significado, representación y uso que los textos escritos (impresos y manuscritos) tuvieron durante el periodo colonial. Esto explica el trabajo con que abrimos de nuestra colega peruana, Ybeth Arias Cubas, titulado “Aproximaciones sobre la producción y la circulación de impresos relacionados con la devoción de Santa Rosa de Santa María. Lima y México, 1669-1737”. Dicho trabajo está dedicado a analizar cómo la devoción a esta santa americana, se vió reflejado en libros y manuscritos durante todo el periodo colonial, así como el significado y representación que tales obras y sus autores tuvieron para apuntalar una devoción procedente del Nuevo Mundo.

Las bibliotecas conventuales de todas las órdenes religiosas que tuvieron actividad en los virreinatos americanos, integraron a sus colecciones estas vidas de venerables y obras devocionales porque formaban parte fundamental de la formación religiosa de esas comunidades pero también de la sociedad de su tiempo. Sin embargo, más allá de importantes registros de su existencia elaborados desde principios del siglo XX, no hemos prestado mucha atención a las razones culturales que explican una producción editorial constante y frecuente durante casi tres siglos. En este sentido el texto de Arias, únicamente abre un campo de investigación completamente fascinante que ojalá pueda transitar hacia las características de esos impresos, el censo de ejemplares conservados y, principalmente, la participación económica de las comunidades religiosas en la producción y distribución de estos libros.

También intentamos acercarnos a la cultura escrita de las monjas colombianas a través del trabajo “Libros y bibliotecas conventuales en Santafé de Bogotá. 1750-1840”, cuya autoría es de María Yanneth Álvarez Álvarez. Este texto realiza un amplio recorrido que parece demasiado ambicioso. No fue este el resultado, estimado lector. Por el contrario, nuestra autora nos acerca a una cotidianidad del libro como un objeto que acompañó y contribuyó en la formación religiosas de las monjas “inesitas” que desde la segunda mitad del siglo XVIII habitaron un monasterio en Bogotá y, cuya compleja historia terminó en la región de Cundinamarca. Con este nombre, “las inesitas” se conoce a las monjas de la orden fundada por la italiana Santa Inés de Montepulciano. Álvarez va hilando las noticias históricas de esta comunidad haciendo protagonistas a los libros que acompañaron no únicamente sus complejas mudanzas, a pesar de que existen importantes “lagunas documentales” que no permiten reconstruir la historia de dichas religiosas. Para ti lector, esta narración a retazos no debe parecerte extraña cuando se refiere a las monjas que habitaron en esos magníficos conventos y monasterios de los que aún conservamos rastros arquitectónicos que probablemente has visitado.

Ciertamente la cultura escrita de las monjas en la América española está más plagada de mitos y ficciones, que de realidades documentales que podemos seguir para acercarnos a la vida comunitaria y cotidiana de un conjunto de personas que fueron importantes para las sociedades virreinales. Quizá sea posible afirmar que de estas particulares comunidades se conservan pocos testimonios bibliográficos y documentales. No le falta razón a una afirmación semejante, empero creo que todavía no hemos terminado con la revisión de archivos y bibliotecas tanto de las propias comunidades como de los repositorios nacionales para que podamos hacer conclusiones generales. Por el contrario, queda mucho material por hojear y leer en esos espacios. Esperamos que este trabajo sea una invitación para que nuevas generaciones busquen desentrañar los tesoros de la memoria escrita.

Esta realidad del mundo femenino conventual, se hace evidentemente frente a las colecciones de otras órdenes religiosas masculinas conservadas en diferentes latitudes pero cuya huella también dejó un pasado más que interesante en los territorios americanos. En efecto, nuestro acercamiento colectivo integra el punto de vista de un bibliotecario, Rafael José Martín Portales, quien aquí aporta un trabajo que parece ambicioso por el largo periodo de tiempo que analiza en su trabajo titulado “Las Bibliotecas conventuales de la Orden de los Carmelitas Descalzos en España. Siglos XVI al XXI”. Pese a tal consideración, descubriremos con sorpresa que este largo recorrido no está realizado a la ligera sino que se soporta con importantes noticias del pasado, como la compleja desamortización española, pero también del presente que permite comprender cómo estas colecciones son más que temas históricos sino que constituyen la recuperación de un legado bibliográfico y documental de dimensiones más que interesantes.

Buscamos mostrar otros enfoques de investigación, más allá de las memorias de libros que se han encontrado en numerosos archivos de todo el mundo o los mismos libros conservados en varios repositorios nacionales. Nos referimos a un terreno nebuloso: el que corresponde a los lectores y a las prácticas de lectura de la Edad Moderna. Con esta intención, nuestra colega Xixián Hernández de Olarte ha realizado un interesante y sugerente trabajo titulado “Al leer ciertos libros, tuvo engaño propio y se confundió: Sor Elena de la Cruz y su juicio inquisitorial en 1568”. La historia de esta monja, residente en el convento de La Concepción en la capital del virreinato novohispano y considerada una lectora de la obra de Erasmo, se dio en el marco del Arzobispado de México pues el Tribunal del Santo Oficio no se establecería en este territorio sino hasta después de 1570. Las lecturas erasmistas fueron una preocupación constante en la Nueva España durante toda la segunda mitad del siglo XVI, y gracias a lo cual tenemos noticias de ciertas obras circulando así como la interpretación que hicieron de la obra de este humanista europeo, algunos individuos como frailes y monjas de la época.

Finalmente para cerrar esta mirada colectiva, hemos dejado un trabajo que también abre nuevas líneas de investigación en la comprensión de la cultura escrita del mundo conventual en la América española y es relativo a los libros de los entornos privados en los conventos. Actualmente, gracias a los estudios realizados con testimonios históricos, sabemos que existieron dos tipos de colecciones bien diferenciadas en los conventos coloniales femeninos y masculinos: las que se correspondieron a los “libros de uso” y aquellos denominados “libros de comunidad”. Los primeros habitaron principalmente en las celdas acompañando la vida cotidiana de frailes y monjas. Los segundos, conformaron esas famosas bibliotecas institucionales a las que apenas estamos acercándonos como objetos de estudio.

Así, el trabajo “Bibliotecas particulares de religiosos mercedarios del siglo XVII en Nueva España: libros que reflejan una vida” escrito por nuestra compañera de travesía Yolanda Guzmán Guzmán nos acerca a las colecciones del entorno privado de dos religiosos de la orden de la Merced que vivieron en el complejo siglo XVII: los frailes Gregorio de Cartagena y Francisco de Ribera. Este último ocupó el cargo de Obispo de Michoacán mientras que Cartagena habitó en el Obispado de Guatemala. Dos geografías distantes, hermanadas por los libros que nos ayudan a comprender cómo ese inmenso territorio americano fue conquistado también por la cultura escrita, abriendo las posibilidades de desarrollo para unas culturas mezcladas que hoy siguen constituyendo la mayor riqueza de la región latinoamericana. Sin dudarlo, amable lector, estoy segura que disfrutarás estas historias que aquí compilamos y que te ofrecemos como un banquete de ideas que deseamos te inspiren a conocer esa parte de tu heredad cultural depositada en archivos y bibliotecas.

Xochimilco (CDMX), 4 de diciembre de 2020

1 Disponible en http://pudl.princeton.edu/objects/s7526g29j, (30/11/2020)

2 Alfonso Toro, La familia Carvajal: estudio histórico sobre los judíos y la Inquisición de la Nueva España en el siglo XVI, basado en documentos originales y en su mayor parte inéditos, que se conservan en el Archivo General de la Nación de la ciudad de México. México: Patria, 1944.

3 Disponible para su consulta en https://data.cerl.org/istc/_search, (29/11/2020)

4 Disponible para su consulta en http://ccila.ucr.edu/es/index.html, (29/11/2020).