Libros y bibliotecas conventuales en Santafé de Bogotá (1750-1890)


Books and Monastic Libraries in Santafé de Bogotá (1750-1890)



María Yanneth Álvarez Álvarez

Universidad de La Salle (Bogotá-Colombia)

mariajalvarez22@gmail.com



Resumen

Los conventos en Santafé de Bogotá florecieron durante los años 1574 y 1790, período en el que se registró una interesante actividad intelectual y espiritual que cultivó la formación académica y religiosa de las comunidades de franciscanos, dominicas, clarisas, concepcionistas, entre otras. La atmósfera sociocultural y política que se vivió en la época contribuyó a conformar importantes colecciones bibliográficas y documentales que constituyeron un acervo esencial para la comprensión de los procesos sociales e institucionales y también como apoyo a la educación en el ámbito conventual. Con base en tales premisas, este trabajo estudia las principales colecciones conventuales de Santafé de Bogotá entre 1750 y 1840, así como sus procesos de conformación y el uso que se dio a estos repositorios. Para lo anterior, se ponderaron prácticas de lectura y escritura, con matices y elementos particulares dados por las concepciones, imaginarios e intencionalidades de formación para la vida religiosa de la época. Este análisis, evidencia que en Santafé de Bogotá se distinguió la fundación de bibliotecas de gran valor histórico-religioso y estético, que aportaron a la preservación de valores y principios cristianos que impregnaron la estructura social de la época.


Palabras clave: bibliotecas conventuales, conventos, Santafé de Bogotá, libros conventuales, prácticas de lectura y de escritura.


Abstract

The convents in Santafé de Bogotá flourished during the years 1574 and 1790, and there was an interesting intellectual and spiritual activity that the religious communities of different orders, Franciscans, Dominicans, Concepcionists, etcetera, among others, cultivated their academic and religious education. The sociocultural and political atmosphere of the time contributed an essential bibliographical and documental collections and they represented an important evidence to understand the social and institutional process of structure in every community. Based on these premises, this article studies the main monastic collections of Santafé de Bogotá between 1750 and 1840, in special the conformation process of the repositories and the different use given to the collections.


Keywords: monastic libraries, convents, Santafé de Bogotá, monastic books, practices of reading and writing.


Fecha de envío: 29 de septiembre de 2020

Fecha de aprobación: 10 de noviembre de 2020


Conventos en la antigua Santafé de Bogotá

Establecer una secuencia de las actividades conventuales se ha constituido en una serie de procesos de investigación que pretenden reconstruir la historia de las comunidades, para lo cual, en los últimos años, se ha hecho necesaria la obtención de permisos, con el propósito de ubicar material que permita conocer algunos datos para determinar periodos, tiempos, documentos, eventos y sucesos particulares que hacen parte de la historia al interior de estas comunidades. Este texto evidencia los aspectos relacionados con acontecimientos hallados en los libros y en la biblioteca conventual de uno de los emblemáticos monasterios femeninos de la antigua Santafé de Bogotá.

Respecto a esta labor, Reder Gadow indica sensatamente que, a pesar de la existencia “de las lagunas documentales” (2000: 287), se puede reconstruir la memoria e historia de los monasterios en clausura, a partir de la revisión de archivos interrelacionados con los archivos monásticos o de documentos ubicados en archivos históricos que se han encontrado por casualidad o por la misma revisión de otras investigaciones en diferentes partes de España o de América Latina, datos con los cuales, y a partir de las fuentes, es posible deducir e indicar qué aspectos pudieron ocurrir para formar estos sucesos y hechos con los cuales se arma parte de la vida intelectual y espiritual de las comunidades.

Justamente, como consta en materiales y documentos consultados (Banco de la República, 2016), Colombia registra varias fundaciones de conventos entre 1574 y 1791. El monasterio dominico de Santa Inés fue fundado oficialmente el 19 de julio de 1645 —en honor a Santa Inés de Montepulciano, santa dominica italiana fundadora de la orden (1270-1317)—; su creación está rodeada de una serie de acontecimientos que, indudablemente, van a marcar su historia, evolución y ubicación.

Situándose junto a la creación de otros conventos, no solo en la ciudad de Santafé de Bogotá sino en otras partes del territorio, resulta relevante señalar las celebradas en las ciudades de Tunja, Pamplona, Pasto, Cartagena de Indias, Villa de Leyva, Medellín y Popayán; específicamente, de las comunidades religiosas femeninas concepcionistas, agustinas, carmelitas y religiosas de la Compañía de María, quienes formaron parte de la élite de monasterios de Santafé de Bogotá.

Durante este período, la ciudad tenía una gran influencia, como lo señala Jaramillo Uribe:

Tiene la ciudad el convento de las religiones de Santo Domingo y San Francisco y de otras que han venido después, que son las de San Agustín y de sus Recoletos. La Compañía de Jesús, dividida en dos casas de colegio y noviciado. La Recoleta de San Francisco, con nombre de San Diego. Cuatro monasterios de monjas: el de Nuestra Señora de la Concepción, el de San José de las Carmelitas Descalzas, de Santa Clara y el de las Dominicas de Santa Inés del Monte Policiano (Jaramillo Uribe, 1989: 7).


Algunas investigaciones han demostrado la severidad en los procesos e instrucciones para el ingreso de mujeres y hombres a los conventos de Santafé de Bogotá. Así se evidencia en la investigación realizada por Londoño (2017), de donde se concluye que estas prácticas fueron heredadas por la tradición cristiana, la cual buscaba ubicar a la mujer en la institucionalidad del matrimonio, convirtiéndose este en un evento obligado a partir de la designación de la dote.

Sin embargo, en algunos casos, al no ser posible su definición, se establecía como práctica el ingreso a la vida religiosa, decisión que podía ser propia o impuesta, y que se caracterizaba porque el pago de la dote era menor a la de un matrimonio. En diversas investigaciones se ha demostrado que también existían otros motivos para que las hijas de las familias ingresaran a esta vida, siendo una de las hipótesis que un buen número de las mujeres de familias prestantes eran quienes ingresaban a las órdenes religiosas:


Las hijas de familia de primera calidad y nobleza que sean pobres, [y que] despreciando del mundo y sus vanidades puedan elegir el estado religioso… (Expediente de la Fundación Convento de Capuchinas, Fraschina, 2000a: 12).


La investigación también ha demostrado que los grupos de mujeres y hombres que integraron las comunidades religiosas santafereñas de la época tenían una fuerte formación en valores cristianos; en su mayoría, correspondían a herederos de familias prestantes de la sociedad, una práctica heredada de Europa.

Fraschina (2000a), en su investigación, incluye un aspecto que también ha sido afirmado por Ramírez (2000) como símbolo de expresión, pero enfatiza en que “entrar en religión” significaba la búsqueda de beneficios determinados en lo espiritual, pues una hija monja representaba una herencia de oraciones para la familia que al morir buscaba el premio de la vida eterna.

En lo relativo a la economía, incorporaba el acceso a créditos (la dote); en lo social, se convertía en un honor porque se habían cumplido diversos requisitos mínimos para el ingreso a la comunidad conventual, reservada solo para un grupo social de privilegios, que cumplían con la “limpieza de sangre propia de una ascendencia española” (Lavrin, 2016: 34); y finalmente, en lo familiar, era el sitio para el ingreso de aquellas mujeres que no tenían posibilidad alguna para un adecuado matrimonio (Fraschina, 2000b).

De otra parte, en la investigación realizada por la maestra María Himelda Ramírez (2000) se evidencia que para 1801, según resultados del padrón general, se contabilizan 719 mujeres en los conventos de la ciudad y 489 religiosos, representando esto un significativo número de hombres y mujeres dentro de las paredes de monasterios y conventos de la época. Es de suponer que este grupo de hombres y mujeres tenían un cierto contexto intelectual: no pocos sabían leer y escribir, aspecto que les otorgaba ciertos privilegios —por señalarlos de esta manera—.

Evidentemente, la vida cotidiana en el monasterio encerraba una serie de actividades particulares enfatizadas en ceremonias y rituales propios de la vida religiosa, donde además se asignaban actividades grupales y particulares, con algunas limitaciones (Lavrin, 2016). Este aspecto les otorgaría visitas a las bibliotecas conventuales y al uso de los libros de la comunidad a partir de las indicaciones determinadas por la maestra o guía de las novicias.

Para efectos de la investigación, es precisamente a partir de las bibliotecas conformadas —y de las que aún hoy existen algunos rastros— que existe la posibilidad de ubicar información de estos archivos, mediante el análisis de las autorizaciones y visitas realizadas a un grupo de bibliotecas de la época.

La primera observación que surge de estos registros es que la cantidad y número de ejemplares ha cambiado; además, en ocasiones se observan la fragmentación y los efectos del tiempo en los materiales del acervo de las bibliotecas, que se convierten en parte de la herencia de las actuaciones pasadas; lo que a su vez representa una formación intelectual, religiosa y espiritual, aspecto en que coincide con lo afirmado por Ostolaza Elizondo (2018), quien además de señalar que estas hacían parte de la vida diaria, indica que se encuentran organizadas por diferentes estructuras y categorías.

Es posible observar este aspecto tanto en el grupo de libros de los monasterios femeninos como de los masculinos, ya que siempre ha existido una preocupación por la ubicación y organización del material. Es el caso del Monasterio de San Francisco, en Bogotá, cuyos registros aparecen en el Archivo General de la Nación, en el legajo de Monasterios. Allí, por casualidad, se encontró un listado de libros que podría constituirse en un inventario que, aunque preliminar o rudimentario, es una muestra de la preocupación por dejar listados con el material utilizado por los integrantes de estas comunidades religiosas.1

Para el caso de Santa Inés de Montepulciano se encontraron varios listados de materiales de la biblioteca, pero con un agravante: estos correspondían a la venta de ejemplares, que obedecía a que, en algunas épocas, la situación económica del monasterio ameritó la decisión de vender el material, a veces, con un desconocimiento del valor histórico y que no correspondían al valor económico real del momento o de la época de la venta (Monasterio de Santa Inés, s. f.).2

Otro aspecto a considerar fueron los acontecimientos de la exclaustración y los diferentes traslados del monasterio dentro de la ciudad (cinco desde su fundación), lo que indicaría la necesidad de disminuir el peso y volumen del trasteo, aspecto hoy lamentado por las nuevas generaciones de religiosas, específicamente cuando se realizaba el proceso de organización y clasificación del material archivístico y bibliográfico, dado que el valor auténtico de las ediciones se constituye en un pérdida histórica, cultural y patrimonial, así como del legado de la comunidad.

También deberían considerarse otros hechos en la ciudad de Bogotá, como saqueos y robos durante los periodos de luchas de poder político (primera y segunda República Federativa y la Reconquista Española 1810-1824). Donde se generó un ambiente de inseguridad, se registraban robos a personas, haciendas e instituciones o se “optaba por conminar a las iglesias y conventos … so pena de graves represalias” (Pita, 2015:185). En años posteriores, Santa Inés y otras comunidades religiosas se ven afectadas, por los acontecimientos del 9 de abril de 1948 (El Bogotazo).

Esta fecha representa horas de angustia e incertidumbre ocasionadas por la muerte del caudillo liberal, 3 turbas de personas que reaccionaron contra el suceso, incendiando, saqueando y destruyendo todo cuanto encontraban a su paso, la proximidad de diferentes instituciones originó desmanes, muerte y destrucción a edificaciones que representaban el poder en aspectos económicos, políticos e ideológicos, tanto del orden público como privado, ocasionando el inicio de una época de violencia entre liberales y conservadores en el país. En este recorrido de destrucción fueron afectados edificios, personas, archivos, documentos, obras y objetos de valor. Aunque el monasterio no se vió tan afectado, sí generó incertidumbre y, con el tiempo, un traslado de la sede, dado que gran parte de la afectación del 9 de abril, ocurrió en el sector del centro de la ciudad específicamente en San Victorino.

Pero también puede deducirse que en algunas anotaciones el material fue dado en calidad de préstamo y no fue devuelto. En este ítem, se registran solicitudes de la devolución y, dado a la bondad e ingenuidad de las religiosas, no fue posible su retorno al monasterio.4 Como ha sido el caso de elementos religiosos y comentado por la comunidad como por ejemplo el préstamo de libros, objetos, específicamente el calvario, una réplica del significado para la celebración de la Semana Santa, prestado según documentos encontrados en la década de 1950, que nunca fue devuelto a pesar de las solicitudes realizadas por la priora del período.


Acontecimientos


Es evidente que el período de tiempo comprendido por la investigación (1750 a 1890) corresponde a una época con bastantes significaciones para el contexto, por lo cual se analizan algunos hechos. El 7 de enero de 1777, con el nombre de Biblioteca Real, se creó la hoy Biblioteca Nacional, con una colección de 13,800 volúmenes (Fernández Labeque y Villa, 2012) provenientes de la Compañía de Jesús y pertenecientes a la biblioteca del Colegio Máximo (antes de la expulsión de los jesuitas), que contenía obras clásicas de teología y religión, pero incluía áreas como filosofía, matemáticas, ciencias e historia, entre otras (Rodríguez Torres, 1995).

Los jóvenes de la época y de las familias prestantes santafereñas no fueron ajenos a este evento, que permitió un avance en el comercio de los libros (actividad exclusiva hasta ese momento de los religiosos) hacia los integrantes de la sociedad. Este acontecimiento representó una gran variedad de comentarios y tertulias familiares sobre la nueva biblioteca y los libros que allí serían conservados. A pesar de la restricción de los monasterios, es evidente que este acontecimiento traspasó los muros y la noticia generó perspectivas propias.

Es así como en el mundo, fuera de las paredes de los monasterios, ocurrían eventos importantes que de una u otra forma estarían repercutiendo en las actividades mismas, bien fuera por la visita de los superiores o por el ingreso de nuevos integrantes, lo cual influía en el contexto mismo. Loreto (2000) señala la existencia de las porterías a cargo de las religiosas más ancianas (porteras), quienes se encargaban de acompañar a las personas que ingresaban al monasterio.

Al lado de esta puerta se encontraba el locutorio (espacio de sociabilidad externa de la comunidad, pero con resguardo de la clausura, ya que separaba este del mundo exterior), que permitía la visita de parientes con las enclaustradas. Como mecanismos de seguridad estaban las escuchas, quienes vigilaban la conversación. Es posible afirmar que estas visitas significaban una oportunidad para la transmisión de noticias del exterior, la ubicación de acontecimientos y la ocasional entrega, con las autorizaciones respectivas por parte del monasterio, de libros; hecho evidenciado en el material de Santa Inés.

En 1767, Carlos III ordenó la expulsión de la Compañía de Jesús de todos los dominios americanos, a través del Real Decreto de 27 de febrero y de la Pragmática Sanción de 2 de abril. En estos documentos se disponía la ocupación efectiva de las posesiones y el embargo a favor de la corona de las propiedades y rentas eclesiásticas de los jesuitas. La decisión del monarca se apoyaba en dos antecedentes: la remoción de la orden de Portugal, en 1759, y de Francia, en 1764. La medida dispuesta por la corona española se completaría en 1773 con la Bula Dominus ac Redemptor el papa Clemente XIV,5 ordenando la extinción de la orden de Ignacio de Loyola. Era evidente la actitud Carlos III de establecer una reforma eclesiástica y más obvio el quedarse con las pertenencias de la orden. Instrucción que incluyó también a la América Hispánica y Filipinas, acción que incorporó jornadas con escritos que tenían el propósito de convencer a la población del peligro de la orden jesuita. Pero evidentemente contenían otros aspectos, como lo relacionado con el supuesto engaño por parte del compañía en las aulas al grupo de jóvenes en procesos de educación. También se incluía una crítica a las devociones jesuísticas como la del Sagrado Corazón de Jesús (Fernández Arrillaga, 2014: 180).


La biblioteca


Durante los recorridos realizados para la recopilación de la información en el proceso investigativo se evidenciaron rastros de actividades dentro de las comunidades para lograr una mejor ubicación del material, como anotaciones en las solapas o en las primeras páginas de los libros, sellos, cintas y pequeños trozos de papel, señales que representan no solo la preocupación por una adecuada localización, sino por el mismo significado del libro y por dejar rastro de quién lo había utilizado o a quién había pertenecido.6

Hoy, este tipo de bibliotecas, aunque cerradas al público, se convierten en un espacio mágico para los investigadores que han tenido el privilegio y la autorización de la comunidad para consultar algunos de estos materiales. Es una oportunidad de volver al pasado, rastrear y ubicar en el presente procesos y actividades del mundo que encierran las bibliotecas y la lectura.

La preocupación por organizar esclarece el hecho de que en un listado encontrado en el archivo del Monasterio de Santa Inés (que originalmente se encontraba en Bogotá) se registra una instrucción para organizar el material, a fin de que este sirviera de apoyo espiritual para el nuevo grupo de novicias, orientación que, además, determinó pautas para su clasificación.

Esto supone una instrucción que podría ser tomada en cuenta a partir de lo señalado en su momento con la organización de la Biblioteca Nacional, donde la clasificación registrada se refiere a un proceso que dividía los libros en una selección por temas, que fueron tomados como ejemplo para la organización de las colecciones monásticas, elementos comunes que se han encontrado en algunas colecciones. Los temas establecidos fueron:

Durante la investigación, estas clasificaciones permitieron señalar que la biblioteca monástica tomó como representación este aspecto de organización y clasificación, y que a su vez fueron elaborados listados del material, que hoy se podrían considerar como los primeros inventarios bibliográficos de monasterios que, aunque son muy simples, se constituyen en una muestra del ejercicio. Esto inventarios fueron elaborados en diferentes épocas por las monjas encargadas del archivo y de la biblioteca, evidencias que se representan en listas organizadas en forma vertical, que solo mencionan el título del libro, pero que se encuentran perfectamente escritos y con una caligrafía y letras uniformes.


La colección


Los libros que constituyen la colección han sido divididos a causa de diversos acontecimientos, como traslados de sede, cambio del espacio asignado como biblioteca o cambio de estado de los libros para la formación del noviciado, entre otros aspectos que se deducen a partir de las anotaciones encontradas en el archivo de las comunidades.

También es importante señalar que debido a los traslados de este Monasterio de Santa Inés que estamos mencionando y la exclaustración se generaron separaciones del material bibliográfico, lo que contribuyó a que la colección original sufriera cambios, desórdenes y disgregación entre los archivos y las bibliotecas. Libros, archivos, cuadros y objetos sobreviven a estos eventos, estableciéndose que algunos fueron guardados por benefactores del monasterio, por las familias de las monjas, por personas que se ofrecieron, también por algunas comunidades religiosas masculinas que recibieron parte de algunos bienes, pero fueron pocos los recuperados, situación que se evidencia al revisar el material de la época, en tanto el monasterio volvió a funcionar, después del período de regreso al país de algunas monjas de la comunidad y finalizada la exclaustración, se encuentran muchas marcas del fuego. Estas marcas se evidencian en libros que corresponden a la regla monástica de la comunidad y de la vida de santos significativos, material que se encuentra con deterioro y que necesita de una intervención pronta controlar su daño.

Tal vez el período de mayor estabilidad del monasterio correspondió a la sede ubicada en Chapinero, donde estuvieron por mucho tiempo antes de emprender un cambio a su actual ubicación en Tenjo (Cundinamarca, Colombia). Es evidente que la colección de Santa Inés ha tenido, al igual que otras colecciones del orden conventual, un contexto espiritual, razón por la cual los libros se constituyen en la instrucción religiosa.

En este punto, se evidencia una división del material por eventos que aún hoy se constituyen y persisten, coincidencias que se reflejan nuevamente en las diferentes anotaciones sobre el material y en los borradores de listas encontrados. Algunas de las cuales se encuentran en condiciones de deterioro que dificultan su lectura y comprensión. Bajo este aspecto, es posible señalar que una división de la colección del monasterio se pudo haber establecido por la siguiente estructura de libros.

Dicha división evidencia un sentido muy estricto del significado de la lectura y de la instrucción en la vida monástica. En este sentido, se puede afirmar una búsqueda permanente de la perfección y el sentido de la religiosidad, que tiene relación con lo afirmado por Chartier: “inventariar los títulos, clasificar las obras, dar un destino a los textos, fueron operaciones gracias a las cuales se hacía posible el ordenamiento del mundo de lo escrito” (2005: 19), con lo cual se acerba el mundo exterior hacia el mundo interior del convento, donde las obras, en su conjunto, incluían textos y obras canónicas.

Como ejemplo de este contenido del material, a continuación se ha seleccionado un libro de cada uno de los temas, sobre el cual se determina un significado del mismo, deducido a partir de las anotaciones encontradas en los textos.


Biblia


García López y Martín Gómez señalan que el origen conceptual bibliográfico corresponde a una herencia, donde el libro sagrado por excelencia es la biblia, que “recoge la doctrina cristiana y al mismo tiempo la norma y el ejemplo que debían seguir los fieles” (2012: 194).

En Santa Inés se encontraron pocos libros bajo este concepto, de los cuales varios se hallan en mal estado, para lo cual fue necesario brindarles un primer auxilio, a fin de evitar mayor deterioro, además de sugerir instrucciones para una futura restauración. Es importante señalar que la biblia es la lectura por excelencia, pues es el fundamento de la palabra de Dios para la vida monástica; además, ocupa un lugar en la vida y la espiritualidad la lectio divina (Ghiotto, 1981: 139).


Breviarium


Esta clase de libros hallados en el monasterio tenían una significación que aún persiste y a la cual la Enciclopedia Católica se refiere así:


En el lenguaje litúrgico, breviario tiene un significado especial, el cual indica un libro que provee las regulaciones para la celebración de la misa o el oficio canónico, y se puede hallar bajo los títulos Breviarium Ecclesiastici OrdinisBreviarium Ecclesiæ Rominsæ (Romanæ). En los inventarios en los catálogos, se pueden hallar notas como esta: "Sunt et duo cursinarii et tres benedictionales Libri; ex his unus habet obsequium mortuorum et unus Breviarius" o "Præter Breviarium quoddam quod usque ad festivitatem S. Joannis Baptistæ retinebunt", etc. (Enciclopedia Católica, 2012).


Este libro litúrgico contiene el rezo de todo el año: recoge oraciones, lecturas y salmos que deberían ser rezados durante las diferentes horas del día. Los ejemplares, con anotaciones de utilización o pertenencia, representan el significado e importancia del breviarium para la comunidad.

Título

Officia Sanctorum, in Breviario romano [Texto impreso]: ex mandato Summorum Pontificum apponenda, & de praecepto recitanda, et alia que generaliter in Hispania, & aliis locis particularibus recitari pos-sunt juxta Rubricas Breviarii Romani, ex Apostolica concesiones, & mandato Summorum Pontificum; Auctoritate Superiorum novissime recognita...

Autor

Iglesia Católica

Fecha

1752

Edición

Matriti: Ex Typographia Petri Marin.

Descripción

Texto a dos tintas (negro y rojo)





Espiritualidad

Puede ser entendida desde diversos aspectos. Para Martínez de Toda “es [el] elemento más importante como compromiso de fe y de experiencia personal de Dios”, determinando a partir de ella la práctica, como el encuentro con Dios, que transforma a la persona porque corresponde al “contacto personal con Dios, con personas de Dios, con libros, música… y cosas que se refieren a Dios” (Martínez de Toda, 2003).

Título

El mes de marzo consagrado a San José, como abogado para alcanzar un muerte semejante a la suya: traducido libremente del que publicó el francés R. P. José María Guguet.

Autor

P. José María Rodríguez

Fecha

1872

Edición

Barcelona, Imprenta de los Herederos de la V. Pla, Calle de Cádiz.

Descripción

Lo ofrece a sus hermanos de la Asociación Espiritual del Santo Patriarca el director P. José María Rodríguez



Oraciones


Este tipo de material se relaciona con los diversos significados. Para Ghiotto, corresponde a la oración y contemplación en el deseo de “buscar a Dios”, “convirtiéndose para ello en el diálogo filial, que va creciendo y madurando a través de una serie de prácticas religiosas que le dan contenido y continuidad” (1981: 144).

Así mismo, se puede señalar que la oración se puede entender bajo un contexto que no ha tenido cambios a través del tiempo y para lo cual es la

(…) reflexión personal, contemplación, meditación, examen de conciencia, es comunicación ‘intrapersonal’. La oración, entendida como diálogo interior, por el que nos comunicamos con el Padre, el Hijo, el Espíritu Santo, la Virgen, los Santos, etc. se puede llamar comunicación ‘traspersonal’. (Martínez de Toda, 2003: 94).

Título

Año Christiano, ó exercicios devotos para todos los días del año. Contiene la explicación del Ministerio, ó la vida del Santo correspondiente a cada día: algunas reflexiones sobre la Epístola, una Meditación después del Evangelio de la Misa, y algunos exercicios prácticos de devoción, ó propósitos adaptables á todo genero de personas.

Autor


Fecha

1772

Edición

Madrid, Imprenta de Antonio Pérez de Soto

Descripción

Fielmente traducido del francés al castellano.

Tomo para cada mes del año.






Título

Año Christiano, ó Exercicios devotos. Contiene la vida de N. S. Jesu-Christo, sacada de los quatro Evangelistas; y la de la Santisima Virgen Maria Madre de Dios. Con algunas notas históricas, y reflexiones morales.

Autor


Fecha

1773

Edición

Madrid. Imprenta Real de la Gazeta

Descripción

Traducido fielmente del Frances al Castellano por el Doct. D. Joaquin Castellot, Capellan Doctoral de S. M. en su Real Capilla de la Encarnación de Madrid. Tomo XVIII





Título

La religiosa instruida, y dirigida en todos los estados de la vida, con diálogos familiares. Escrita en francés por un religioso carmelita descalzado: y traducida al castellano por el Padre Fr. Joseph Quiles, Lector de Sagrada Theología, del Orden de Predicadores. Dividido en dos partes.

Autor


Fecha

1774

Edición

Murcia. A expensa de Francisco Benedito. Impresor y Mercader de Libros

Descripción

Obra muy útil, no solo para las religiosas, sino también para los religiosos, personas devotas, y todos los fieles que quieren servir a Dios con celo, y llegar a la perfección de sus estados.





Reglas


La estructura está dada por un prefacio, los preceptos (unidad, oración, salidas, servicios comunitarios, perdón, autoridad y obediencia); una oración y una conclusión. Evidenciándose una formación centrada en la obediencia de los preceptos, que buscan un equilibrio con Dios y con los otros. La Regla de San Agustín era por excelencia la pauta y norma del monasterio, correspondía a la oración y el oficio divino se constituía en la actividad fundamental de las monjas, ya que indicaba la repartición del tiempo para la oración, la lectura el estudio y el trabajo manual, aspectos regulados para el día a día y la semana (Ríos de la Llave, 2009).

Los ejemplares encontrados de estas reglas evidencian un uso permanente, del material, debido al deterioro de sus solapas, lomos y cubiertas, convirtiéndose en un material delicado por la fragilidad actual, pero también representan el estricto cumplimiento de lo señalado por la regla, que se convierte en la normativa que regula la actividad del monasterio.

Título


Autor

Iglesia Católica

Fecha

1752

Edición

Matriti: Ex Typographia Petri Marin.

Descripción

Texto a dos tintas (negro y rojo)





Regla de San Agustín

Título

Regla de S. Agustin y Constituciones de su religión, compendiadas y traducidas de latín en Castellano: Dedicadas a los venerables y en Christo muy amados Hijos de la Provinicia de Castilla de la Observancia del Orden de los Ermitaños de N. Padre San Agustin. Por su menor hijo e indigno Provincial de la Provincia de castilla.

Autor


Fecha

1752

Edición

Madrid, Juan Sanz

Descripción






Vida


Este grupo de libros corresponde a una colección de diferentes obras que en las anotaciones en el libro señalan a la monja santa y, por tanto, un relato de la vida conventual y dedicada a Dios. Lo anterior no se constituye como la vida de la monja, sino como el ejemplo de santos y de religiosas con las cuales se instruía hacia la vida de perfección.

Título

La verdadera esposa de Jesucristo o La Monja Santa obra de San Alfonso María de Ligorio, útil no solo a los religiosos y religiosas, sino también a los seglares, pues se trata en ella de la práctica de las virtudes cristianas que corresponden a todo estado de personas, traducida del italiano por el Dr. D. Antonio Vallcendrera, Canónico de la Catedral de Lérida.

Autor


Fecha

1854

Edición

París, Librería de Garnier Hermanos

Descripción

Nueva Edición, corregida con esmero, en que se han puesto las citas al pie.






Título

Santo Domingo y su orden: la vida de Santo Domingo y otros escritos del padre Lacordaire sobre la orden de predicadores.

Autor

Henri-Dominique Lacordaire

Fecha

1842

Edición


Descripción







Título

Vida portentosa de la esclarecida virgen Santa Rosa de Santa María, vulgo Santa Rosa de Lima. Arreglada a vista de los manuscritos inéditos del Rdo P. Fr. José Antonio Catá de Calella, capuchino exclaustrado.

Autor


Fecha

1842

Edición

Barcelona, Librería La Hormiga de Dios.

Descripción

Libro en buenas condiciones




Los ejemplares encontrados evidencian un uso frecuente, manifiesto en las anotaciones y las señales dentro de los mismos. Esos son un símbolo de las representaciones de algunas de las páginas y secciones. Aunque es de señalar que este tipo de material es común en las comunidades, para el monasterio tiene un significado de la búsqueda de la felicidad espiritual a partir del ejemplo de otros que lo manifiestan a partir del material bibliográfico.

También se ratifica lo señalado por Chartier, cuando indica que una “biblioteca no es solamente un inventario de libros reunidos en un lugar específico” (2005: 76). Para el caso de Santa Inés, es la muestra de una historia, de obras que definen, como ya se mencionó, la esencia del convento.


Prácticas

El contenido del material bibliográfico en Santa Inés evidencia ejemplares maltratados por el paso del tiempo y básicamente por la manipulación propia de la comunidad, constituyéndose en material de consulta permanente y frecuente por las diversas generaciones de monjas.

Es de suponer que los conventos femeninos se convirtieron en espacios que albergaron una cantidad de mujeres que provenían de una sociedad que había determinado iniciativas propias para la fundación de estos lugares, que buscaban dar una solución para las jóvenes por falta de dote, como ya se indicó anteriormente, o con un sentido de protección.

Es por ello que las mujeres que ingresaban a los conventos eran las hijas de los descendientes de los “primeros notables, los conquistadores, [que] requerían “tomar estado”, como lo fueron requiriendo las hijas de los funcionarios de la audiencia, alcaldes y gobernadores, de encomenderos, artesanos, mercaderes y tratantes” (Jaramillo de Zuleta, 2003: 87), lo que evidencia un grupo selecto de mujeres que buscaban la tranquilidad para desarrollar diversas actividades, entre ellas la lectura, el canto, la escritura y el estudio de instrumentos musicales.

Razón que permite señalar cómo en los monasterios de la época ingresaron mujeres con un linaje y rango social que las determinaba como grupo selecto y culto, para lo cual es posible indicar que la educación, los libros y la biblioteca se convirtieron en parte fundamental de la vida cotidiana y espiritual de las mismas.

Un aspecto muy importante e interesante en Santa Inés corresponde a la tradición de retratar a las monjas con su coronas y ramilletes floridos, ubicados en su lecho mortuorio o en el momento de su muerte y que corresponden a monjas que ocuparon importantes cargos dentro de la comunidad, referenciando la importancia que tienen para la comunidad las monjas coronadas de la colección de Arte del Banco de la República en Colombia.

El cuadro de la Muy Reverenda Madre María de Santa Teresa, la representa como secretaria, maestra, subpriora y priora de la comunidad, cuadro donde es representada con vida, de pie, está coronada y en su mano derecha tiene el dedo índice derecho dentro un capítulo de un breviario, mientras que con la otra mano (izquierda), con su índice, señala parte de un mueble de biblioteca, que contiene libros finamente empastados de la época (Banco de La República, 2016) y cuya cartela representa una breve pero importante historia del pasado de la monja, en cuanto a lo que se refiere a entrega y consagración a Dios (Banco de La República, 2016: 47).

Lo anterior, indudablemente, representa la importancia para el monasterio de la educación y formación de sus novicias y futura generación de monjas. La evidencia de la imagen del mueble de biblioteca, unido con las anotaciones encontradas en el archivo, se cree fueron colocadas por las monjas encargadas del archivo o de la biblioteca, se registran números que corresponden a la asignación numérica del material. Otra práctica corresponde a la ubicación de pequeños papeles utilizados como separadores, que demuestran anotaciones de algunas partes del libro o de párrafos específicos, evidentemente son elementos que llaman la atención de quien posteriormente utilizaba el material.

Los libros en su interior registran otro tipo de anotaciones, donde se registraban fechas de adquisición o de lectura y en ocasiones a registros de obsequios y de uso del mismo por parte de una religiosa, además de registrarse que el material correspondía al uso exclusivo de las novicias, lo que evidencia la formación y educación de las nuevas religiosas, señalándose la importancia del material para fortalecer los procesos tanto de lectura como de escritura (aspectos que no se han evidenciado aún en el monasterio), como de la actuación de las religiosas dominicas, interrogante para las nuevas generaciones, porque es posible que existieran manuscritos de las religiosas expresando sus sentimientos, poemas, o escritos que exalten su amor hacia su esposo Cristo.

Lavrin (2016) señala también que la influencia de los libros dentro del monasterio se constituye en un aspecto importante para el desarrollo de la vida conventual-espiritual de la monja, de manera que en México existen evidencias de libros edificantes, de la vida de santos, material enviado desde España y que había sido sugerido por los confesores u hombres religiosos de mayor rango dentro de la comunidad, con el propósito de reforzar la fe y la virtud.

La búsqueda de la “perfección religiosa era el objetivo primordial de la existencia de las monjas y exigía muchas horas consagradas a la oración” (Lavrin, 2016: 152). Es muy importante señalar que en el archivo del monasterio se hace referencia al papel de los confesores, protectores entre los que figura el Sr. Arzobispo Don Fray Juan de Arguinao, Don José Celestino Mutis, el Sr. Arzobispo Don Fray Francisco del Rincón, el R. Padre Fray Francisco Núñez.

De esta manera se representa pues la educación del grupo de novicias, donde indudablemente tenían una figura inicial dentro de la vida religiosa, que era la de maestra, la madre que ayudada a entender y comprender los misterios que conllevaba la vida religiosa, determinando una educación particular y especial de una dominica, pero también que descifraba la lectura de aquellos materiales esenciales y básicos para llevar a cabo su formación.

Bajo este aspecto, la lectura se consideraba como parte de la formación de las postulantes; ejercicio realizado por cada una. Es de anotar que el material a leer se seleccionaba previamente y se establecía como una tarea realizada desde el Priorato (superiora dentro del monasterio), así como con la ayuda de los sacerdotes que colaboraban con la formación espiritual de la entidad. Es importante señalar que la educación de la época se constituía desde el método memorístico, acompañado de malos tratos por parte de los maestros de la época, como señala García Sánchez (2005) y que probablemente no eran la excepción.

Así como tampoco lo fue la instrucción relacionada con realizar una lectura personal como parte de la educación de la novicia, para lo cual se entregaba un libro en particular o un grupo de materiales, para los que las postulantes hacían la lectura en solitario e inmediatamente entraban en oración y reflexión, haciendo la lectura para sí mismas.

De otra parte, con el tiempo era común que las monjas llevaran a sus aposentos libros o materiales particulares, aspecto que se evidencia en las anotaciones encontradas en los libros revisados, en letras manuscrita, notas como “pertenece a Sor Teresa de la Asunción” o simplemente se colocaba el nombre “R. M. Josefa del Santísimo Sacramento” o “es de Sor María de Santa Inés”. Lavrin (2016: 442) hace referencia a breves anotaciones que han permitido identificar libros, breviarios, libros de oraciones, libros de reglas entre otros, utilizados para fortalecer la devoción y espiritualidad propia.

En algunos materiales también aparecen otras marcas como “De la librería del Convento de Nuestra Madre Santa Inés”. Pero también se incluyen obsequios a la comunidad, como se registra en “Esta obra consta de 6 tomos y los regaló el Dr. Francisco Jiménez, año de 1885”. Evidencias que suponen un estricto ejercicio de la lectura y de formación individual del grupo de monjas.

Aquí presentamos algunos libros con anotaciones encontrados:

Compendio Histórico de la prodigiosa vida, virtudes y milagros de la venerable sierva de Dios. Mariana de Jesús Flores, y Paredes, conocida con el justo renombre de la Azucena Quito, Madrid: Imprenta del Mercurio, 1754, que corresponde a un ejemplo a seguir por las religiosas.

Nuevo Manogito de Flores, en tres ramilletes, compuesto de varias flores para todas personas catholicas, Eclesiasticas y Religiosas, su autor el Padre Fr. Buenaventura. Madrid: Imprenta de D. Gabriel Ramírez, 1766.

Guía de Pecadores en la qual se contiene una larga y copiosa exhortación a la virtud y guarda de los Mandamiento Divinos: compuesto por el V. P. M. Fr. Luis de Granada de la Orden de Santo Domingo. Madrid: Oficina D. Manuel Martín, 1778

Para Loreto (2000), en los monasterios era común que el rezo de oraciones se realizara en comunidad, lo cual exigía conocimiento de latín, dado que las lecturas se realizaban desde este, lo que señalada la importancia por el conocimiento de la monja para llevar a cabo estos oficios establecidos durante las horas definidas y establecidas por la comunidad.

Otra práctica que aún hoy se conserva dentro del monasterio corresponde a la lectura de algunas de las obras de la biblioteca durante el consumo de alimentos en el comedor (refectorio). Es entonces cuando una de las monjas hace la lectura de un libro escogido previamente por la encargada del tema de lecturas, de manera que durante las comidas en el comedor la lectora se ubicaba en un sitio estratégico para hacer la lectura, mientras el resto del grupo se encontraba en silencio. Finalizada la alimentación, la lectora podría consumir sus alimentos. La idea de esta práctica corresponde a fortalecer el camino de la perfección a través de una lectura en voz alta, práctica que corresponde a una práctica común en todos los monasterios, como lo señala Loreto (2000: 153).

Otro aspecto corresponde a la ubicación de libros y lecturas en el facistol, atril grande donde se ubicaban estos ejemplares que, para el caso de Santa Inés, demuestra una clara preocupación por exhibir y reflejar material propio previamente señalado, donde el objetivo principal era la lectura, que en la costumbre religiosa se ubica antes de las celebraciones religiosas dentro de la capilla de la comunidad. La selección de este material era responsabilidad de la priora, actividad similar a la registrada en los conventos masculinos y que no solo registraban temas de la liturgia sino de la lectura sugerida para cumplir según instrucciones para el noviciado.

Desde otro punto de vista, los libros y los documentos demuestran una formación y una espiritualidad en línea con los preceptos de la fundadora y de la orden dominica, que al interior del monasterio crearon modelos espirituales que evidencian el cumplimiento de las rígidas normas y reglas de la época.

Finalmente, los libros y la biblioteca de Santa Inés representan una época y un grupo de mujeres unidas por la fe y el contexto del amor y la oración. Los libros fueron el apoyo para alcanzar esta gracia divina; los espacios y la biblioteca fueron el refugio para encontrar los materiales y las letras con las cuales se acercaban más a Dios.


Conclusiones


El Monasterio de Santa Inés tiene un significado muy especial para la época trabajada en la investigación, considerando una serie de expectativas y temas destacados que se quisieran representar, pero es evidente la falta de registros y documentos para validar algunas de las apreciaciones, las cuales, en otros contextos latinoamericanos, son abundantes, como las trabajadas en México, Perú y Argentina, documentos y archivos que demuestran una amplia organización de las comunidades religiosas y que facilitaron las investigaciones y las evidencias de la época colonial, registradas en artículos, libros y exposiciones.

La biblioteca ideal de Santa Inés es un resultado que se provee próximamente, dado que en su época el monasterio representaba a un grupo de mujeres que tomaron la decisión del servicio a Dios a través de la oración, dejando el mundo del siglo al cambiar su nombre y al adquirir otros con significado dentro de la comunidad y el espíritu dominico.

Los libros, en primera instancia, son una muestra de la importancia de la educación de las novicias y, en segunda, del fortalecimiento de la vida conventual para la preparación del camino místico y de la vida eterna, aspectos que se constituyen como parte del legado de esta comunidad. El material bibliográfico revisado, en conjunto, incompleto, refleja solo una muestra de lo que fue la gran biblioteca colonial y es una evidencia de la representación y ubicación el monasterio dentro del vida santafereña.


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1 Monasterio de Santa Inés de Montepulciano en Tenjo, Colombia (MSIM), Legajo con varios documentos de diferentes épocas, sin fecha ni foliatura..

2 Monasterio de Santa Inés de Montepulciano (MSIM), El mismo lejago.

3 El asesinato del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán (1903-1948), ocurrido en Bogotá, genero una serie de levantamientos en todo el país. Específicamente en Bogotá, ocurrieron saqueos masivos y varias edificaciones del centro de la ciudad quedaron reducidas a escombros.

4 Monasterio de Santa Inés de Montepulciano (MSIM), El mismo lejago.

5 Una traducción al español se pude consultar en https://www.javeriana.edu.co/jhs/home/wp-content/uploads/2013/05/dominus-ac-redemptor-del-papa-clemente-XIV.pdf. (02/12/ 2020).

6 Monasterio de Santa Inés de Montepulciano (MSIM), El mismo lejago.