Itinerantes. Revista de Historia y Religión 23 (ene-jun 2026) 193-214

https://doi.org/10.53439/revitin.2026.1.11





San Martín de Porres: vida, obra y devoción popular en un cementerio de Lima desde un análisis semiótico



Saint Martin de Porres:

Life, Work, and Popular Devotion in a Lima Cemetery: A Semiotic Analysis





José Esquivel-Grados

Universidad Nacional José Faustino Sánchez Carrión, Perú.

jesquivel@unjfsc.edu.pe

https://orcid.org/0000-0002-4591-9921


Clotilde Venegas-Mejía

Escuela de Posgrado de la Policía nacional de Perú

cvenegas@escpograpnp.com

https://orcid.org/0000-0001-7963-2366





Resumen


El presente estudio analiza la construcción histórica y simbólica de la figura de San Martín de Porres a partir de su vida y obra, e interpreta las representaciones iconográficas de la devoción popular presentes en nichos del Cementerio “El Ángel” de Lima, Perú. Desde un diseño descriptivo interpretativo y estrategia de análisis documental y semiótico cultural, se observó una muestra de 1000 nichos seleccionados con muestreo por racimos. Los resultados evidencian que San Martín de Porres ocupa un lugar significativo en el repertorio iconográfico funerario (10%), configurándose como un símbolo de intercesión, identidad popular y justicia social en un espacio de memoria colectiva. El estudio aporta evidencia empírica sobre la función de los cementerios como escenarios de producción simbólica, donde fe, memoria e identidad articulan sentidos culturales frente a la muerte.


Palabras clave: religiosidad popular, representaciones iconográficas, semiótica cultural, memoria colectiva, San Martín de Porres.


Abstract


This study analyzes the historical and symbolic construction of the figure of San Martín de Porres based on his life and work, and interprets the iconographic representations of popular devotion present in burial niches at the El Ángel Cemetery in Lima, Peru. Using a descriptive–interpretative design and a documentary and cultural semiotic analysis strategy, a sample of 1,000 niches was observed through cluster sampling. The results show that San Martín de Porres occupies a significant place within the funerary iconographic repertoire (10%), becoming a symbol of intercession, popular identity, and social justice within a space of collective memory. The study provides empirical evidence on the role of cemeteries as sites of symbolic production, where faith, memory, and identity articulate cultural meanings in the face of death.


Keywords: popular religiosity, iconographic representations, cultural semiotics, collective memory, San Martín de Porres.




Fecha de envío: 23 de marzo de 2026

Fecha de aceptación: 6 de mayo de 2026




Introducción


Hace más de cuatro siglos, en el contexto de una sociedad colonial marcada por profundas desigualdades sociales, raciales y económicas, emergió en Lima una figura cuya vida, obra y espiritualidad trascendieron su tiempo: San Martín de Porres (1579–1639). Fraile dominico, de origen humilde y condición social desfavorecida, construyó, a través del servicio, la caridad y la justicia social, un modelo de convivencia fraterna que lo convirtió en uno de los referentes espirituales más influyentes del Perú y de América Latina.

Su trayectoria vital, caracterizada por la atención a los pobres, enfermos y marginados, así como por su relación armónica con la naturaleza, consolidó una imagen simbólica que, hasta hoy, continúa vigente en el imaginario colectivo. Esta dimensión histórica y espiritual ha sido resignificada en el tiempo mediante prácticas devocionales, representaciones iconográficas y narrativas milagrosas que configuran un complejo sistema de significados culturales.

Diversas investigaciones respaldan el abordaje del presente estudio. En el contexto limeño, Lazo (2012) analizó las prácticas y símbolos religiosos en cementerios de Lima como expresiones culturales vinculadas a memoria e identidad colectiva, lo que sustenta el camposanto como espacio de producción simbólica. Desde una perspectiva histórico-cultural, Iwasaki Cauti (1994) examinó la figura de San Martín de Porres como construcción social situada entre santidad, medicina popular y religiosidad colonial, aportando bases para su interpretación simbólica.

En el ámbito comparado, Bubík et al. (2023) demostraron que los cementerios constituyen escenarios de representación material de la religiosidad por medio de iconografías funerarias, legitimando metodológicamente el análisis semiótico de imágenes en lápidas. También, estudios sobre devoción católica en Lima evidencian cómo las prácticas religiosas configuran imaginarios colectivos y respuestas sociales ante contextos históricos específicos (Amador et al., 2025). En conjunto, estos antecedentes fundamentan la pertinencia de analizar la imagen de San Martín de Porres y su devoción popular como fenómeno histórico simbólico inscrito en un espacio cultural concreto, como lo es el funerario.

En este marco, la devoción popular viene a ser un espacio privilegiado para comprender los procesos de construcción simbólica en torno a fray Martín de Porres. Particularmente, en el Cementerio “El Ángel” de Lima se configura como un escenario donde confluyen memoria, fe, identidad y representación visual, expresadas en imágenes, inscripciones y objetos religiosos que acompañan a los difuntos en sus tumbas o nichos.

Desde una perspectiva semiótica y cultural, estas manifestaciones no solo reflejan creencias individuales, sino también valores colectivos asociados a la justicia social, la solidaridad, el cuidado del prójimo y la sostenibilidad de la vida. En este sentido, la figura martiniana adquiere relevancia como referente ético y educativo en el contexto de los desafíos contemporáneos de la sostenibilidad (UNESCO, 2015a; 2015b).

El estudio se sustenta en la semiótica cultural y en los enfoques interpretativos de la comunicación simbólica, los cuales conciben las imágenes y prácticas devocionales como sistemas de significación socialmente construidos (Eco, 1976; Lotman & Clark, 2005). Desde esta perspectiva, los distintos símbolos religiosos que están presentes en los espacios funerarios funcionan como dispositivos de memoria, identidad y representación colectiva (Hall, 1997). Identidad traducida en su imagen vital que representa la integración de distintas razas: mulatos, negros, indios, mestizos y hasta peninsulares, como es el caso de la cercanía de Martín de Porres con el virrey, el arzobispo y otros personajes hispanos.

El estudio se orienta por el enfoque hermenéutico–cultural que permite comprender las manifestaciones religiosas como textos sociales susceptibles de interpretación contextualizada (Ricoeur, 2004). Complementariamente, la investigación dialoga con los postulados de la educación para el desarrollo sostenible, que reconocen el valor de los referentes éticos y espirituales en la formación ciudadana (UNESCO, 2015b; Martínez-Usarralde & Lloret-Catalá, 2020; Martínez-Usarralde et al., 2024). De este modo, la figura de San Martín de Porres es analizada como un constructo simbólico que articula religiosidad popular, justicia social y sostenibilidad desde una perspectiva histórico-cultural.

El presente estudio analiza la construcción histórica y simbólica del Santo Moreno limeño a partir de su vida y obra. De igual modo, interpreta las representaciones iconográficas y simbólicas de la devoción popular presentes en el Cementerio “El Ángel” de Lima, Perú. En muchos casos, la devoción que tuvieron los difuntos o tienen sus respectivos familiares se evidencia en sus nichos, cuando a los difuntos les ponen bajo la protección de Jesús, la Virgen María, la cruz o algún santo(a), como ocurre en el referido cementerio limeño, inaugurado en 1959.


Metodología


El estudio se orienta a comprender los significados simbólicos e iconográficos asociados a la devoción popular hacia Martín de Porres en el Cementerio “El Ángel” de la ciudad de Lima Metropolitana. Se adopta un diseño descriptivo interpretativo, que permite analizar las representaciones religiosas presentes en los espacios funerarios como expresiones culturales que reflejan prácticas de religiosidad popular y memoria colectiva.

El trabajo se apoya en la estrategia metodológica de análisis documental y análisis semiótico cultural. El análisis documental permite el hecho de contextualizar históricamente la figura de San Martín de Porres por medio de la revisión de fuentes bibliográficas, hagiográficas e historiográficas relacionadas con su vida, obra y canonización. En lo referente al análisis semiótico, éste se utiliza para interpretar las representaciones iconográficas presentes en los nichos del cementerio, considerando los símbolos, objetos y elementos visuales asociados a la devoción popular.

Las unidades de análisis son las representaciones iconográficas y simbólicas presentes en las tumbas del Cementerio “El Ángel” que evidencian prácticas de devoción religiosa. Estas representaciones incluyen imágenes de santos(as), figuras marianas, representaciones de Cristo, cruces, fotografías y otros elementos simbólicos asociados a la religiosidad popular en Lima.

Para el recojo de información se recurre a una observación sistemática de los nichos del cementerio, registrando la presencia de iconografía religiosa en una muestra de 1000 nichos seleccionados con muestreo por racimos (pabellones), de una población que supera 700 mil. Este tipo de muestreo permitió organizar la observación por sectores o pabellones del cementerio, facilitando el acceso a diferentes áreas del campo santo y garantizando una cobertura representativa del espacio funerario investigado. En los nichos de los pabellones han sido sepultados difuntos sin distinción de género y de los niveles socioeconómicos B, C y D, de distintos distritos de Lima Metropolitana desde su la fundación del cementerio en 1959.

El instrumento de registro utilizado es una ficha de observación estructurada, en la cual se consignaron variables relacionadas con la presencia de símbolos religiosos, tipos de iconografía, advocaciones religiosas y elementos devocionales presentes en los nichos. Esta ficha permitió sistematizar la información recolectada en el trabajo de campo y facilitar consecutivamente su clasificación y análisis.

El análisis de la información se realiza por medio del procedimiento de codificación temática y categorización simbólica, identificando patrones iconográficos asociados a la devoción popular. Posteriormente se realizó una interpretación semiótica de los símbolos observados, considerando su significado cultural, religioso y social dentro del contexto de la religiosidad popular limeña.

Finalmente, para fortalecer la validez interpretativa del estudio, se recurre a la triangulación entre tres fuentes de información: (a) la evidencia empírica obtenida en la observación de los nichos, (b) la revisión documental sobre la figura histórica y religiosa de San Martín de Porres, y (c) el análisis semiótico de las representaciones iconográficas. Esta triangulación permitió integrar diferentes perspectivas analíticas y ofrecer una comprensión más amplia del significado simbólico de la devoción martiniana en el espacio funerario investigado.


Resultados y discusión


La devoción al Santo Moreno se relaciona con la memoria de su vida y obra de servicio, reconocida por sus labores de sanador y enfermero de los pobres, ensalmador y sacamuelas, así como por prácticas cotidianas de ayuda al prójimo que expresan caridad y justicia social. Esta representación lo configura como intercesor cercano y protector, capaz de traducir la fe en acciones concretas de cuidado. En consecuencia, su culto trasciende el ámbito doméstico y se proyecta hacia la experiencia de la muerte, manifestándose también en el espacio fúnebre. Así, su imagen en nichos y lápidas funciona como signo de amparo, gratitud y esperanza para las familias. Tal como se aprecia en los resultados, esta presencia iconográfica reafirma identidad religiosa popular y convierte la tumba en un pequeño altar de memoria, fe y protección espiritual.

Nacimiento y vida transformadora. Hace más de cuatro siglos, en plena etapa colonial, caracterizada por ser una etapa donde imperaba una sociedad desigual e injusta, resplandeció un personaje sui géneris, que por su obra y espiritualidad ha alcanzado nombradía universal. Es Martín de Porres (1579-1639), un fraile dominico que tuvo que afrontar la desventaja de ser mulato.

Nació en 1579 en Lima. Fueron sus progenitores el español Juan de Porras, hidalgo, natural de Burgos, y la panameña Ana Velásquez, negra liberta de raíces africanas. Fue llevado a la pila bautismal el 9 de diciembre del citado año, dejándose constancia en la respectiva partida que era hijo de “padre no conocido” (Vargas Ugarte, 1983). Fruto de la relación prohibida, Martín tuvo una hermana, Juana. Fue llevado por su padre hacia Guayaquil, donde vivió varios años, pero retornó hacia Lima cuando su progenitor fue electo en la Gobernación de Panamá.

El tener los cuidados de su madre, fue motivo para que muestre progresos notables en la virtud. Fue confirmado por Toribio Alfonso de Mogrovejo cuando tenía 15 años (Benito Rodríguez, 2022). A temprana edad, en Lima ingresó al Convento de Nuestra Señora del Rosario; pero, por su color de piel, en la comunidad dominica sólo empezó su misión en condición de “donado”. Como se le asignó la labor de aseo, la escoba y la cruz se convirtieron en sus fieles compañeras; de ahí que se hizo popular como “fray Escoba” (Cussen, 2016). Su obra conventual la convirtió en una vida al servicio del prójimo.

Obra piadosa y de servicio. La intensa obra humana de fray Martín se desarrolló en el convento de los dominicos de Lima y alrededores. El tutor de la dignidad estaba cerca de los vulnerables, víctimas de la crueldad; por eso, “visitaba con frecuencia las haciendas de los alrededores de Lima donde trabajaban los negros esclavos; visitaba principalmente las haciendas de Limatambo, Lurigancho, San Luis y las pampas de Amancaes” (Álvarez Perca, 2006: 37). La figura citadina del dominico caminó pareja con el panorama de extramuros. Bordoncillo en mano y portando sombrero frecuentó “animoso en tres lugares camperos: capoteando becerros en Amancaes, sembrando olivares en Limatambo y visitando a pie la pescadería de Surco. Indios y negros se beneficiaban de estas excursiones furtivas, pues eran objeto de sus enseñanzas y curaciones”. (Del Busto Duthurburu, 2006: 14).

El hermano lego no descansó por brindar atención a las necesidades del prójimo: “Toda su vida fue un servicio a los demás” (Peña, 2010: 124), siendo “un ejemplo vivo de amor y caridad para todos” (Peña, 2010: 125). Aún desde joven, su obra social fue evidente; “A la edad en que los jóvenes sueñan con juegos y aventuras, semejaba Martín todo un profesional formal, entregado al servicio del prójimo” (Lienhart, 1962: 288) y su fama “se propagaba en toda Lima; los pobres se trasmitían su nombre como el de un amigo, diligente generoso, de solícita asistencia, afable gratuita, el nombre de un ángel de la caridad” (Lienhart, 1962: 288).

La mirada del fraile moreno estuvo puesta en los más vulnerables; por eso, con la solidaridad de su amigo Mateo Pastor promovió la creación del Orfelinato de la Santa Cruz en Lima, motivado por el respeto a la dignidad de la persona, pues “se sentía muy unido a los negros esclavos porque llevaba en su sangre y en el color de su piel, el estigma de la esclavitud; y a los indios, por el cobijo que su tierra les daba” (Álvarez Perca, 2006: 81); y lejos de toda segregación, a la dignidad de negros e indios la valoró con igual aprecio como a la de los españoles.

El dominico mediante la humildad, la sencillez y el servicio al prójimo consiguió superar los contrastes y articuló a tres culturas que convivían en su tiempo, no obstante, los conflictos que dificultaban la convivencia social en la Lima de ese entonces. Su obra de justicia social, que la empezó siendo muy joven, es un llamado permanente a imitarla, desde su disponibilidad de servicio. “Eso es Martín, un verdadero modelo para los jóvenes del mundo, que no deben estar esperando solamente colocarse mejor en la vida, sino como servir mejor y más a los demás” (Vargas Alzamora, 1989: 24).

Fray Martín por “su doble condición de mulato y barbero nos permite situar su actuación en la frontera de la medicina y la hechicería, esferas apenas separadas en su época por una línea imaginaria y juzgadas desde la ambigua perspectiva de la fe” (Iwasaki Cauti, 2008: 107). Cierto es que, en su labor clínica administró una serie de remedios en base a plantas medicinales, algunas de las cuales él mismo las cultivaba, y como enfermero destacó por su humildad, que fue una de sus virtudes más destacadas, pues “no le faltaron ocasiones para humillarse ante la impaciencia que muchas veces se apoderaba de los enfermos, especialmente en una numerosa comunidad. Como él no daba abasto para atender a todos, esto provocaba el malestar de los más impacientes” (Torres Chávez, 2009: 13).

En los hechos, el religioso de Pachacamilla fue un ser multifacético: en su labor de saludador acudió a la curación de todo tipo de males y como enfermero asumió el cuidado de pacientes con diversas enfermedades (Peña, 2010). Por esto, el santo limeño “es considerado uno de los primeros enfermeros en la historia del Perú” (Rabinovich, 2018); labor de enfermería que la realizó recurriendo a ciertas plantas, pues gustó de cultivar manzanilla en Amancaes (Peña, 2010). Pero, también el venerable se desempeñó como ensalmador y sacamuelas (Iwasaki Cauti, 1994).

La vocación de servicio al prójimo fue una característica del terciario. La caridad de Martín fue el alivio de muchas personas sedientas de pan y de justicia; esa caridad que es una actitud de obrar de modo desinteresado en bien del prójimo, pero sin esperar algo por ello. Martín de Porres “fue un verdadero ejemplo para todos los que lo conocieron. Su vida fue un continuo acto de caridad. Su oración era pedir por los demás, sus penitencias eran ofrecidas por su salvación” (Peña, 2010: 124); precisamente, para cumplir su misión, “Dios le dio la gracia de ser un médico de cuerpos y de almas para todos” (Peña, 2010: 124). Más allá de las prácticas clínicas del personaje, entendió que la dignidad humana es la convivencia plena y armónica con la naturaleza, cuidándola y preservándola para las generaciones venideras.

San Martín de Porres, como San Francisco, encontraba a Dios en el libro de la creación. El Santo de Asís leía en cada una de las páginas de este libro “la historia arrebatadora de su Belleza soberana y de su amor apasionado por los hombres. El murmullo de una fuente, el canto de un pájaro, el colorido perfumado de una flor le arrancaban exclamaciones de adoración y agradecimiento” (Saint Laurent, 2013: 64). En la Biblia, la naturaleza es un término de expresión plástica, más pareciera no un ser fraterno al que se quiere explícitamente; sin embargo, el dominico logró esa fraternidad con su medio. Así, ante el terror de la población de Gubbio por las tropelías de un lobo feroz que destrozaba el ganado y había exterminado la vida de inocentes niños, “Francisco fue hacia la fiera, desarmado, le da la bendición, le aconseja, transformándolo en un manso cordero” (Pinto, 1940: 72). “Las estrellas y las luciérnagas, el lobo y los sapos. Ninguna de las maravillas de la naturaleza pasó inadvertida para Francisco” (González Manent, 1988: 19). Estos hechos evidencian en Francisco, al igual que en Martín de Porras, el profundo amor a la naturaleza y la hace objeto de un pacto fraterno.

En su obra misional y caritativa fray Martín no sólo se apiadó de las personas, sino también de los animales, porque “en ellos reconocía a las criaturas de Dios, y movido a compasión, cuidaba de su vida y les proveía del alimento necesario y, en tono fraterno, los amonestaba al respeto mutuo” (Álvarez Perca, 2006: 5). En lo concerniente a la caridad, “fue prolongación de Dios en la tierra y mano del cielo que toca la frente de la humanidad” (Pinto, 1940: 16). Por su amor a la creación, Martín se hermanó con el lobo y la araña, los abetos y enebros, la luna y el sol, y hasta con la piedrecilla que lastima el pie al ser pisada.


Figura 1: Fray Martín de Porres, la piedad y la armonía1


Defensor de la vida, armonía e inclusión. La obra de fray Martín se orientó a lograr la fraternidad de los hombres y la vida armónica en y con la naturaleza, representada en la comunión del alimento alrededor de un plato por tres animales, que comúnmente son caracterizados por su escasa tolerancia cuando del alimento se trata. Él no fue ajeno al hambre de sus semejantes, ni mucho menos al de los animales. Gjurinovic Canevaro (2012), con ocasión del jubileo de las bodas de oro de canonización del Santo de la Caridad, destaca la armonía e inclusión cuando comieron de la misma cazuela perro, gato y pericote, una hazaña motivada por su permanente caridad al alimentar diariamente a todos los seres, sin distingo.

Martín de Porres respetó y fue un defensor de todo cuanto existe en la naturaleza: seres humanos, animales, plantas, etc. Trató de vivir en armonía con todo y con todos, como se ilustra en la figura 1. No atacó a los ratones que hacían destrozos en el convento y sólo les indicó que su lugar era otro y era ahí donde los alimentaba. No retiró a las vacas en Amancaes para cultivar manzanilla, lo que muestra cómo es la convivencia plena, desde el respeto pleno al ambiente.

En el sentido indicado, rescatando la doctrina franciscana, el papa Francisco, en su encíclica relativa alcuidado de la casa común”, anota: – “Alabado seas, mi señor”, cantaba san Francisco de Asís. En este hermoso cántico nos recordaba que nuestra casa común es también nuestra hermana, con la cual compartimos la existencia...”. (Francisco, Laudato Si’, 1, 2015). Precisamente, cuidar la tierra, la casa de todos, como se persuade en la encíclica, es velar por todo cuanto hay en ella, dándole trato amoroso, como fray Martín les ofreció a animales, plantas, etc., del mismo modo que socorrió a hambrientos y enfermos, solidarizándose con los esclavos que eran objeto de abominables maltratos.

Asimismo, amerita reiterar que, el dócil religioso desarrolló una labor singular en cuanto a alimentar a personas pobres y curar a la gente, sin distingo, desde el mendigo hasta el virrey, guiado por la humildad y caridad cristiana. De ahí que, la vida y la obra martiniana es un ejemplo de vida en armonía de los hombres con la naturaleza e invita a la imitación. Es un claro paradigma de vida cristiana como otros santos, que “a lo largo de su vida terrena supieron, con heroicidad y constancia, vencer las debilidades humanas y cultivar todo género de virtudes, que adornaron sus bellas almas”. (Cuadros Pastor, 2006: 3)

La obra martiniana fue un signo evidente de negación a la segregación. El hecho de impulsar las escuelas taller, refleja en el religioso su preocupación por dar oportunidad de educación a los marginados de su tiempo. Impulsó una educación para el trabajo, porque era necesario el desarrollo de habilidades en un determinado oficio que permita a la gente una vida digna.

Amistades del terciario dominico. Fray Martín frecuentó con venerables cristianos de la Lima virreinal. Como refiere Álvarez Perca (2006), visitaba con asiduidad a su amigo Juan Macías del convento de la Magdalena, portero de la Recoleta, con quien se “reunía de tarde para conversar sobre elevados temas espirituales y realizar largas oraciones” (Torres Chávez, 2010: 21); como también cultivó venerable amistad con su hermana del laicado dominicano, Rosa de Santa María (Venegas-Mejía & Esquivel-Grados, 2022), la primera Santa del Nuevo Mundo.

Es sabido que San Martín visitaba al conde de Chinchón todos los meses para recibir 100 pesos que más tarde repartía entre los pobres y que el propio virrey le visitó en su lecho de muerte y asistió incluso a su entierro” (Iwasaki Cauti, 1994: 118). En su condición de colaborador del arzobispo limeño, cuando éste se enfermó gravemente “mandó llamar al hermano Martín para que le consiguiera la curación para sus graves dolores… le colocó la mano sobre el sitio donde sufría los fuertes dolores, rezó con fe, y el arzobispo se mejoró en seguida” (Villanueva Sotomayor, 2003: 119). Estos dos casos, a modo de ejemplos, evidencian lo influyente que fue en su tiempo el humilde fraile dominico.

Un fraile en éxtasis. Por versión de conventuales dominicos, el fraile moreno se hacía invisible en ciertas circunstancias, principalmente tempano por la mañana de aquellos días antes de comulgar (Vargas Ugarte, 1983). Se ha testimoniado que, por su poder de bilocación (Cruz Prieto, 1960), “sin que saliera del convento lo veían llegar junto a la cama de los moribundos a consolarlos” (Villanueva Sotomayor, 2003: 119) y curó enfermos en México y Panamá (Valdés, 1951), en Argelia (Fumet, 1983). Asimismo, el testigo fray Jacome de Acuña refirió que acudió a sanar enfermos en bilocación en otros lugares del mundo: “los días de comunión se transportaba e iba a socorrer a los pobres enfermos y necesitados del Japón, Argel, China y Berbería (Norte de África) …” (Archivo Secreto Vaticano, vol. N° 1290, folios 59v-60v, citado por Peña, 2020: 66).

Ocaso de una vida sin tregua. La vida de fray Martín se caracterizó por su tenaz y explícito servicio a Dios como a su prójimo, especialmente a los seres vulnerables, convencido que el amor es la ley suprema. Una obra que se extendió a lo largo de 45 años, de los 60 que vivió. Su caridad convirtió al convento en hospital. Una caridad que “nacía de la unión íntima con Jesús y con María” (Benito Rodríguez, 2022: 25). Cuando enfermó por última vez, “no vacilaron en visitar la pobre celda del hermano dominico a fin de escuchar sus últimas palabras y recibir su bendición. El mismo virrey, conde de Chinchón, llegóse hasta su pobre lecho y de rodillas besó la mano de aquél” (Vargas Ugarte, 1983: 136). “Las últimas horas de Fray Martín siguieron bastante de cerca el camino habitual de una “buena muerte”.” (Cussen, 2016: 118). “Al entonar el Credo y llegar a las palabras et Homo factus est, acercó Martín el crucifijo a su boca y cerrando los ojos entregó su alma al Creador” (Vargas Ugarte, 1983: 138). Así fue la muerte y el tránsito celestial del hermano lego que vivió en santidad y cuya casa natal del barrio de Pachacamilla es al presente un oratorio muy concurrido.


Figura 2: Fray Martín de Porres, en éxtasis, venciendo la gravedad2


Canonización y milagros. El Santo Padre Juan XXIII destacó al beato Martín de Porres como una luz en la senda de la justicia social y la caridad universal, sin ningún distingo, es decir, aquel año de 1962 recibió el título papal de “Santo de la caridad universal”, caridad que significa ser solidario y estar al servicio del necesitado, del ser sufriente, puesto que “una de las expresiones más grandes de la caridad es el servicio, y el servicio al que está angustiado, al enfermo” (La Cruz, 1989: 46). Precisamente, en la Santa Misa de canonización, el 6 de mayo de 1962, el citado Santo Padre destacó al santo limeño como devoto de la vida armoniosa y pacífica, al igual que en su encíclica social Pacem in Terris (Jiménez Lozano, 1985).

El padre Rubén Vargas Ugarte destaca la presencia mundial del primer Santo mulato de América y paladín de la caridad, por los milagros que la gente ha recibido; “El mundo lo va entendiendo así y esto explica por qué Martín ha llegado a ser un santo mundial. En toda América, en Europa, Asia y África resuena su nombre y de todos lados se anuncian los favores obtenidos por su intercesión” (Vargas Ugarte, 1983: 161). “Su mansedumbre y caridad han conquistado el corazón de la gente, es uno de los Santos más venerados por toda clase de personas en el mundo entero” (Cuadros, 1989: 28). El caritativo Martín es “el Samaritano compasivo que levanta y devuelve la alegría de vivir al hombre caído en desgracia” (Álvarez Perca, 1989: 32). “Martín de Porres, en vida y después de muerto, hizo milagros por mayor con la facilidad con que otros hacen versos” (Villanueva Sotomayor, 2003: 117). Tal es la grandeza del santo peruano que ha logrado en la faz de la Tierra un admirable séquito de devotos.

Reconocimientos papales y otros. Acertada fue la actitud de Sumo Pontífice Juan XXIII cuando proclamó: “Fray Martín de la Caridad, Patrón de la justicia Social del Perú y del Mundo”; el Papa Pío XII lo declaró “Patrono de todas las obras de Justicia Social en el Perú” en 1962; también fue declarado “Patrono de primer orden de los Peluqueros y artes afines de Italia” por el Papa Pablo VI en 1966. Otras distinciones son: “Protector y patrón de las obras de justicia social” por Oscar R. Benavides (1933-1939), presidente peruano; “Patrono de la Educación Popular y de la Teleeducación en el Perú” por el Episcopado en 1962; “Patrono Internacional de la Paz” por ley promulgada por el gobierno peruano en 1989; y, Patrono del Colegio Químico Farmacéutico del Perú. Además, ha sido reconocido como el Patrón de Cáritas, de los enfermeros, del trabajador municipal, de los peluqueros, del gremio de la limpieza pública y de los hermanos cooperadores dominicos.

En 1959 fue fundada la “Casa Hogar San Martín de Porras” por el Convento de Santo Domingo para ofrecer servicios, como los que en vida ofreció el santo: caridad, asistencia social, asistencia médica y escuelas taller. Asimismo, es el patrono de distrito que lleva su nombre en Lima o en Cachicadán en La Libertad, es popular en la isla de Malta en el Mediterráneo o patrón oficial de la comunidad afrodescendiente del pueblo Garífuna en Izabal, Guatemala. Y con motivo del centenario de su beatificación, el padre Vargas Ugarte destacó: “Cuán generoso te muestras con los que a ti acuden ahora que eres más poderoso que cuando vivías entre nosotros”. (Vargas Ugarte, 1965: 67)

San Martín de Porres en la tradición iconográfica. La tradición iconográfica de Martín de Porres lo inmortaliza como el “Santo de la Escoba”, elemento que trasciende el oficio doméstico de barrendero para erigirse como un potente símbolo de humildad y servicio abnegado, recordando que cualquier trabajo es santificado. A sus pies, el popular suceso del perro, gato y ratón desayunando del mismo plato representa una hermosa alegoría de la armonía universal, simbolizando su capacidad prodigiosa para reconciliar naturalezas contrapuestas bajo la paz divina.

Su vestimenta con el hábito dominico, caracterizado por la túnica blanca con el escapulario negro del hermano cooperador, acentúa su pertenencia institucional y su identidad como hijo ilustre de la Orden de Predicadores (dominicos), donde fue primero donado, luego terciario y finalmente hermano cooperador o lego. Esta imagen condensa visualmente el ideal de un hombre que, desde la sencillez, alcanzó la plenitud espiritual y el reconocimiento eclesial a la par de una gran devoción popular que se extiende al acto fúnebre en el cementerio.

Devoción popular: El Cementerio “El Ángel” es un espacio histórico donde la gente deja constancia de su devoción a Cristo, a la Virgen María en sus diversas advocaciones, San Martín de Porres, el Señor de los Milagros, Santa Rosa de Lima y diversos(as) santos(as), incluida la Santa Cruz. Este campo santo fue consecuencia del crecimiento demográfico y urbano de Lima, siendo el presidente Odría quien inició su construcción en 1956 en el fundo Ancieta Alta y fue concluido en 1959 (Lazo, 2012), ubicándose en frente del primer cementerio de Lima que fue inaugurado en 1808 (Repetto Málaga, 2018).

Con ayuda de fichas se recogieron datos sobre representaciones iconográficas en los nichos de la muestra, en cuanto a la devoción manifiesta en el Cementerio “El Ángel”. Los resultados se presentan en seguida:


Tabla 1

Devoción en tumbas de difuntos del Cementerio “El Ángel” de Lima, 2025.3

Imágenes en nicho

Frecuencias absolutas

%

Advocaciones de la Virgen María

229

22.9

Representaciones de Jesús

138

13.8

San Martín de Porres

100

10.0

Señor de los Milagros

82

8.2

Santa Rosa de Lima

12

1.2

Representaciones de otros santos

40

4.0

Cruz y/o foto del difunto

330

33.0

No cuenta o en blanco

69

6.9

Total

1000

100


Con base en la tabla 1, puede observarse que la devoción en el Cementerio “El Ángel” revela una religiosidad predominantemente mariana y cristocéntrica, pues las advocaciones de la Virgen María (22.9%) y las representaciones de Jesús (13.8%) encabezan las preferencias iconográficas. No obstante, destaca la presencia significativa de San Martín de Porres (10%), lo que confirma su arraigo en el imaginario popular limeño como intercesor cercano y santo identitario.

El Señor de los Milagros (8.2%) refuerza la centralidad de las devociones locales de fuerte contenido histórico-cultural. La elevada proporción de cruces y/o fotografías (33%) evidencia una expresión más sobria y familiar de la memoria funeraria, donde la identidad del difunto prima sobre la mediación iconográfica. El 6.9% sin imágenes sugiere prácticas menos ritualizadas o de menor énfasis simbólico. En conjunto, la tabla muestra una religiosidad popular híbrida: institucional en sus referentes, pero profundamente afectiva en su expresión.

Se observa que la presencia de San Martín de Porres no se inclina hacia un género en particular, ni la edad, ni el nombre de los difuntos, ni es más frecuente en periodo en particular. Respecto de las imágenes, aproximadamente en un 10% de nichos, la imagen del santo está esculpida en bajo relieve en la lápida, y en la diferencia se encuentran pequeñas estatuas sobre puesta, móviles, inclusive estampitas.


Tabla 2

Devoción en tumbas de difuntos del Cementerio “El Ángel” de Lima, 20254

Imágenes en nicho

Frecuencias absolutas

%

Virgen del Carmen

192

19.2

San Martín de Porres

100

10.0

Señor de los Milagros

82

8.2

Corazón de Jesús

41

4.1

Advocaciones de la Virgen María

37

3.7

Jesús Eucaristía

35

3.5

Jesús Nazareno

27

2.7

Rostro de Jesús

18

1.8

Jesús Crucificado

17

1.7

Santa Rosa de Lima

12

1.2

Otras imágenes/ representaciones

40

4.0

Cruz y/o foto del difunto

330

33.0

No cuenta o en blanco

69

6.9

Total

1000

100


Según la tabla 2, las observaciones más frecuentes en tumbas de difuntos del Cementerio “El Ángel” corresponden a la imagen mariana de la Virgen del Carmen con un porcentaje del 19.2%, seguido de Martín de Porres con un 10% y el Patrono Jurado de Lima, el Señor de los Milagros, con el 8.2%. La devoción a la Virgen del Carmen está asociada a su promesa de salvación eterna, vinculada al escapulario que fue entregado a San Simón Stock con la promesa de que quien muriera llevándolo no padecería el “fuego del infierno”. En tanto que, el Santo Moreno goza de reconocimiento de la gente por ser un cúmulo de valores, como armonía. La imagen martiniana en las tumbas se evidencia en estampados, figuras en bulto, figuras en relieve, dibujos, siluetas, entre otras, luce en todos los casos de la muestra con la alegoría de armonía universal.

Las imágenes del Sagrado Corazón de Jesús, la Virgen María, Jesús Eucaristía, Jesús Nazareno, Jesús (rostro), Jesús crucificado y Santa Rosa de Lima presentaron porcentajes del 1.2% hasta el 4.1%; sin embargo, las imágenes de la Virgen de la Puerta, Virgen de Guadalupe, Virgen Dolorosa, Virgen de Cocharcas, Virgen de Fátima, Virgen de las Mercedes, San Judas Tadeo, San José, San Pedro, Niño Jesús de Praga, Santiago Apóstol, San Juan Pablo II y otros no alcanzan individualmente el 1% y todos ellos en total asciende sólo al 4%. Llama la atención que la tercia parte de las tumbas (33%) cuenta con un dibujo llano de una cruz o la foto del difunto; mientras el 6.9% no presenta ninguna imagen, solo textos con los datos particulares del difunto.








Figura 3: Representaciones iconográficas de San Martín de Porres en el Cementerio “El Ángel” de Lima, Perú, 20255



En lo referente a San Martín de Porres, las imágenes se presentan de distintas formas: en bulto de 12 a 15 cm aproximadamente como parte de la lápida; en relieve en las lápidas de mármol; en cuadros estampa con marco; dibujos sencillos sobre la tapa del nicho que no cuentan con lápida y hasta en estampitas junto a las flores colocadas delante del nicho. Solo en tres casos las imágenes del Santo Moreno comparten la misma tumba con el Señor de los Milagros, Santa Rosa de Lima u otros, que responde también a la devoción del difunto y/o los familiares a los dos santos limeños y al “Patrón Jurado de Lima”, que se aprecia en la tercera ubicación en las muestras de fe en el cementerio, luego del Santo de la Caridad y de Nuestra Señora de Monte Carmelo.

La variedad material de las imágenes de San Martín de Porres permite interpretar diferentes niveles de permanencia y apropiación devocional en los nichos. Las figuras esculpidas parecen integrarse de modo estable a la memoria funeraria, mientras que las pequeñas esculturas móviles, dibujos sencillos o estampitas explican prácticas más flexibles, afectivas y renovables de devoción familiar. Por ello, no basta con registrar la presencia del santo; también es necesario considerar el soporte, la ubicación y la forma de la imagen, pues estos elementos evidencian cómo la religiosidad popular transforma el nicho en un espacio de memoria, protección e intercesión.

En este contexto, la imagen martiniana no debe leerse solo desde la hagiografía del santo, sino desde su uso concreto en el espacio funerario. La escoba, el hábito dominico y la escena de armonía entre animales, que por su naturaleza están listos para atacarse, son atributos visuales reconocibles que identifican al santo limeño; sin embargo, en los nichos parecen operar principalmente como signos de cercanía, gratitud y amparo espiritual. Así, la devoción a San Martín de Porres se actualiza en la relación entre los vivos y el difunto, más que como una adhesión explícita a todos los significados doctrinales asociados a su vida, como justicia social, ecología o armonía universal.

Las distintas imágenes de San Martín esculpidas en el mármol de la lápida o en bulto, son colocadas, generalmente, al recordar el primer aniversario de fallecimiento del difunto. Es el encargo al santo que hace los familiares del difunto para que los proteja, según versión de los entrevistados. En menos de cinco casos de los 100, como se aprecia en la figura 4, el santo limeño comparte escenario con otras imágenes sagradas.

De este modo, la imagen de San Martín de Porres se configura como un signo de cuidado espiritual que acompaña al difunto sin distinción de ningún tipo y ofrece consuelo a los vivos. Su presencia reafirma la creencia en una comunidad de fieles que vincula a vivos y muertos bajo el amparo divino, aunque esta función protectora es compartida por otras imágenes católicas presentes en el Cementerio El Ángel.





Figura 4: Representaciones iconográficas de San Martín de Porres junto a otras imágenes en el Cementerio “El Ángel” de Lima, Perú, 20256


Un caso curioso en la muestra es el hecho de no encontrar en el rubro ‘otras imágenes/ representaciones’ a los connotados santos peruanos: Toribio Alfonso de Mogrovejo, Francisco Solano, Narcisa de Jesús y Juan Macías. Todos ellos no nacieron en el Perú, como Santa Rosa de Lima y San Martín de Porres, pero desarrollaron su apostolado es esta “tierra ensantada” (Benito Rodríguez, 2022). Los cuatro santos de nacionalidad foránea, si bien tienen numerosos devotos, se observó en la muestra que no fueron plasmados en la tumba de los difuntos en el Cementerio “El Ángel”, lo que podría indicar tal vez un sentimiento de nacionalismo, como indicó un informante marmolista.

Algunas personas entrevistadas, familiares de difuntos devotos de San Martín de Porres, destacaron que el hecho de colocar imágenes del santo de la escoba en las tumbas está motivado en su fe y en la fe del difunto, en razón de diferentes favores y milagros. Un informante adulto refirió que el santo curó a su esposa en dos ocasiones, cuya inusual imagen en bulto de Martín con un niño pobre fue llevada a su tumba. Una informante adulta refirió que en su casa hubo un incendio y que el fuego se detuvo cuando llegó a la imagen de San Martín, evitando que se destruya toda la vivienda. Una informante indicó que colocaron la imagen para la protección de su hermano porque su madre era devota.

En opinión de dos maestros marmoleros que tienen sus talleres en el ingreso al camposanto, uno indicó que las imágenes más demandadas por la gente para ser trabajadas en las lápidas de sus familiares son: “la Virgen del Carmen, el Señor de los Milagros, San Martín de Porres y el Señor Eucaristía”, que es por la devoción que le tienen, testimonio que concuerda con las cifras de las tablas 1 y 2; en tanto que, el segundo, más pragmático, refirió que “San Martín de Porres está entre los más comerciales porque es peruano” y se talla en lápidas de distintos precios según nivel socioeconómico, lo que indica que es uno santo muy venerado en los diversos estratos sociales (Cuadros, 1989).

En el Cementerio “El Ángel”, la sacra efigie de San Martín de Porres en las tumbas funciona como un signo de intercesión y amparo para los difuntos. Su figura, asociada a la humildad del “Santo de la Escoba” y al patronazgo de la justicia social, canaliza la petición de misericordia y cuidado espiritual, principalmente entre familias de sectores populares. A la vez, su reconocimiento como enfermero y sanador refuerza su valor como símbolo de protección y gratitud, pues se le invoca para acompañar el tránsito del fallecido y expresar la memoria de favores recibidos en vida.

En un plano sociocultural, esta devoción también cumple una función de identidad y pertenencia, ya que el Santo Moreno representa integración y dignificación de sujetos históricamente subalternizados; por eso, su presencia en la tumba reafirma vínculos con las raíces populares y con la fe peruana. También, la alegoría de la armonía proyecta un deseo de reconciliación y paz eterna, convirtiendo el nicho en un pequeño altar doméstico donde la memoria familiar se articula con una esperanza religiosa compartida. Que el mensaje de la vida y obra del fray Martín sea una lección para todas las generaciones que anhelan una nueva sociedad.

Desde el ámbito de la semiótica cultural, las imágenes de San Martín de Porres presentes en los nichos del Cementerio “El Ángel” pueden comprenderse como textos visuales inscritos en la semiosfera limeña (Lotman & Clark, 2005), donde cada elemento iconográfico (la escoba, el hábito dominico, la tríada perro-gato-pericote) funciona como unidad significante dentro de un sistema cultural compartido. En términos de Eco (1976), la imagen martiniana opera simultáneamente como ícono, por su semejanza figurativa con el personaje histórico; como símbolo, por la codificación cultural que asocia la escoba con humildad y servicio; y como signo abierto a múltiples interpretaciones según el horizonte de expectativas del espectador. La frecuencia de estas imágenes en el espacio funerario no es arbitraria, ya que responde a diversos códigos de religiosidad popular que organizan la experiencia de la muerte con referentes visuales socialmente legitimados.

En la perspectiva de Hall (1997), estas representaciones no solo reflejan una creencia previa, sino que producen significado al activar narrativas de justicia social, identidad popular e intercesión espiritual en un contexto de memoria colectiva. El nicho se transforma así en un dispositivo semiótico donde la imagen del santo media entre el mundo de los seres vivos y el de los muertos, articulando de este modo la fe con la pertenencia cultural. Desde la hermenéutica de Ricoeur (2004), puede afirmarse que la figura martiniana es reconfigurada en cada acto de emplazamiento iconográfico, pues el símbolo no se agota en su referencia histórica, sino que se actualiza como promesa de protección y reconciliación ante la finitud humana. De este modo, el cementerio emerge como espacio de producción simbólica donde la devoción popular resignifica la memoria, convirtiendo la figura martiniana en un signo activo frente a la muerte.

En suma, la iconografía de San Martín de Porres registrada en el Cementerio “El Ángel” evidencia que el espacio funerario funciona como un escenario de producción simbólica donde la devoción popular organiza sentidos de memoria, identidad y amparo (Lazo, 2012; Bubík et al., 2023). Desde la semiótica cultural, estas imágenes operan como “textos” insertos en una semiosfera local que activa códigos compartidos para leer la escoba, el hábito y la alegoría de la armonía como signos socialmente estabilizados (Lotman & Clark, 2005; Eco, 1976). Tales representaciones no solo reflejan creencias, sino que producen significado al articular narrativas de pertenencia y justicia simbólica en la cultura popular (Hall, 1997). En clave hermenéutica, el símbolo se actualiza en cada emplazamiento iconográfico, pues se reinterpreta y reconfigura ante la experiencia de la muerte y el duelo (Ricoeur, 2004). Así, la devoción martiniana se sostiene como memoria cultural activa y como respuesta social situada, en diálogo con dinámicas contemporáneas de religiosidad en Lima (Amador et al., 2025). En conjunto, los hallazgos respaldan que la lectura semiótica del repertorio funerario permite comprender cómo fe, afectividad y cultura visual se entrelazan en prácticas devocionales vigentes (Bubík et al., 2023).


Conclusiones


La presencia de imágenes y símbolos asociados a San Martín de Porres en los nichos del Cementerio “El Ángel” evidencia la persistencia de la religiosidad popular como una forma de expresión cultural profundamente arraigada en la sociedad limeña. La iconografía martiniana presente en los espacios funerarios revela que la devoción hacia el santo no se limita al ámbito litúrgico o institucional de la Iglesia Católica, sino que se proyecta en prácticas cotidianas de fe donde los familiares depositan expectativas de protección espiritual, intercesión y consuelo ante la pérdida de sus seres queridos.

Desde una perspectiva semiótica, las representaciones iconográficas vinculadas a San Martín de Porres funcionan como signos culturales que condensan significados éticos y espirituales asociados a su figura histórica, tales como la humildad, el servicio y la solidaridad con los más necesitados. Elementos simbólicos como el hábito dominico, la escoba o la presencia de animales constituyen códigos visuales que remiten a la memoria colectiva sobre la vida y obra del santo, configurando un sistema simbólico que articula tradición religiosa, identidad cultural y prácticas devocionales en el contexto urbano.

El estudio confirma que los espacios funerarios pueden interpretarse como escenarios privilegiados para comprender manifestaciones simbólicas de la religiosidad popular y procesos de construcción de memoria cultural. La articulación metodológica entre análisis documental, observación de campo y lectura semiótica permitió evidenciar cómo las representaciones religiosas presentes en los nichos expresan significados que trascienden la dimensión estética o decorativa, constituyéndose en testimonios culturales de la relación entre fe, identidad y memoria social en el Perú contemporáneo. De este modo, la fe en el Santo Moreno se convierte en guía hacia la paz eterna, simbolizada en la alegoría de la armonía (perro, pericote y gato comiendo en un solo plato), que se traslada al descanso eterno como un deseo de que el alma encuentre la paz absoluta y la reconciliación en el Reino de Dios.

En definitiva, San Martín de Porres, a la luz de las cifras previas constituye una figura destacada en el imaginario popular de un sector de la población, siendo identificado como un fraile milagroso, servicial, justiciero, enfermero, ecologista, caritativo, amante de la paz y la solidaridad, etc., y que como un personaje de la Historia debería extenderse a toda la sociedad y convertirse en un derrotero de una educación en servicio. Se recomienda que, desde el sistema educativo, al innovar los currículos, y tomar su vida y su obra como “un verdadero ejemplo para todos” (Peña, 2010), que contribuya al hecho de generar conciencia en el cuidado de la casa común, tal como se exhorta la Encíclica papal (Francisco, 2015), y en un ambiente de solidaridad y armonía (Del Busto Duthurburu, 2006), en un tiempo con aumento de desavenencias.





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1 Fuente: Convento de Santo Domingo de Lima. Fotografía del autor (JEG)

2 Fuente: Convento de Santo Domingo de Lima. Fotografía del autor (JEG)

3 Nota: Luego de las imágenes de Virgen María y Jesús, las imágenes del santo peruano son las más frecuentes. Elaboración de los autores.

4 Nota: Presentación ampliada de la tabla 1. Elaboración de los autores.

5 Nota: La iconografía de San Martín de Porres con la alegoría de la armonía es variada: en bulto, relieve, estampado, dibujo, etc., cuando aparece solo en el nicho. Responde a la clase social del difunto, de ahí los casos en que una sencilla silueta basta para evidenciar la fe en el Santo Mulato.

6 Nota: La iconografía de San Martín de Porres que aparece acompañado en pocas ocasiones, con la Virgen del Carmen, Santa Rosa de Lima, el Niño Jesús, San Antonio de Padua, entre otros.

José Esquivel Grados y Clotilde Venegas Mejía

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