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Filópolis en Cristo N° 6 (2026) 213-220
ISSNL 3008-8844
Recensión
El segundo, aborda “La metodología: ver, juzgar y actuar”. El au-
tor explica en este lugar los pasos que el estudio y, especialmente,
la difusión de la Doctrina Social de la Iglesia deben seguir para ser
fructíferas. Destacamos, en particular, el carácter cristocéntrico que
Lydon McHugh reconoce al momento del “juicio”: “El segundo paso
es iluminar esta realidad con nuestra fe, la luz que nace de las en-
señanzas de Jesús y nos indica cómo Dios quiere que vivamos en
delidad a su plan” (p. 31).
Luego de la Introducción, el texto se despliega a lo largo de 18
capítulos que se abren con un estudio titulado: “La exigencia bíbli-
ca: por qué la Iglesia se preocupa de la cuestión social”, que opera
como un pórtico general. Explicando cuál es “El rol de la Iglesia
en la sociedad”, el autor muestra que muchos son los documentos
publicados desde León XIII en adelante, los que “reejan contextos
en constante cambio. Como la realidad va cambiando, la reexión
sobre esta, a la luz de la fe, también necesita una nueva mirada. Por
ello, cada documento es diferente, pero con líneas conductoras que
son constantes” (p. 36).
La centralidad de Cristo y su misión, continuada por la Iglesia, son
destacadas por Lydon McHugh: “La comunidad de fe se guía, preci-
samente, por lo que enseñó Jesucristo, ya que la Iglesia existe para
continuar su misión en la historia de hoy. Las críticas, que pueden
venir tanto del marxismo como de la losofía liberal, simplemente no
responden a la visión y misión (cosmovisión) de la Iglesia y el rol de
la fe en la historia” (p. 37). Y sigue: “ciertamente, todo cristiano cree
en la vida eterna, la plenitud del Reino de Dios que solo se realizará
de forma plena al nal de la historia, cuando todo se encuentre en
Cristo ‘para recibir nuestra parte en la herencia reservada a los san-
tos es un reino de luz’ —Col 1, 12 y 19—. Pero esta mirada al reino en
plenitud no puede desviarnos del reino que ya acontece en la historia.
La Ciudad de Dios -es decir el reino al nal de la vida- nos impulsa y
nos dirige a construir la ciudad de los hombres y mujeres en el aquí y
ahora” (pp. 38-39).
Mostrando la permanente atención de la Iglesia a los “signos
de los tiempos” y su constante fuerza de renovación para poder
responderlos, señala la importancia de la continuidad doctrinal: