Filópolis en Cristo N° 6 (2026) 213-220
ISSNL 3008-8844
Recensión
Lydon McHugh, John Joseph, La Doctrina Social de la Iglesia. Su
historia y enseñanzas, Lima, Fondos Editoriales de la Universidad
Católica de Trujillo Benedicto XVI y de la Ponticia Universidad Ca-
tólica de Perú, 2024, 402 pp., ISBN 09786123179564.
En 2024, el sacerdote oriundo de Toronto, en la Canadá inglesa,
John Joseph Lydon McHugh, miembro de la Orden de San Agustín,
publicó en Perú el libro Doctrina Social de la Iglesia. Su historia y
enseñanzas. La obra tiene una relevancia singular por un doble mo-
tivo: el primero, el texto en sí mismo, y en tanto es el resultado de
un esfuerzo intelectual meritorio, en el que el autor, sostenido en su
vasta experiencia académica y pastoral, ofrece una síntesis personal
de su comprensión de la enseñanza social católica a la que expone re-
corriendo sus diferentes hitos históricos, y la presenta en una lograda
exposición sistemática.
Pero además del valor propio del libro en sí mismo, la obra tiene
otro motivo que la hace destacable. Y es su Prólogo y Quien lo escri-
be: se trata de otro sacerdote agustino, amigo del autor, con quien ha
compartido muchos años, décadas, de apostolado común en el norte
de Perú, a donde ambos fueron enviados por sus superiores. A dife-
rencia del autor (Lydon McHuhg), que es —como decíamos—, cana-
diense, el Prologuista es norteamericano, nacido en Chicago, Illinois.
Se trata de Robert Prevost, quien al momento de escribir el Prólogo
acababa de ser creado Cardenal por el Santo Padre, el Papa Francis-
co, quien años antes lo hiciera primero Obispo y, luego, Prefecto de la
Congregación de los Obispos. Y que pocos meses después de prologar
el libro, el 8 de mayo de 2025 (Festividad de la Virgen de Luján, en
Argentina), fue elegido por el Cónclave de Cardenales como Sucesor
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de Pedro. Desde entonces, ocupa la Sede Romana en lugar de Fran-
cisco, como León XIV.
La obra de Lydon McHugh
El P. Lydon McHugh obtuvo en 1977 el bachillerato en Ciencias
Políticas y Educación Secundaria en la Universidad de Villanova,
Pensilvania, y en 1978 ingresó al Seminario de la Orden de San Agus-
tín, donde se graduó como Magíster en Teología en 1983. Fue orde-
nado sacerdote en 1984 y recibió el Doctorado en Misionología por la
Universidad Gregoriana de Roma. Desde enero de 1983, ha trabaja-
do apostólicamente en el Perú, país donde ha sido profesor ordinario
en la Facultad de Teología y del Seminario San Carlos y San Marcelo
de Trujillo, sirviendo también en parroquias de Chulucanas, Trujillo
y Pacasmayo. Fue Superior Mayor de los Agustinos del Vicariato de
Chulucanas en tres ocasiones y Secretario General de la Organización
de Agustinos de Latinoamérica (OALA) en dos periodos. En abril de
2016 fue nombrado Rector de la Universidad Católica de Trujillo,
función que ejerció hasta febrero de 2022.
La obra que comentamos, consta de una Introducción que pivota
sobre dos pilares: El primero se titula “Hacia la Civilización del Amor”,
indicando el horizonte de la Doctrina Social de la Iglesia. Reriéndose
a él, dice el autor: “Hay un ideal que está construido en delidad a
nuestras relaciones de amor con la creación, con otras personas y con
Dios. El Papa Pablo VI lo llamó ‘la civilización del amor’ y vale la pena
soñar sobre su manifestación en el mundo de hoy. San Agustín utilizó
la frase ‘Ciudad de Dios’ para describir la misma realidad… La civi-
lización del amor, o la Ciudad de Dios, es un mundo donde estamos
plenamente realizados, un mundo de justas relaciones entre todos,
un mundo donde ya no hay pobres cada vez más pobres mientras hay
ricos cada vez más ricos, un mundo donde la justicia y la paz se besan
-Sal 85:11-” (pp. 28-29). Esa nalidad es la que motiva la interven-
ción del magisterio en las problemáticas sociales: “Desde hace más de
100 años la Iglesia ha tratado de reexionar de manera más explícita
sobre esta exigencia de construir la Ciudad de Dios en la tierra de los
hombres y mujeres de hoy” (pp.29-30).
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El segundo, aborda “La metodología: ver, juzgar y actuar”. El au-
tor explica en este lugar los pasos que el estudio y, especialmente,
la difusión de la Doctrina Social de la Iglesia deben seguir para ser
fructíferas. Destacamos, en particular, el carácter cristocéntrico que
Lydon McHugh reconoce al momento del “juicio”: “El segundo paso
es iluminar esta realidad con nuestra fe, la luz que nace de las en-
señanzas de Jesús y nos indica cómo Dios quiere que vivamos en
delidad a su plan” (p. 31).
Luego de la Introducción, el texto se despliega a lo largo de 18
capítulos que se abren con un estudio titulado: “La exigencia bíbli-
ca: por qué la Iglesia se preocupa de la cuestión social”, que opera
como un pórtico general. Explicando cuál es “El rol de la Iglesia
en la sociedad”, el autor muestra que muchos son los documentos
publicados desde León XIII en adelante, los que “reejan contextos
en constante cambio. Como la realidad va cambiando, la reexión
sobre esta, a la luz de la fe, también necesita una nueva mirada. Por
ello, cada documento es diferente, pero con líneas conductoras que
son constantes” (p. 36).
La centralidad de Cristo y su misión, continuada por la Iglesia, son
destacadas por Lydon McHugh: “La comunidad de fe se guía, preci-
samente, por lo que enseñó Jesucristo, ya que la Iglesia existe para
continuar su misión en la historia de hoy. Las críticas, que pueden
venir tanto del marxismo como de la losofía liberal, simplemente no
responden a la visión y misión (cosmovisión) de la Iglesia y el rol de
la fe en la historia” (p. 37). Y sigue: “ciertamente, todo cristiano cree
en la vida eterna, la plenitud del Reino de Dios que solo se realizará
de forma plena al nal de la historia, cuando todo se encuentre en
Cristo ‘para recibir nuestra parte en la herencia reservada a los san-
tos es un reino de luz’ —Col 1, 12 y 19—. Pero esta mirada al reino en
plenitud no puede desviarnos del reino que ya acontece en la historia.
La Ciudad de Dios -es decir el reino al nal de la vida- nos impulsa y
nos dirige a construir la ciudad de los hombres y mujeres en el aquí y
ahora” (pp. 38-39).
Mostrando la permanente atención de la Iglesia a los “signos
de los tiempos” y su constante fuerza de renovación para poder
responderlos, señala la importancia de la continuidad doctrinal:
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“examinar lo que nos aporta la fe a esta realidad signica que ne-
cesitamos documentos ‘siempre nuevos’. Pero las raíces de estas
reexiones, los hilos conductores o lo que se puede llamar ‘princi-
pios iluminadores de la fe’, brotan del mismo Evangelio y sus va-
lores y por eso son ‘siempre antiguos’”. Y continúa: “Así, mientras
que las reexiones a lo largo de la doctrina social son nuevas, se
mantienen eles a la tradición y valores evangélicos, garantizando
que no sean reexiones uctuantes, imprecisas o sólo una opinión
más” (p. 38).
Emplazado en la centralidad de Cristo y en la continuidad doc-
trinal de la enseñanza eclesial, el autor despliega su discurso pro-
poniendo inmediatamente una secuencia histórico-doctrinal que
transita por el magisterio pontical desde León XIII hasta Fran-
cisco (pasando por el Concilio Vaticano II), con un capítulo dedi-
cado a cada documento social analizado. Este recorrido culmina
abordando “El aporte latinoamericano a la Doctrina Social de la
Iglesia” en el período 1968-2022, en el que estudia los Documen-
tos de Medellín, Puebla, Santo Domingo y Aparecida, para llegar a
Querida Amazonia de Francisco. Dichos capítulos, que se exponen
con una destacable claridad expositiva, tienen la misma estructura
interna, lo que facilita su lectura individual y su estudio compa-
rativo: 1. Contexto, 2. Aportes del texto. 3. Orientaciones para la
Acción. 4. Preguntas para la reexión.
El último capítulo del libro es el de las “Conclusiones: principios
y criterios de la doctrina social”, en el que expone sobre la dignidad
humana y el respeto absoluto a los derechos humanos universales, el
derecho al trabajo y la protección de los trabajadores, el bien común,
el destino universal de los bienes, la opción preferencial por los po-
bres, el cuidado de la creación, la subsidiariedad, la participación en
la construcción de la sociedad, la necesidad de reconocer la existencia
de pecados sociales o estructuras de pecado, la solidaridad, la paz y la
justicia y la comunión.
Acompañan al texto dos Anexos. El primero sobre “La economía
de Francisco en el mundo de los jóvenes”, y el segundo sobre “El na-
cimiento de la doctrina social”. Cierra el libro un apartado dedicado
a la Bibliografía.
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El Prólogo y el Prologuista
Señalamos al principio que eran dos los motivos que hacían im-
portante el libro. El primero, el texto en sí mismo. El segundo motivo
se vincula con el Prólogo, que no sólo nos introduce en la obra, sino
que, además, nos permite conocer algunas de las ideas del Prologuis-
ta sobre la Doctrina Social de la Iglesia, expuestas antes de ser Papa.
En sus reexiones prologales, Prevost no se limita a escribir unas
cuantas líneas de compromiso para congraciarse o satisfacer al ami-
go, como suelen hacer algunos invitados a presentar un libro. Por el
contrario, se toma muy en serio el rol de prologuista y escribe varias
páginas en las que propone algunas ideas de su propia cosecha sobre
la comprensión de la Doctrina Social de la Iglesia. Y esto le da un gran
valor. A su prólogo y al libro.
Prevost titula al Prólogo “¿Qué podemos aprender de una ‘Doc-
trina Social de la Iglesia Católica’?”. De ese título se desprende su in-
tención de distinguir y vincular el acto del aprendizaje con un objeto
especíco, en este caso, la enseñanza social católica. Por eso dice
que “la doctrina social de la Iglesia se aprende, y se aprende algo que
está más allá de simples deniciones o conceptos para responder y
salir al paso ante cuestiones polémicas o urgentes socialmente. El
aprendizaje que nos proporciona el estudio sereno de la doctrina
social de la Iglesia no va tanto a la memoria para aprender cosas que
no deben ser olvidadas, sino al modo de acercarnos a la sociedad y
a las personas” (p. 20).
Pero ese aprendizaje tiene escollos. El primero que destaca Prevost
es el nombre “doctrina”. Que muchas veces es mal entendido. Por lo
que se preocupa por explicar su auténtico sentido, reconociendo, de
ese modo, la legitimidad de su utilización para referirse al magisterio
social cristiano. Despejado y justicado el uso de la palabra doctrina
se trata de enfrentar otro problema quizá más serio: “Se trata del su-
jeto que realiza dicha reexión: la Iglesia Católica. ¿Cómo podemos
justicar que la Iglesia asuma como parte de su misión dar respuestas
a cuestiones sociales?” (p. 22).
Formulada la pregunta, que esconde muchas veces un cuestio-
namiento, dice: “La respuesta de la Iglesia está motivada como res-
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puesta a otras dos respuestas. Esto quiere decir que la respuesta de
la Iglesia es algo así como una contra respuesta. Por un lado, res-
ponde al marxismo y, por otro, al liberalismo. Ahora bien, la razón
por la que la Iglesia asume la función de responder a estas dos ideo-
logías socioeconómicas y políticas es la de recordar al mundo que no
podemos caer bajo el predominio ideológico, sea cual fuera la ideo-
logía en cuestión. Toda ideología, por perfecta que parezca, termina
degenerando en una utopía de la que el hombre no sale ileso. Una
utopía que lo lleva a luchar o bien por hacer que todos sean iguales,
o bien por lograr el propio benecio egoísta a pesar de la muerte de
su propio hermano” (p. 23).
De ahí que la Iglesia no se limite a criticar las ideologías marxista
y liberal, sino que ofrezca su propia enseñanza como alternativa su-
peradora: “Esta es la motivación de la Iglesia: crear conciencia moral,
con criterios morales, con principios éticos auténticos, respetando el
juicio crítico de cada individuo y la autonomía de los pueblos y sus
gobiernos” (p. 23). Pero la respuesta de la Iglesia no es una pieza de
museo, sino algo vivo, que toma en cuenta los cambios de las socie-
dades y de los tiempos históricos: “Las situaciones exigen un nuevo
análisis y una serena respuesta. La Iglesia en su doctrina social ha sa-
bido acercarse a los problemas y también ahora debe hacerlo” (p. 24).
Estableciendo un criterio fundamental para precisar la cuestión
gnoseológica y epistemológica, expresa: “El desafío es saber acercar-
se a los temas sociales y aprender que no es la teoría la que hace la
realidad, sino al revés: es la realidad la que funda la teoría. La teoría
es posterior a la realidad y, como tal representa una respuesta. La
doctrina social de la Iglesia con toda la rigurosidad que presenta, no
puede pretender ser una respuesta de aceptación universal, eso sería
utópico. Solamente puede pretender ser una respuesta que respete la
realidad y que se acerque de manera adecuada a ella, desde los prin-
cipios y criterios más saludables y oportunos” (p. 24).
Estas precisiones le permiten señalar la naturaleza teológico moral
del magisterio eclesial sobre cuestiones temporales: “La doctrina social
de la Iglesia busca ser una luz para poder mirar mejor y con mayor am-
plitud las cuestiones sociales más urgentes. Ciertamente una parte de
la reexión de la Iglesia no dejará de ser en algunos aspectos teológica,
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pero ese no es su rasgo esencial. La doctrina social de la Iglesia no es
una teología de los problemas sociales, sino un análisis ético conforme
a la realidad concreta de esas mismas cuestiones” (p. 25).
Finalmente, Prevost, cerrando sus reexiones, se pregunta quié-
nes son los destinatarios de la Doctrina Social de la Iglesia, y com-
partiendo la opinión de Lydon McHugh expuesta en el libro, expresa
de su parte: “el mundo universitario es en potencia la sociedad del
futuro. Un reejo de lo que es la sociedad actual y de lo que será en
el futuro es el mundo juvenil universitario. Por eso, tomar la decisión
de dirigir las reexiones eclesial sobre los temas sociales a los jóvenes
universitarios me parece la elección más acertada que se pueda hacer
con la doctrina social de la Iglesia que ahora les presentamos. En la
conciencia de los jóvenes se gestan las futuras decisiones políticas. En
la conciencia de los jóvenes se forman las futuras relaciones familia-
res. En la conciencia de los jóvenes se despiertan los nuevos ideales
hacia los que una sociedad se animará a caminar. En la conciencia de
los jóvenes universitarios descansa un transformador social, un artis-
ta, una madre, un padre, un dirigente político, una luchadora por los
derechos aún no reconocidos, etcétera. En la conciencia de los jóve-
nes universitarios se cuece la siguiente sociedad. Dirigirse a ellos para
enseñarles a acercarse al mundo con todos sus problemas sociales me
parece una labor del más alto valor” (p. 26).
El libro de McHugh, el prólogo de Prevost y el magisterio
de León XIV
Sin duda que sin el prólogo del Cardenal Prevost el libro de Lydon
McHugh habría tenido un riguroso trato académico, habría sido leído,
comentado, estudiado, como sucede con los textos sobre la disciplina.
Pero el hecho de tener el Prólogo escrito por quien hoy es el Romano
Pontíce León XIV, le da un valor adicional, absolutamente único.
Porque sus palabras no se limitan a ser un pórtico de la obra, sino que
se extienden, proyectándose sobre su propia enseñanza, ahora como
Sumo Pontíce.
El libro de Lydon McHugh y el Prólogo de Prevost, son una oca-
sión adecuada para observar una de las propiedades de la DSI sobre
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las que el magisterio insiste: lo que llama “continuidad doctrinal” (cf.
Benedicto XVI, Caritas in Veritate, n. 12). Y también para reexio-
nar, en relación a ella, sobre las “fuentes” de la enseñanza social ca-
tólica. Porque el Prólogo de Prevost, sin ser magisterio (aunque está
escrito por un Obispo y Cardenal en comunión con Pedro), no es sólo
el texto de un autor como cualquier otro, al que los Papas consultan
en algún punto de su enseñanza, sino que está elaborado por quien
meses luego de redactarlo se haría cargo de la Cátedra de Pedro.
Y en esa dirección, es también una invitación para iniciar el estudio
de la inuencia del pensamiento pre-pontical de Robert Prevost sobre
el magisterio social de León XIV, en el marco del gran proyecto que
proponemos desde el Instituto Enrique Shaw, titulado: “Caminos que
conducen a Roma”, que involucra a Karol Wojtyla/San Juan Pablo II,
Joseph Ratzinger/Benedicto XVI y Jorge Bergoglio/Francisco.
Ricardo von Büren
Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino
ricardo.vonburen@unsta.edu.ar
ORCID: https://orcid.org/0009-0006-6548-997X
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