Filópolis en Cristo N° 6 (2026) 199-204
ISSNL 3008-8844
Enrique Shaw y la Magnica Humanitas
El empresario cristiano como custodio de la persona
en la era de la inteligencia articial1
Pablo Tomás Lamas
Ponticia Universidad Católica Argentina (UCA)
ORCID 0009-0007-9687-3111
El 25 de mayo de 2026 el Papa León XIV publicó la encíclica Mag-
nica Humanitas, la primera carta magna ponticia dedicada ínte-
gramente al desafío de la inteligencia articial. Su subtítulo lo dice
todo: “Sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la in-
teligencia articial”. El documento señala que uno de los riesgos ma-
yores del momento no es la tecnología en sí, sino el hecho de que un
poder de alcance civilizatorio sin precedentes se concentre en manos
privadas, sustrayéndose así a cualquier control institucional. Ante ese
diagnóstico, la pregunta que surge de inmediato es moral: ¿qué tipo
de persona debe estar al frente de estas estructuras de poder? ¿Qué
valores, qué virtudes, qué visión del ser humano debe encarnar quien
toma decisiones en estas realidades? ¿Qué tipo de empresarios deben
implementar esto en sus empresas? La encíclica no nombra a ningún
empresario particular. Pero la gura que describe -la del dirigente
como custodio de la persona, motor del bien común, servidor antes
que señor- tiene en la historia argentina un rostro concreto y un nom-
bre propio: Enrique Shaw.
1
Compartimos este escrito cuya publicación ha sido amablemente autorizada por el autor,
publicado en el Boletín ACDE, Entre Ríos, dentro de sus habituales “Notas de gestión a partir
del pensamiento de Enrique Shaw”. En este caso, la “Nota especial del mes de Mayo de 2026”.
Se trata de una contribución en el marco de la articulación entre aquella institución y la Uni-
versidad Católica Argentina (Sede Paraná, Entre Ríos), en materia de Ética en los Negocios.
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Pablo Tomás Lamas
Este artículo tiene como propósito mostrar la gura de Enrique
Shaw, a través de su pensamiento, como modelo de empresario cris-
tiano ante los desafíos que la encíclica presenta.
El poder privado y la cuestión del empresario cristiano
La Magnica Humanitas parte de una constatación empírica: las
plataformas, los sistemas de inteligencia articial y las infraestructu-
ras digitales que están recongurando el trabajo, la cultura y la convi-
vencia humana no son bienes públicos.
Son propiedad de corporaciones privadas, muchas de ellas con al-
cance global que supera el de la mayoría de los Estados. Lo mismo
ocurre con quienes tienen que implementar en la gestión cotidiana de
las empresas estas tecnologías. Esto crea lo que la encíclica denomina
una “asimetría estructural”: decisiones que afectan al bien común de
toda la humanidad se toman en consejos de administración que no
rinden cuentas ante nadie salvo a sus accionistas.
Ante esta realidad, la respuesta de León XIV no es estatista. No
pide la expropiación ni la regulación ciega. Pide algo más complejo y
profundo: que quienes ejercen ese poder lo hagan desde una concien-
cia moral formada, desde una comprensión integral del ser humano
y desde un sentido auténtico del bien común. En otras palabras, la
encíclica interpela directamente al empresario. Le dice: tu poder es
real, tu responsabilidad es enorme, y la forma en que lo ejerzas deter-
minará si la tecnología sirve o destruye a la humanidad.
En este punto, la enseñanza de Enrique ayuda a poner orden en
el análisis. La eciencia del empresario sostiene la continuidad del
trabajo y, con ella, la vida concreta de las familias. Justamente por
eso el empresario no sólo puede, sino que debe servirse de los medios
que vuelvan más eciente a su empresa. Pero con la condición de que
esos medios no lo deshumanicen ni deshumanicen a los demás. Si la
herramienta convierte a la persona en una variable descartable o si
transforma al dirigente en un mero ejecutor de automatismos, la em-
presa perderá su sentido. El criterio es utilizar todo lo que haga más
eciente el trabajo siempre que esa eciencia siga siendo humana. Es
la empresa para las personas y no las personas para la empresa.
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Enrique Shaw y la Magnica Humanitas
La persona en el centro
Uno de los ejes centrales de Magnica Humanitas es la defensa
de la dignidad del trabajo frente a los procesos de automatización que
amenazan con reducir al trabajador a una variable de ajuste. La encí-
clica retoma la tradición de la Doctrina Social de la Iglesia –especial-
mente la Laborem Exercens de San Juan Pablo II– para armar que
el trabajo no es un mero medio económico sino el espacio donde el ser
humano se realiza, crece y se hace más hombre. La inteligencia arti-
cial, advierte León XIV, puede ser una oportunidad para liberar al
trabajador de las tareas más pesadas y repetitivas, pero solo si quien
la despliega tiene una visión integral de la persona.
Shaw lo vivió antes de que hubiera palabras para describirlo. En
sus notas personales insistía en que “es necesario divulgar la verda-
dera dignidad, el sentido y el gran valor sobrenatural del trabajo”. No
se conformaba con dar empleo: quería que cada puesto de trabajo
fuera un espacio donde la persona pudiera crecer, encontrar sentido
y, en última instancia, alcanzar su mejor versión. La empresa, decía
citando a Pío XI, “es un molde, bueno o malo, para los hombres que
en ella trabajan”. El molde no es neutral y quien diseña la empresa
diseña también, en parte, a las personas.
En la era de la inteligencia articial, esta intuición adquiere una
urgencia nueva. Cuando un algoritmo decide qué trabajos se automa-
tizan, qué trabajadores se vuelven “redundantes” y qué condiciones
laborales se aplican, la pregunta por la dignidad del trabajo deja de
ser losóca para volverse inmediatamente operativa. ¿Quién está
del otro lado de ese algoritmo? ¿Qué valores lo animan? ¿Piensa en
Juan, en María, en Pedro –como diría Enrique– o solo en indicadores
de rendimiento? “La empresa se vuelve más humana el día en que
deja de hablar de ‘el trabajador’ y aprende a hablarle a Juan, María,
Pedro”. Esta frase es, al mismo tiempo, una crítica radical al modelo
corporativo dominante y un programa de gestión para la era de la IA.
En un mundo donde la inteligencia articial tiende a ver personas
como un conjunto de datos, el empresario cristiano debe insistir en la
singularidad de cada trabajador. Esa nalidad insistencia es la única
garantía de una empresa verdaderamente humana y sustentable.
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La empresa como comunidad de personas
La Magnica Humanitas retoma con insistencia la idea de no an-
teponer la eciencia económica por sobre la dignidad de las personas.
Este principio, ya enunciado en la Centesimus Annus, parte de la idea
de que “La empresa no puede ser considerada sólo una sociedad de
capitales; es al mismo tiempo una sociedad de personas”. Esta ar-
mación, que hoy puede sonar razonable, era –como señala Enrique
Shaw– casi una herejía en el contexto del capitalismo industrial del
siglo XX. Y sigue siendo, en gran medida, un desafío sin resolver en el
siglo XXI, donde la lógica de la maximización del valor para el accio-
nista sigue dominando los consejos de administración de las empre-
sas tecnológicas más poderosas del planeta.
Cuando en tiempos de crisis económica en Argentina los directivos
del exterior le ordenan a Enrique el despido de una gran cantidad de
trabajadores en Cristalerías Rigolleau, él se negó. Viajó personalmente
a Estados Unidos para explicar su negativa y puso a disposición su re-
nuncia si se decidía lo contrario y propuso, en cambio, un plan de acción
manteniendo el total de la planta de personal. Su actuar fue la aplicación
rigurosa de una convicción: la empresa es una comunidad, y el director
que sacrica esa comunidad para maximizar el benecio a corto plazo no
está siendo un buen gestor. Está siendo, simplemente, injusto.
En el mismo sentido, respecto del progreso técnico relativo a la
inteligencia articial, la encíclica entiende que puede ser una herra-
mienta de desarrollo humano extraordinaria, capaz de liberar tiem-
po, potenciar capacidades y resolver problemas que hoy parece inso-
lubles. Pero pone una condición, citando a san Pablo VI, y es que ese
progreso sea integral, es decir que promueva a todos los hombres y a
todo el hombre.
Enrique había articulado exactamente la misma distinción en
1958, en las jornadas de Estudio sobre problemas humanos de la
empresa en Mendoza: “En cuanto al progreso –cientíco, técnico,
organizativo–, mientras no sea a expensas de la dignidad de los tra-
bajadores, es también un deber, y nuestros obispos nos exhortan a
ello.” El progreso es un deber, pero siempre condicionado al respeto y
promoción de la dignidad de las personas involucradas.
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Esta doble exigencia –progresar y humanizar al mismo tiempo– es
exactamente lo que León XIV pide a los líderes tecnológicos de nues-
tro tiempo.
Enrique Shaw: de Babel a Nehemías
La Magnica Humanitas presenta el desafío de la inteligencia ar-
ticial mediante dos imágenes bíblicas contrapuestas. Por un lado,
Babel: la obra grandiosa, técnicamente ecaz, unicada por un mis-
mo lenguaje y orientada a la conquista del poder, pero construida
desde la autosuciencia y terminada en dispersión. Por otro, Nehe-
mías: la reconstrucción paciente de una ciudad herida, donde nadie
impone desde arriba, sino que cada uno asume su tramo de muralla,
se escuchan los temores, se coordinan los esfuerzos y se reconstruyen
los vínculos antes que las piedras. La encíclica lo dice con claridad: la
tecnología “no es neutral, porque toma el rostro de quien la concibe,
la nancia, la regula, la utiliza”. Por eso, el dilema del empresario ca-
tólico ante la IA no es simplemente adoptar o rechazar la técnica, sino
decidir con qué espíritu la incorpora: como constructor de Babel o
como servidor de una nueva Jerusalén.
Enrique Shaw aparece aquí como un faro. Sin duda, no conoció los
problemas de la inteligencia articial pero comprendió antes que mu-
cho el núcleo permanente del problema: toda empresa puede conver-
tirse en una torre levantada para el prestigio, el lucro o el dominio, o
en una comunidad donde el trabajo reconstruye personas, familias y
vínculos. En este sentido, su vida ayuda al empresario católico a leer las
nuevas realidades sin ingenuidad y sin miedo. La IA no debe ser demo-
nizada, porque puede mejorar la productividad, aliviar tareas y abrir
posibilidades inéditas. Pero tampoco debe ser recibida como un ídolo.
Cuando la eciencia deja de estar al servicio del hombre y comienza
a medirlo todo según KPIs e indicadores económicos la empresa em-
pieza a hablar el lenguaje de Babel: un lenguaje único, frío, capaz de
traducir el misterio de cada persona en datos y rendimientos.
Enrique encarna, en cambio, el camino de Nehemías. Su modo de
dirigir no consistía en imponer desde la altura del cargo, sino en cus-
todiar desde dentro la comunidad empresaria. Es la empresa para las
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personas y no las personas para la empresa. Ese es, precisamente,
el criterio que hoy necesita el empresario católico. Frente a la IA, su
tarea no es levantar torres de rendimiento sino reconstruir murallas
de comunidad: proteger el trabajo digno, formar criterios de discerni-
miento, escuchar los temores de quienes pueden quedar desplazados,
capacitar a los equipos, ordenar la innovación al bien común y recor-
dar que ninguna herramienta vale más que una persona concreta.
Por eso, Enrique Shaw no es una gura piadosa del pasado, sino
una clave de lectura para el presente que describe la encíclica. En él
se ve que el empresario cristiano no está llamado a huir de las nuevas
realidades, sino a entrar en ellas con una conciencia más alta. Como
Nehemías, debe mirar las ruinas sin desesperar, rezar antes de ac-
tuar, proyectar con prudencia, convocar a otros y asumir su tramo de
la muralla. En la era de la inteligencia articial, ese tramo pasa por
una decisión radicalmente evangélica y profundamente empresarial:
hacer que el progreso no pierda el rostro de quienes trabajan. Ahí En-
rique ilumina el camino de esta Magnica Humanitas.
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