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La sabiduría de Newman y su refracción
sobre el magisterio social de la Iglesia:
continuidad doctrinal y laicado
Newman’s wisdom and its refraction on the social
magisterium of the Church: doctrinal continuity and
the laity
Ricardo von Büren
Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino
ricardo.vonburen@unsta.edu.ar
ORCID: https://orcid.org/0009-0006-6548-997X
Resumen:
Tomando como punto de partida uno de
sus temas teológicos fundamentales, el
del “desarrollo de la doctrina cristiana”,
se pone en diálogo la Sabiduría de New-
man con una de las propiedades más des-
tacadas del Magisterio Social de la Iglesia:
la “continuidad doctrinal”. Y al hacerlo, se
visibiliza la importancia que Newman re-
conoce a los laicos en la defensa, vivencia
y difusión de la Fe a lo largo de la historia
(como uno de los modos en que la doc-
trina se preserva y despliega homogénea-
mente).
Palabras claves:
Sabiduría, desarrollo, doctrina, Newman,
laicado.
Abstract:
Taking as a starting point one of his
fundamental theological themes—that
of the “development of Christian doc-
trine”—Newman’s Wisdom is brought
into dialogue with one of the most pro-
minent characteristics of the Church’s
Social Magisterium: “doctrinal conti-
nuity.” In doing so, the importance that
Newman attributes to the laity in the
defense, lived experience, and dissemi-
nation of the Faith throughout history
is brought to light (as one of the ways in
which doctrine is preserved and unfolds
in a homogeneous manner).
Keywords:
Wisdom, development, doctrine, New-
man, laity.
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Ricardo von Büren
Introducción
En la vasta y, si se nos permite el término, “polifónica” obra new-
maniana, sobresale entre sus principales preocupaciones intelectua-
les y pastorales, el intento por explicar cómo es posible entender el
desarrollo de la doctrina cristiana a lo largo de la historia, su evo-
lución homogénea. Es decir, de qué modo discernir o justicar las
expresiones o perspectivas nuevas que se suceden en el tiempo, para
poder admitirlas como manifestaciones legítimas de la Revelación.
A esa cuestión, Newman ha consagrado numerosas páginas que no
sólo han sido recogidas por las escuelas teológicas, sino que incluso
han sido asumidas por el Magisterio de la Iglesia, y son iluminado-
ras de una de las propiedades de la Doctrina Social Católica: la que
se reere a sus núcleos axiológicos fundamentales y cómo éstos van
desplegándose sin perder su identidad sustancial. Se trata de la “con-
tinuidad doctrinal”. Y junto a ella, y en ella, se sitúa su mirada sobre
el rol que, en ese proceso, cumplen los cristianos seglares, el laicado,
para sostenerla1.
La recepción de la sabiduría de Newman
por el magisterio eclesial
La recepción de las ideas de Newman por el Magisterio de la Igle-
sia, recorre un arco histórico que comienza inmediatamente luego de
su conversión al catolicismo, en 1845 y continúa ininterrumpidamen-
te hasta hoy. En efecto, al año siguiente de su formal ingreso a la Igle-
sia Católica, en 1846, el Papa Gregorio XVI, meses antes de morir, en
una paternal señal de cercanía y cordialidad, le obsequia un crucijo
con una reliquia de la Santa Cruz.
El mismo Newman, hablando de Pío IX, sucesor de Gregorio
XVI, recuerda que “uno de sus primeros actos después de ser elegi-
do Papa fue, en su gran condescendencia, llamarme a Roma, y lue-
go, cuando estuve allí, me mandó llamar a mis amigos para que es-
1
Para la vida de Newman nos han sido de provecho, del propio Newman (2019) y (2022). Y
las siguientes obras biográcas: Trevor (1989); Dessain (1990); Morales Marín (1990); García
Ruiz (2020) y Cavaller (2025).
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La sabiduría de Newman y su refracción sobre el magisterio social de la Iglesia
tuvieran conmigo y nos estableció en un Oratorio” (Newman, 2020,
p. 323). El Papa Pío IX, con todo, no se contenta con una amigable
convocatoria a Roma, sino que el 22 de agosto de 1850, le concede el
título de “Doctor en Teología”. Recordando este hecho, y hablando
de mismo en tercera persona, Newman reere que una vez con-
vertido al catolicismo pensó no escribir más de cuestiones de doctri-
na. Sin embargo, señala que “el inesperado honor de un Doctorado
en Teología, que le fue conferido desde Roma por el Santo Padre Pío
IX, sin las ejercitaciones ordinarias, hubo de ser no poco estímulo
para emprender ese ocio, que de otro modo no hubiera querido
hacer” (Newman, 2020, p. 32).
El Papa de la Rerum Novarum, León XIII, sucesor de Pío IX, al
poco tiempo de asumir el ponticado lo crea Cardenal el 15 de mayo
de 1878, ocasión en la cual, frente al Santo Padre, el Colegio de Carde-
nales y la Curia Romana, Newman pronuncia uno de sus más célebres
discursos, conocido como “The Biglietto Speech”, en el que expresa
su delidad a Roma y señala cuál ha sido el eje doctrinal de todas sus
obras: la confrontación y refutación del liberalismo teológico, al que
consideraba el más peligroso y funesto error contra la Fe2. En 1887,
reriéndose a Newman, León XIII le dice a Lord Selborne, a quien
recibe en una Audiencia: “¡Mi Cardenal! No fue fácil, no fue fácil…
Ellos dijeron que era demasiado liberal, pero yo había determinado
honrar a la Iglesia honrando a Newman. Siempre tuve admiración
por él. Estoy orgulloso de haber podido honrar a semejante hombre”
(cf. Cavaller, 2025, p. 257).
Posteriormente, San Pío X en su recordada Carta del 10 de marzo
de 1908, al Obispo de Limerick, Monseñor Edward Thomas O’Dwyer,
lo felicita por haber escrito una obra en resguardo de la integridad
doctrinal de Newman. En ella, el prelado inglés lo deende de la acu-
sación de modernista o de ser fuente inspiradora de la herejía mo-
2
Dice Newman en su Autobiografía: “Cuando se ejercita la mente, existe la posibilidad de un
ejercicio arbitrario y equivocado. La libertad de pensamiento es buena en sí misma pero puede
llevar a una libertad falsa. Yo entiendo por Liberalismo una falsa libertad de pensamiento, o el
ejercicio del pensamiento sobre asuntos en que, dada la constitución de la mente humana, el
pensamiento no puede alcanzar ningún resultado feliz; y está por tanto fuera de lugar (2019,
p. 338).
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dernista, a la que el propio Santo Padre, siguiendo la enseñanza de
sus predecesores, había condenado formalmente en su encíclica Pas-
cendi. El Papa Sarto señala: “es de conocimiento común que John
Henry Newman abogó por la causa de la fe católica en su prolíca
producción literaria de manera tan efectiva que su trabajo fue alta-
mente benecioso para sus ciudadanos y muy apreciado por Nuestros
Predecesores”.
Igualmente, Pío XI remitió varias Epístolas que en línea con San
Pío X y a través de la Secretaría de Estado del Vaticano expresó su
respaldo a las instituciones y a los teólogos que escribían en defensa
de la ortodoxia del pensamiento newmaniano.
En octubre de 1945, en Carta al Obispo de Westminster, Cardenal
Bernard Grin, en ocasión del centenario de la Conversión de New-
man, Pío XII lo dene como “orgullo de la Gran Bretaña y de la Iglesia
Universal”, encomiando su sincera y humilde búsqueda de la verdad,
que lo transforma en un modelo intelectual para los católicos, pero
también para todos aquellos que reexionan con sinceridad sobre la
Fe. Es también Pío XII, quien en una conversación con el reconocido
lósofo francés, Jean Guitton, le dijera proféticamente: “No lo dude,
monsieur Guitton, Newman será un día Doctor de la Iglesia” (Guit-
ton, 1964, p. 15). Y el mismo Jean Guitton, en su libro Diálogos con
Pablo VI, recuerda que éste le dijo que mientras el Concilio de Trento
se basó en la obra de Santo Tomás de Aquino, el Concilio Vaticano
II tuvo como fuente teológica fundamental el pensamiento de New-
man3.
Newman es el único teólogo moderno mencionado en el Catecis-
mo de la Iglesia Católica, en que ha sido citado tres veces: en el n. 157,
que recoge la conocida expresión newmaniana expuesta en su Apolo-
gía pro vita sua: “Diez mil dicultades no hacen una sola duda”; en
el n. 1778, que hace suya la denición de Newman sobre la conciencia
como la Voz de Dios y como el primero de los vicarios de Cristo, ideas
3
Señala Cavaller: “Newman es considerado un maestro de la fe y, según la expresión de mu-
chos, una especie de Padre de la Iglesia contemporánea. Durante las sesiones del Concilio
Vaticano II, se hablaba de él como del ‘Cardenal ausente, y es aceptado entre los teólogos que
muchos aspectos de la Constitución ‘Lumen Gentium’ fueron anticipados por Newman y re-
cogidos por el desarrollo teológico posterior a él” (2025, p. 12)
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La sabiduría de Newman y su refracción sobre el magisterio social de la Iglesia
tomadas de su célebre Carta al Duque de Norfolk; y nalmente, el n.
2144, en el que se cita uno de los Sermones Parroquiales de Newman
para fundamentar el carácter cristiano de los sentimientos de “temor”
y de lo “sagrado”.
También San Juan Pablo II, en numerosas ocasiones se rerió a
Newman, como en su Carta al Simposio sobre el Cardenal Newman
(14 de mayo de 1979), o con motivo del segundo centenario de su
nacimiento (27 de febrero de 2001), o en su Mensaje en ocasión del
centenario de su muerte (18 de junio de 1990). También lo cita en su
encíclica Fides et Ratio, cuando en el n. 74, lo menciona junto a otros
autores que han puesto en evidencia en sus escritos la “fecunda rela-
ción entre la losofía y la palabra de Dios”. Y en la encíclica Veritatis
Splendor, llama a Newman “gran defensor de los derechos de la con-
ciencia” (n. 34), retomando aquella expresión newmaniana tomada
de su Carta al Duque de Norfolk, que dice que “la conciencia tiene
unos derechos porque tiene unos deberes”.
Benedicto XVI, por su parte, se rerió en reiterados lugares a New-
man. Por ejemplo, en su Homilía durante la Santa Misa de beatica-
ción (19 de setiembre de 2010) o en su Carta al Simposio de Amigos
de Newman (18 de noviembre de 2010). Por su parte, Francisco en
su encíclica programática, escribe: “el Cardenal Newman armaba en
una célebre oración que Dios nos ha creado para un designio concreto,
nos ha encomendado una obra especíca, conándonos una misión
precisa en el mundo” (Evangelii Gaudium, n. 107). Y en su Discurso
a la Curia Romana del 21 de diciembre de 2019, dijo: “En una oración
suya, Newman armaba: ‘No hay nada estable fuera de ti, Dios mío.
Tú eres el centro y la vida de todos los que, siendo mudables, confían
en ti como en un Padre’ (...)”.
Finalmente, León XIV al nalizar los Ejercicios Espirituales de
la Curia Romana de este 2026, predicadas por Mons. Erik Varden,
Obispo de Trondheim, hizo “referencia al Doctor de la Iglesia, John
Henry Newman, y al poema ‘El sueño de Geronte’, donde utiliza la
muerte y el juicio de Geronte como un prisma a través del cual el lec-
tor puede contemplar su propio miedo a la muerte y su sentimiento
de indignidad ante Dios” (León XIV, viernes 27 de Febrero de 2026).
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Y en su Viaje Pastoral a África, en el “Encuentro con el Mundo Uni-
versitario” en la Universidad Católica de África Central (Camerún),
expresó: “Aún hoy, profesores y estudiantes están llamados a estable-
cer como objetivo, y al mismo tiempo como estilo de vida, la búsque-
da común de la verdad, pues, como escribió san John Henry Newman
acerca de Dios, ‘todos los principios verdaderos rebosan de él, todos
los fenómenos convergen en él’” (La idea de Universidad denida e
ilustrada, Madrid 2025, p. 87).
Este hilo conductor que verica las sucesivas referencias a New-
man en el magisterio de los últimos 150 años, encuentra su consagra-
ción en el hecho que San Juan Pablo II lo declara “Siervo de Dios” en
1991, Benedicto XVI lo proclama “Beato” en 2010, Francisco lo cano-
niza reconociéndolo como “Santo” en 2019 y León XIV, hace menos
de uno año en noviembre de 2026, lo declara “Doctor de la Iglesia y
Co-Patrono de la Educación Católica, junto a Santo Tomás de Aquino.
Como vemos, en estas primeras décadas de inicios del Tercer Mi-
lenio, la Iglesia, a través de su magisterio supremo, asistido por el
Espíritu Santo, nos está exhortando: “Vayan a Newman”, porque
Newman tiene mucho para decirnos y enseñarnos hoy. Haciéndonos
eco de la sugerencia de nuestros Pastores, que representan al Gran
Pastor, Cristo, entramos en materia.
La teoría newmaniana del “desarrollo de la doctrina
cristiana”
Lo que él mismo llama su “primera conversión”, en el marco de las
creencias anglicanas, cuando contaba con apenas 15 años (en 1816),
hizo asumir seriamente a Newman las cuestiones de fe, y lo intro-
duce en un camino de profunda reexión sobre sus convicciones y
sus dudas en temáticas religiosas. Las que rápidamente se conguran
como ejes esenciales del pulso de su vida interior y se transforman,
una vez resueltas, en disparadores de su conversión al catolicismo,
que ocurrirá treinta años luego, promediando su vida (el 9 de octubre
de 1845, cuando contaba con 44 años).
Diversas son las cuestiones teológicas que suscitaban su interés y
de las cuales se ocupó a lo largo de su vida, tales como: la conciencia
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La sabiduría de Newman y su refracción sobre el magisterio social de la Iglesia
y su relación con Dios, la verdad y la libertad; la Iglesia Católica y el
rol de la autoridad magisterial en su seno y especialmente del Ro-
mano Pontíce; la noción de tradición y su distinción en episcopal y
profética; el apostolado intelectual en particular en la universidad; la
relación entre la razón y la fe, y entre lo visible y lo invisible; la forma-
ción intelectual y apostólica de los laicos; la idea de Universidad, en-
tre otras. Sin embargo, especialmente relevante es aquella en la que
plantea de qué manera conciliar la existencia de la Revelación, clau-
surada ya “cuando el último de los Apóstoles fue llevado a su trono
celestial, y el oráculo de inspiración se cerró para siempre” (Newman,
2020, pp. 223-224), con sus diversas formulaciones elaboradas en
la historia, las que en muchas ocasiones han suscitado controversias
entre los cristianos, precisamente por ponerse en cuestión su inspira-
ción efectiva en las verdades reveladas. De hecho, “el tema del desa-
rrollo dogmático fue y es considerado hasta hoy como su gran contri-
bución a la teología” (Cavaller, 2025, p. 151. Cf. pp. 149-160). Se trata
de explicar cómo fundamentar el despliegue de la doctrina a lo largo
de la historia. O en otras palabras, cómo justicar las expresiones o
perspectivas nuevas que se suceden en el tiempo.
Newman reexiona largamente sobre el asunto, ya desde sus tiem-
pos de anglicano, cuando publica su primer libro, Los Arrianos en el
Siglo IV, y también en algunos Tractos u Opúsculos (en el último de
ellos, el 90, propone una interpretación de los 39 artículos anglicanos
en consonancia con los Padres y la Iglesia Católica). Incluso, expone
sus ideas en el último de sus Sermones Universitarios4 y en varios
textos escritos en distintas ocasiones. Expresa Newman:
(En relación) al principio del desarrollo de la doctrina en la Iglesia
Cristiana… me empecé a ocupar a nales de 1842. En el pasaje
4
Dice Newman: “en mis Sermones Universitarios hay una serie de discusiones sobre el tema
de Fe y Razón” (2019, p. 132. Cursivas en el original. Dice Cavaller: “En febrero de 1843 pre-
dica su último sermón ante la universidad. Era sobre el desarrollo del dogma. Este tema, no
casual término de sus quince sermones universitarios sobre la razón y la fe, será meditado
como recurso teológico en orden a desvelar las últimas objeciones contra Roma, y dará por
resultado un Ensayo, dos años después” (Cavaller, 2025, p. 147). En Newman, 2017, pp. 365-
403, este último Sermón se titula “Teoría del desarrollo doctrinal”.
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citado mucho antes de Home Thoughts Abroad (1836), ya aludía
a este principio; y estaba antes en mi Historia de los Arrianos
(1832); y no lo perdí de vista en todas mis especulaciones; y se
reconoce en el Tratado de Vicente de Lerins, considerado como
fundamento del Anglicanismo. En 1843 empecé a prestarle aten-
ción prioritaria: lo tomé como tema central de mi último sermón
universitario el 2 de febrero y la conclusión a la que nalmente
llegué se encuentra ya en una carta a un amigo, de 14 de julio de
1844. (2019, p. 252. Cursivas en el original. Paréntesis nuestros)
Reuniendo todas sus reexiones anteriores, formula orgánicamente
sus ideas en la obra titulada Ensayo sobre el desarrollo de la doctrina
cristiana, en el que las recoge y sintetiza, ampliándolas y exponiéndo-
las sistemáticamente. Son sus palabras: “A nales de 1844, tomé la de-
cisión de escribir un ensayo sobre el Desarrollo Doctrinal. Si al termi-
narlo seguía tan convencido como al principio sobre la Iglesia de Roma,
daría los pasos necesarios para ser admitido en su seno” (2019, p. 280).
Y continúa: “me puse a escribir un libro -Essay on development- en
favor de la Iglesia de Roma e, indirectamente, en contra de la de Ingla-
terra; pero ni al comenzarlo, ni tampoco con el libro acabado, tuve la
menor intención de publicarlo pues quería reservarme la posibilidad
de modicar mi opinión al ir poniendo por escrito los argumentos que
actuaban sobre mí” (Carta a Francis Faber, 6 de diciembre de 1849, en
2019, p. 243). Y nalmente dice: “Había empezado mi Ensayo sobre el
Desarrollo de la Doctrina a comienzos de 1845 y en él estuve trabajan-
do a fondo todo el tiempo hasta octubre. A medida que avanzaba, mis
dudas se iban disipando, de tal manera que dejé de hablar de ‘católicos
romanos’ para decir simplemente ‘los católicos’. No había llegado al -
nal, cuando decidí convertirme” (2019, p. 285).
Charles Dessain, estudioso del pensamiento newmaniano, señala:
Newman se fue convenciendo poco a poco de que las doctrinas ro-
manas modernas eran desarrollos legítimos, de los cuales había
huellas sucientes en la Iglesia primitiva para recomendarlos y ve-
ricarlos, bajo el presupuesto de que la Providencia divina guiaba
a la Iglesia a lo largo de los siglos (…) La teoría del desarrollo era
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La sabiduría de Newman y su refracción sobre el magisterio social de la Iglesia
‘una hipótesis para explicar una dicultad’: la diferencia entre la
enseñanza de la Iglesia primitiva y la del siglo XIX. La diferen-
cia era la misma que hay entre el muchacho y el adulto. (Dessain,
1990, p. 117. Cf. en idéntico sentido, García Ruiz, 2020, p. 45)
En este contexto, señalamos dos intervenciones ponticias referi-
das al tema que nos convoca y al libro escrito por Newman. Una del
Papa Francisco y otra del Papa León XIV. En efecto, en su “Discurso a
la Curia Romana”, pronunciado el 21 de diciembre de 2019, Francisco
sostuvo su reexión sobre la necesidad de reforma en la Iglesia, ba-
sándose precisamente en la obra de Newman, Ensayo sobre el desa-
rrollo de la doctrina cristiana. Igualmente, el 28 de enero de este año
2026, el Santo Padre León XIV, en una de sus Catequesis del Ciclo
sobre los documentos del Concilio Vaticano II, al referirse a la Cons-
titución dogmática Dei Verbum, sobre la Divina Revelación, expresó:
Sugestivo, en esta línea, es lo que proponía el santo Doctor de la
Iglesia John Henry Newman, en su obra titulada El desarrollo de
la doctrina cristiana. Armaba que el cristianismo, tanto como
experiencia comunitaria como doctrina, es una realidad dinámica,
tal y como indicó el mismo Jesús con las parábolas de la semilla
(cf. Mc 4,26-29): una realidad viva que se desarrolla gracias a una
fuerza vital interior.
A partir de las verdades inmutables de la Fe, Newman descubre
que era posible, sin desvirtuarlas, develar su desarrollo homogéneo
en el transcurrir de los siglos. Como corolario de sus meditaciones,
Newman propone siete criterios para reconocer un desarrollo autén-
tico de la doctrina cristiana. Ellos son:
1.- Conservación de la esencia de la idea original: la doctrina puede
crecer y explicarse mejor, pero su núcleo fundamental se mantiene
inalterado frente al impacto de algunas ideas nuevas.
2.- Continuidad de los principios: el desarrollo doctrinal se apoya
en principios teológicos permanentes, como el dogma, la fe, los sacra-
mentos, la gracia y la santicación.
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3.- Capacidad de asimilación: la Iglesia puede integrar a su doc-
trina elementos culturales o losócos ajenos a ella sin perder su
identidad.
4.- Coherencia lógica perceptible al examinar los desarrollos: lo
nuevo debe surgir de forma congruente con lo ya creído, aunque no
siempre pueda demostrarse con un razonamiento deductivo.
5.- Anticipación temprana de la enseñanza posterior: lo que se desa-
rrolla ha de estar ya, al menos de forma implícita, en la tradición anterior.
6.- Fidelidad a la doctrina original: un auténtico desarrollo no con-
tradice enseñanzas previamente denidas; las clarica y profundiza.
7.- Persistencia de un estado de vitalidad permanente: la verdad
mantiene su fuerza y capacidad de iluminar con el tiempo, a diferen-
cia de las herejías, que se agotan pronto.
Los siete criterios que Newman propone para explicar su teoría
del desarrollo de la doctrina cristiana, son el resultado de muchos
años de oración y de reexión. Años en los que, paulatinamente
fue vislumbrando, mientras aún profesaba la fe anglicana, la lógica
necesidad de una instancia u órgano que dirima las controversias,
y dena las cuestiones doctrinales. Newman concluye, nalmente,
que el discernimiento de la catolicidad, esto es, de la verdad de una
doctrina, reclama necesariamente la existencia de una autoridad in-
falible que garantice la interpretación auténtica de la Revelación.
Esa autoridad reside en el Magisterio de la Iglesia, instituido por
Cristo, que bajo la inspiración del Espíritu Santo, preserva la legíti-
ma continuidad doctrinal.
Veamos algunos textos magisteriales de sabor newmaniano. Enseña
Pío XII, en su “Discurso a la Nobleza Romana”, el 19 de enero de 1944:
La tradición es algo muy diferente a un simple apego a un pasa-
do ya desaparecido: es todo lo contrario de una reacción que des-
confía de todo sano progreso. La tradición signica una marcha
hacia adelante, pero una marcha continua que se desenvuelve a la
vez, con tranquilidad y vigor, según las leyes de la vida.
Por su parte, el Concilio Vaticano II, en su Declaración Dignita-
tis Humanae, n. 1, dice: “Este Concilio Vaticano estudia la sagrada
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La sabiduría de Newman y su refracción sobre el magisterio social de la Iglesia
Tradición y la doctrina de la Iglesia, de las cuales saca a la luz cosas
nuevas, de acuerdo siempre con las antiguas”.
Y San Juan Pablo II, en su encíclica sobre la Fe y la razón, enseña:
Tomando casi al pie de la letra las enseñanzas de la Constitución
Dei Filius del Concilio Vaticano I y teniendo en cuenta los principios
propuestos por el Concilio Tridentino, la Constitución Dei Verbum
del Vaticano II ha continuado el secular camino de la inteligencia
de la fe, reexionando sobre la revelación a la luz de las enseñanzas
bíblicas y de toda la tradición patrística. (Fides et ratio, n. 8)
El papel de la Jerarquía y el Laicado en la “continuidad
doctrinal”
En su estudio sobre el desarrollo homogéneo de la doctrina cristia-
na, Newman entiende que el resguardo de la ortodoxia de la enseñan-
za católica se realiza a través de la Jerarquía de la Iglesia, establecida
por Cristo. Sin embargo, sostiene que, históricamente, a veces tam-
bién ha sido protegida por los seglares, por los laicos.
En ocasión de un conicto suscitado entre el episcopado inglés y la
revista católica The Rambler, de la que fuera primero Asesor y luego
Director, Newman fue mucho más allá de la coyuntura y en su obra
titulada Acerca de la consulta a los eles en cuestiones de doctrina,
esbozó una teología de los vínculos entre la Iglesia dicente y la Iglesia
docente, y del “consenso de los eles” como lugar teológico y vía de
expresión de la tradición, sosteniendo su reexión en la historia y en
la vida misma de la Iglesia.
Como ejemplo que apoya su pensamiento, indica el tiempo his-
tórico de la difusión de la herejía arriana en el siglo IV, en el que el
papel de los cristianos laicos al defenderla y profesarla públicamente,
fue decisivo para preservar la doctrina de los errores que pretendían
modicarla. Arma Newman que durante la crisis arriana, muchas
Autoridades dijeron lo que no debían haber dicho, hicieron lo que
no debían haber hecho, y callaron lo que no debían haber callado. En
esas circunstancias, fueron los laicos los que sostuvieron la enseñanza
de la Iglesia, proclamándola con su palabra y con su conducta, que
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en muchos casos los condujo hasta la heroicidad del martirio. De ese
modo, se mantuvo incólume la doctrina católica, no por la Iglesia do-
cente, sino por la Iglesia dicente, que pudo reaccionar ante los errores
con delidad a las verdades de la fe, porque había asimilado y vivía el
Evangelio que sus pastores le habían anunciado, con el que los habían
catequizado y con los que los alimentaron mediante los sacramentos.
Dice Newman:
La voz de la tradición puede en ciertos casos expresarse a sí mis-
ma, no por medio de Concilios, ni Padres, ni Obispos, sino por el
‘communis delium sensus’, puntualmente, el dogma de Nicea fue
mantenido durante gran parte del siglo cuarto, 1. No por la inque-
brantable rmeza de la Santa Sede, los Concilios o los obispos, sino
2. Por el ‘consensus delium’. (Newman, 2006, p. 81. Cursivas en
el original)
La sabiduría de Newman y la doctrina social de la Iglesia
En un texto de resonancias newmaniana, San Juan Pablo II expresa:
Sobre los interrogantes que caracterizan hoy la discusión moral
y en torno a los cuales se han desarrollado nuevas tendencias y
teorías, el Magisterio, en delidad a Jesucristo y en continuidad
con la tradición de la Iglesia, siente más urgente el deber de ofrecer
el propio discernimiento y enseñanza, para ayudar al hombre en
su camino hacia la verdadera libertad. (San Juan Pablo II, Verita-
tis Splendor, n. 27).
Dentro de ese discernimiento moral, ocupa un lugar central el
que debe ejercitarse en el ámbito de la moral social. Las ideas de
Newman que venimos exponiendo sintéticamente, iluminan una de
las propiedades de la Doctrina Social de la Iglesia, enseñanza que
entendemos como “una expresión cualicada de la ‘doctrina tradi-
cional católica’ formulada por el magisterio contemporáneo” (von
Büren, 2019). Como una Voz de ese magisterio, Benedicto XVI en-
seña newmanianamente:
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La sabiduría de Newman y su refracción sobre el magisterio social de la Iglesia
La Doctrina Social de la Iglesia ilumina con una luz que no cambia
los problemas siempre nuevos que van surgiendo -SRS 3-. Eso sal-
vaguarda tanto el carácter permanente como histórico de este ‘pa-
trimonio’ doctrinal -LE 3- que, con sus características especícas,
forma parte de la Tradición siempre viva de la Iglesia. (Benedicto
XVI, Caritas in Veritate, n. 12)
Esta propiedad, la “continuidad doctrinal” de la Enseñanza Social de
la Iglesia, consiste en la presencia, en su entramado discursivo, de ver-
dades que se sostienen a lo largo del tiempo, más allá de las vicisitudes
históricas, a las que iluminan y esclarecen (cf. Sacheri, 2021, pp. 27-42,
donde clarica los criterios para interpretar los documentos ponticios).
La “continuidad doctrinal” se aprecia expresamente en el plano de los
“principios”, e implícitamente en el de los “juicios” y las “orientaciones”,
por cuanto éstos últimos, para ser expresiones verdaderas del Magisterio
Social de la Iglesia, deben estar inspirados en sus ejes axiológicos funda-
mentales que le dan su propia sonomía doctrinal.
Numerosas circunstancias y ejemplos históricos concretos de con-
tinuidad doctrinal en el magisterio social de la Iglesia se legitiman a la
luz de la propuesta de Newman. Entre ellos, mencionamos:
1.- La sistematización de la enseñanza social de la Iglesia efectua-
da por León XIII: se trata del “magisterio leonino”, que recoge ideas
previas suyas y de sus predecesores y las presenta orgánicamente por
primera vez.
2.- La incorporación al discurso magisterial de las expresiones
“justicia social” y “caridad política”, efectuada por Pío XI, que no te-
nían existencia en la teología clásica ni en el magisterio precedente.
3.- La señalización de la persona como centro y n de la vida social,
y la referencia al bien común como un “conjunto de condiciones”, que
efectuadas por Pío XII, fueron luego acogidas por el magisterio poste-
rior desde San Juan XXIII en adelante.
4.- Los nuevos modos de relación entre la Iglesia y los Estados con-
temporáneos secularizados, a partir del Concilio Vaticano II.
5.- La incorporación de la locución “Civilización del Amor” al dis-
curso magisterial, efectuada por San Pablo VI.
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6.- La armación de la Realeza Social de Cristo, reiterada insisten-
temente por San Juan Pablo II.
7.- La publicación de una encíclica dedicada a la ecología integral,
Laudato si, por Francisco, articulando la losofía de la naturaleza con
la teología de la Creación.
8.- Finalmente, señalamos una última cuestión: el apostolado de los
cristianos laicos. Nos detenemos brevemente en este último ejemplo.
Sabemos que los laicos no son la Jerarquía. No son ellos quienes
formulan autoritativamente la doctrina social de la Iglesia. Quien lo
hace es el magisterio, instaurado por Cristo, asistido por el Espíri-
tu Santo y para gloria del Padre. Los laicos son colaboradores de los
pastores, en especial del Santo Padre y de los Obispos en comunión
con él, al acercarles sus opiniones, sus estudios, sus miradas sobre
las realidades del mundo en el que están insertos, y también al ilus-
trarlos con sus conductas, con sus testimonios personales, familiares
y sociales. Aportes todos, que el órgano magisterial observa, recibe y
considera para elaborar y exponer formalmente su enseñanza.
Por ello, el modo en que los seglares contemporáneos pueden cola-
borar en el “desarrollo de la doctrina cristiana”, es doble: por un lado
en la dimensión teórica de la Doctrina Social de la Iglesia, estudián-
dola, aportando sus perspectivas, elaborando manuales o tratados
que sistematicen las enseñanzas magisteriales y, por otro lado, en su
proyección práctica, traduciéndola a la realidad en concepciones doc-
trinales (políticas, jurídicas, económicas, educativas), o en acciones
prudenciales en cada circunstancia de su vida pública.
Conclusión: Newman entre nosotros juntos a Jesús
Luego de abordar e iluminar de su mano una temática particular-
mente sensible para comprender el Magisterio Social de la Iglesia:
su continuidad doctrinal y el rol que a los laicos les cupo ayer y les
cabe hoy en la defensa y manifestación de esa propiedad de la ense-
ñanza social católica, concluimos recogiendo lo dicho y constatando
la presencia de “Newman entre nosotros”. Especialmente en nuestra
doctrina católica, recibida del Magisterio, que debe impregnar nues-
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tra labor intelectual y nuestras acciones apostólicas, para anunciar
siempre la verdad. “Verdad”, que como dice Newman:
No puede cambiar. Lo que una vez fue verdad será siempre ver-
dad; y el espíritu del hombre está hecho para la verdad y descansa
en la verdad, pero no puede descansar en la falsedad. (Newman,
2010, pp. 186-187)
El secreto de la búsqueda de Newman sobre la continuidad doctri-
nal de la enseñanza católica en la historia, reside en la Verdad que es
una Persona, Jesús, que es el mismo, ayer, hoy y siempre (Hb 13, 8).
Como dice Benedicto XVI:
La primacía de Dios se traduce pues, para Newman, en la primacía
de la verdad, una verdad que hay que buscar ante todo disponién-
dose interiormente a acogerla, en una confrontación abierta y sin-
cera con todos, y que tiene su culmen en el encuentro con Cristo,
‘camino, verdad y vida’ -Jn 14:6-. (Benedicto XVI, Mensaje del 18
de noviembre de 2010)
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