
17
Filópolis en Cristo N° 6 (2026) 1-40
ISSNL 3008-8844
Editorial
logía integral” (cf. en el magisterio: Francisco, Laudato si y Laudate
Deum. Entre los autores: cf. Declercq, C., 2023, pp. 97-122 y von
Büren, R., 2024, pp. 35-70). Y ello signica no sólo protegerlas de
su destrucción, sino también colaborar para que todas las criaturas
puedan desplegar integralmente sus potencialidades entitativas, al-
canzando su plenitud (cf Shaw, 2022).
También la expresión “piedra” está asociada al misterio de la Igle-
sia. Y así, cuando Jesús designa a Simón, hijo de Juan, como Jefe de
su Comunidad, expresa: Yo te digo: Tú eres Pedro, y sobre esta pie-
dra edicaré mi Iglesia (Mt 16:18). San Pablo, por su parte, hablando
de nuestro cuerpo como templo, enseña: Eviten la fornicación. Cual-
quier otro pecado cometido por el hombre es exterior a su cuerpo,
pero el que fornica peca contra su propio cuerpo. ¿O no saben que
sus cuerpos son templo del Espíritu Santo, que habita en ustedes y
que han recibido de Dios? Por lo tanto, ustedes no se pertenecen,
sino que han sido comprados, ¡y a qué precio! Gloriquen entonces a
Dios en sus cuerpos (1 Cor 6:18-20). Y uniendo bajo una gura arqui-
tectónica a todos los cristianos junto a Cristo, expresa: Ustedes están
edicados sobre los Apóstoles y los Profetas, que son los cimientos,
mientras que la piedra angular es el mismo Jesucristo. En él, todo el
edicio, bien trabado, va creciendo para constituir un templo san-
to en el Señor. En Él, también ustedes son incorporados al edicio,
para llegar a ser una morada de Dios en el Espíritu (Ef 2:20-22).
Pero más allá de otras metáforas o analogías, en realidad, Jesús es
la piedra que sostiene todo y la que puede transformar al hombre, a
cualquier hombre, en cristiano, como enseña Pedro:
Al acercarse a Él, la piedra viva, rechazada por los hombres pero
elegida y preciosa a los ojos de Dios, también ustedes, a manera
de piedras vivas, son edicados como una casa espiritual, para
ejercer un sacerdocio santo y ofrecer sacricios espirituales,
agradables a Dios por Jesucristo. Porque dice la Escritura: ‘Yo
pongo en Sión una piedra angular, elegida y preciosa: el que de-
posita su conanza en ella, no será confundido’. Por lo tanto, a
ustedes, los que creen, les corresponde el honor. En cambio, para
los incrédulos, la piedra que los constructores rechazaron ha lle-