
118 Cuaderno de Ciencias Humanas 8 (junio 2026) 117-119
ISSNL 3008-9530
Nicolás Di Biase
este capítulo está regida por el principio ontológico donde la vida es un don
de Dios y no la propiedad del hombre, constituyendo el horizonte ético de las
ciencias médicas.
El tercer capítulo se reere a la mirada mística de la muerte. En primer
lugar, nos habla de la muerte romántica. En la literatura romántica, en el fo-
lklore y en todos los pueblos y épocas se encuentra esta relación misteriosa
entre amor y muerte. Se arma aquí que se puede y se debe morir por amor.
Para ellos no consiste en una victoria de la muerte sobre el amor, sino que
sirve a la causa del amor. En segundo lugar, se describe el martirio. Se observa
la relación más íntima y explicita entre amor-muerte. Aquí el amor es limpio
de todo odio y agresividad que haga deseable el morir. Como prueba de ello
se cita la época de persecuciones de la Iglesia primitiva, los mártires no solo
no aborrecían a sus verdugos, sino que oraban por ellos; hasta desean que se
conviertan a la fe de Cristo. Por último, se hace notar la relación trascenden-
tal entre muerte y amor en el cristianismo por cuanto el hijo de Dios, Cristo,
se hizo hombre, padeció y murió en la cruz por amor al Dios-padre y a la
humanidad.
El cuarto capítulo constituye la respuesta desde la fe cristiana al tema de
la muerte. La resurrección de los muertos. Situado en el plano teológico, en el
ámbito de la historia, en el diálogo interpersonal Dios-hombre, la respuesta
cristiana al problema, a la pregunta sobre la muerte se expresa con la catego-
ría resurrección de los muertos. No con la categoría inmortalidad, ni mucho
menos con la categoría reencarnación, sino con la inédita categoría “resu-
rrección”. No se trata de la salvación sola del alma, salvación individualista y
acósmica. La resurrección es la salvación del hombre entero (alma y cuerpo).
La fe en la resurrección puede y debe testicarse por la comunidad cristiana
no sólo como esperanza personal en una victoria sobre la muerte, sino tam-
bién como la conanza en que la utopía de la justicia y la libertad universales
no es un utopismo, sino que es un sueño posible que algún día será realidad.
En el quinto capítulo nos habla de una corriente de pensamiento denomi-
nado transhumanismo. El transhumanismo es una postura de carácter cien-
tíco y losóco que considera que la condición humana puede ser potencia-
da y mejorada por los avances tecnológicos. El movimiento transhumanista
confía decididamente en el poder de la razón y el progreso material como los
motores que conducirán a la humanidad hacia un perfeccionamiento bioló-
gico, a través de los avances de la ciencia y la tecnología. La especie humana