Cuaderno de Ciencias Humanas 8 (junio 2026) 59-72
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Resumen: Este trabajo analiza el conicto
losóco entre el naturalismo darwiniano y
la losofía trascendental kantiana en torno al
origen y la naturaleza de la razón humana.
Se sostiene que el darwinismo losóco, al
concebir la racionalidad como un produc-
to de la evolución biológica, incurre en una
circularidad explicativa, ya que presupone
las condiciones trascendentales que pretende
fundamentar. Desde la perspectiva kantiana,
la razón, las categorías del entendimiento y
la unidad de la apercepción no pueden de-
rivarse de procesos empíricos, puesto que
constituyen las condiciones de posibilidad de
toda experiencia, incluido el conocimiento
cientíco de la evolución. El trabajo exami-
na además las proyecciones contemporáneas
de este naturalismo en el transhumanismo,
mostrando que sus tesis sobre la superación
tecnológica de la mente humana desconocen
los límites trascendentales del conocimiento.
En conclusión, se argumenta que la evolu-
ción puede describir transformaciones empí-
Abstract: is paper analyzes the philo-
sophical conict between Darwinian na-
turalism and Kantian transcendental phi-
losophy regarding the origin and nature of
human reason. It argues that philosophical
Darwinism, insofar as it conceives ratio-
nality as a product of biological evolution,
involves an explanatory circularity by pre-
supposing the transcendental conditions it
seeks to ground. From a Kantian perspec-
tive, reason, the categories of understan-
ding, and the unity of apperception cannot
be derived from empirical processes, since
they constitute the conditions of possibili-
ty of experience itself, including scientic
knowledge of evolution. e paper also
examines contemporary extensions of this
naturalistic framework in transhumanism,
showing that its claims concerning the
technological overcoming of the human
mind disregard the transcendental limits
of knowledge. It concludes that evolution
may account for empirical transformations
El conicto entre la evolución naturalista de Darwin
y la losofía trascendental de Kant
e conict between Darwins naturalism evolucionism and the
Kant’s trascendental philosophy
Gisella E. Chiappero
Investigadora independiente
drachiappero@protonmail.com
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Gisella E. Chiappero
Introducción
En el presente trabajo se analiza el conicto losóco entre el naturalismo
darwiniano y la losofía trascendental kantiana, mostrando que sus supues-
tos sobre el origen y la naturaleza de la razón humana son incompatibles. Se
expone cómo Darwin sostiene la continuidad evolutiva entre los animales
y el ser humano, interpretando las facultades cognitivas —incluidas el len-
guaje, la racionalidad y la autoconciencia— como prolongaciones graduales
de capacidades animales sometidas a selección natural. Esta postura implica
un descentramiento biológico del anthropos y la reducción de la razón a un
producto material-adaptativo. Frente a ello, se reconstruye la crítica kantia-
na según la cual la razón, las categorías del entendimiento y la unidad de
la apercepción no pueden ser derivadas de procesos empíricos porque son
condiciones trascendentales de posibilidad de toda experiencia, incluido el
conocimiento cientíco de la evolución. Así, el evolucionismo incurriría en
circularidad al pretender explicar la génesis de aquello que lo hace posible.
El escrito examina también las consecuencias contemporáneas de este na-
turalismo, en particular las narrativas transhumanistas, que proyectan futu-
ras transformaciones o superaciones tecnológicas de la mente humana bajo
la misma presuposición evolucionista. Desde la perspectiva kantiana, tales
planteamientos desconocen los límites trascendentales del conocimiento y
postulan entidades o cogniciones que, por denición, no podrían ser objeto
de experiencia. En conclusión, se argumenta que ni el darwinismo losó-
co ni el transhumanismo pueden fundamentar coherentemente una génesis
natural o técnica de la razón que sustente sus teorizaciones, puesto que la ra-
cionalidad es condición a priori del fenómeno y no un resultado de la historia
ricas de los organismos, pero no explicar la
génesis ni la modicación de la razón como
condición a priori del fenómeno.
Palabras clave: naturalismo, evolucionis-
mo, racionalismo, Kant, transhumanismo,
Darwin.
Fecha de recepción: 29/01/2026
Fecha de aceptación: 25/03/2026
of organisms, but cannot explain the ge-
nesis or alteration of reason as an a priori
condition of phenomena.
Keywords: naturalism, evolucionism, racio-
nalism, Kant, trascendentalism, transhuma-
nism, Darwin.
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El conicto entre evolución naturalista de Darwin y losofía trascendental de Kant
natural. La ciencia puede describir la evolución, pero no puede explicar las
condiciones que la hacen cognoscible, y permanece vigente el antropocen-
trismo gnoseológico kantiano frente al descentramiento naturalista.
Los postulados naturalistas de Darwin
La teoría de la evolución formulada por C. R. Darwin en On the Origin of
Species (1859) y posteriormente en e Descent of Man (1871/1874), produjo
un vuelco radical en la comprensión del ser humano. La novedad darwiniana
trajo consigo una perspectiva materialista rupturista con la tradición losó-
ca que se trazó desde Aristóteles hasta Kant, quienes, se puede decir, sostie-
nen un principio racional irreductible a cualquier causalidad material. En su
lugar, Darwin sostuvo en los capítulos Comparison of the Mental Powers of
Man and the Lower Animals y en e evidence of the descent of man from some
lower form, que las facultades mentales humanas no son más que ampliacio-
nes de capacidades animales ya existentes, rompiendo cualquier diferencia
ontológica. Esto se presenta como dogma desde las postulaciones darwinis-
tas hasta el naturalismo contemporáneo que constituye el fundamento del
intento de explicar el cerebro junto con la racionalidad humana mediante
procesos de selección natural, variación y adaptación. Para Darwin, el len-
guaje humano fue pieza clave en el desarrollo del pensamiento abstracto, la
razón, la moral que evolucionó gradualmente a partir de sistemas más sim-
ples, mediante uso repetido de órganos de voz y progresiva renación neural
(Darwin, 1874). En esa línea, “la diferencia en la mente entre el hombre y
los animales superiores, es ciertamente una de grado y no de tipo” (Darwin,
1874, p. 105), los cambios evolutivos que moldean cuerpo y estructura, son
graduales y acumulativos y “como la selección natural actúa únicamente para
el bien de cada ser, todas las capacidades corporales y mentales tienden a
progresar hacia la perfección” (Darwin, 1859, p. 489). En efecto, “el hombre
desciende de un cuadrúpedo peludo, provisto de cola y orejas puntiagudas.
(Darwin, 1871, p. 389).
Si leemos en detalle la obra darwinista, veremos que el corpus evolucionis-
ta se basa en una continuidad donde la evolución pudo “perfeccionar todas
las facultades mentales” del hombre, así como perfecciona órganos o funcio-
nes corporales, reduciendo al sujeto estrictamente a condiciones materiales.
Para Darwin, el origen del lenguaje es un ejemplo paradigmático porque ha-
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bría surgido desde “expresiones vocales instintivas” de animales, renadas
por selección natural y uso social acumulativo. Así, la facultad misma del
pensamiento conceptual sería una consecuencia remota de una cadena de
mutaciones y presiones selectivas. Esta interpretación inaugura un programa
que, en los siglos XX y XXI, se termina intensicando, muchas veces llegan-
do a reducir la epistemología a la biología. Para Darwin, en esta continuidad
evolutiva se da “la preservación de las modicaciones útiles y la destrucción
de las que no lo son” (Darwin 1859, p. 32). Bajo esta perspectiva, si la mente
es un órgano adaptativo, la razón sería un mecanismo al servicio de la super-
vivencia, la objetividad del conocimiento quedaría subordinada a la utilidad,
la lógica sería un conjunto de reglas que funcionaron evolutivamente, no es-
tructuras necesarias del pensamiento. Las postulaciones darwinistas que aquí
presento son losócas, por lo tanto, mostraré que el darwinismo losóco
implica, en suma, que el sujeto y con él la verdad no son más que un subpro-
ducto contingente de procesos materiales.
El conicto desde Kant
Ahora bien, desde la losofía trascendental kantiana los supuestos en que
esta lectura naturalista incurre serían un error fundamental porque pretende
derivar la razón —es decir, la condición de posibilidad de la experiencia— a
partir de procesos empíricos que, para ser conocidos como tales, ya la pre-
suponen. Sabemos que el análisis kantiano de la experiencia demuestra que
esta no puede entenderse como ujo de sensaciones previamente dadas, sino
como resultado de la síntesis activa del entendimiento. Kant arma que “la
experiencia es, sin duda, el primer producto surgido de nuestro entendimien-
to al elaborar la materia bruta de las impresiones sensibles” (KrV A1). En el
mismo sentido sostiene que el entendimiento no extrae sus leyes (a priori)
de la naturaleza, sino que se las prescribe (KrV B164). Además es taxativo
cuando explica cómo el entendimiento es el autor de la experiencia (KrV
B127). Claramente, no puede haber “experiencia evolutiva” previa a la activi-
dad del entendimiento, ni puede haber “procesos biológicos” que generen las
categorías del pensamiento, pues estos procesos solo aparecen como objetos
de conocimiento en la medida en que ya están sometidos a dichas categorías.
La causalidad, por ejemplo, que es indispensable para concebir la evolución
misma, no es un descubrimiento empírico, sino una forma necesaria bajo la
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El conicto entre evolución naturalista de Darwin y losofía trascendental de Kant
cual el sujeto organiza la percepción en sucesión. No tiene sentido armar
que la causalidad surge de estructuras cerebrales formadas por la evolución,
porque para comprender la evolución como proceso causal ya se requiere la
categoría de causalidad. Entonces, acá hay más de un problema, porque la
explicación evolutiva de la razón es circular, es decir, se pretende explicar la
condición de posibilidad de toda explicación empírica mediante aquello que
solo puede ser conocido gracias a esa misma condición.
Si consideramos el concepto kantiano de apercepción trascendental, el
“yo pienso” que debe poder acompañar todas las representaciones (KrV
B131-132), se evidencia que no es un hecho psicológico ni biológico, sino
la condición formal de la unidad de la experiencia. No puede ser produc-
to de un proceso temporal, porque toda temporalidad objetiva se constituye
recién gracias a esa unidad sintética. Desde la propuesta kantiana el plan-
teamiento más riguroso del problema de la experiencia, objetado contra el
evolucionismo, termina fundando su posibilidad a través de la posición de
lo inexperimentable. Y lo “inexperimentable” aquí es precisamente el sujeto
trascendental. No puede evolucionar, no puede aparecer en un estadio de la
historia biológica, no puede ser una adquisición gradual, porque sin él no
habría historia, ni fenómeno, ni tiempo objetivo.
El asunto se vuelve más conictivo si nos remitimos a los dogmas de la
ciencia contemporánea de tradición evolucionista sobre el Homo sapiens.
Este homínido adquirió capacidades cognitivas superiores como el lenguaje
articulado, pensamiento abstracto, creatividad simbólica, acumulación cul-
tural, apareciendo en una etapa evolutivamente tardía, asociada al aumento
del volumen cerebral y a la reorganización cortical. Desde la losofía trascen-
dental se puede problematizar este supuesto porque aceptarlo implica que,
antes de esta fase evolutiva, los antepasados carecían de pensamiento con-
ceptual. Por ejemplo, el Homo erectus, el Homo habilis, o cualquier homínido
anterior no poseía lo que hoy llamamos razón. Según estas tesis naturalistas
basadas en la evolución se habría producido gradualmente el pensamiento
racional en esa “sucesión homínida. No obstante, este relato cientíco, leído
desde la losofía trascendental, genera un problema devastador para el pro-
pio naturalismo. Si se acepta —como lo hace la antropología evolutiva— que
durante millones de años hubo organismos humanos o prehumanos sin pen-
samiento conceptual, sin lenguaje articulado, sin autoconciencia reexiva,
entonces debemos aceptar también que durante ese período no existía sujeto
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en sentido kantiano, pues el sujeto trascendental no es un individuo empírico,
pero tampoco puede ser concebido sin un ser pensar. Si la racionalidad surge
súbitamente en algún punto tardío de la evolución, ¿qué ocurre con el tiem-
po anterior a ese surgimiento? ¿Quién o qué constituye ese tiempo? ¿Cómo
puede haber “antes” y “después” sin un sujeto de apercepción que sintetice
la sucesión? ¿Cómo pueden haber existido objetos, organismos o procesos
evolutivos durante ese período si la objetividad solo surge en la experiencia
constituida por el entendimiento? En torno a estas preguntas, son necesarias
un par de aclaraciones: este ensayo no pretende armar estrictamente que la
paleontología, por ejemplo, es conceptualmente imposible desde Kant, o que
la ciencia solo es pensable dentro del marco trascendental. Se podría decir
que pensar que hubo organismos antes de los humanos podría ser incohe-
rente desde Kant, aunque también desde su perspectiva, para algunos sería
coherente como fenómeno. Otros podrían armar que incoherente sería sos-
tener que esos organismos existieron como “cosas en sí” en “un tiempo en
. Lo importante es preguntarse si es posible desde la losofía trascendental
kantiana separar fenómeno de das Ding an sich. Sabemos que no. Este es el
punto que le da rigurosidad a la argumentación presente. Además, teniendo
en cuenta que Kant precede a Darwin, el conicto entre trascendencia y na-
turalismo se tornaría aún más problemático si se hace un análisis histórico
detallado sobre ambas teorías.
Ahora bien, siguiendo la perspectiva kantiana, debo decir que el célebre
relato naturalista tiene implicancias alarmantes como la posibilidad de que
hubo millones de años de mundo sin sujeto, es decir, un tramo inmenso
de realidad sin posibilidad de ser experimentada ni constituida ni si quiera
como fenómeno. Y esto incluso contradice la estructura misma del conoci-
miento cientíco, porque la ciencia describe el pasado como fenómeno, or-
ganizado según categorías. Por tanto, no se puede armar coherentemente
un pasado donde esas categorías no operaban. Es decir, la ciencia evolutiva,
leída bajo la lupa materialista, se autoinvalida porque describe un “mundo
sin sujeto” utilizando estructuras del sujeto que no podrían haber estado pre-
sentes en ese mundo. En consecuencia, las bases del darwinismo losóco
no solo incurren en un error trascendental al intentar derivar la razón de
lo empírico, sino que también incurren en un error ontológico al suponer
la existencia de un mundo fenoménico previo a las condiciones que hacen
posible el fenómeno. Kant ya lo advertía cuando armaba que “siempre se ha
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El conicto entre evolución naturalista de Darwin y losofía trascendental de Kant
creído que todo nuestro conocimiento debía regularse por los objetos… pero
todos los ensayos han fracasado” (KrV Bxvi), y la propuesta kantiana para
este problema es invertir la relación donde los objetos deben ajustarse a las
condiciones del conocimiento. Así, la evolución no puede ser la génesis de la
razón. Al contrario, incluso el pensamiento racional es la condición que hace
posible que exista algo así como “evolución” como concepto cientíco. Sin
las categorías de causalidad, sustancia, comunidad y unidad, no habría or-
ganismos, procesos, linajes, tiempo geológico ni siquiera historia de la vida.
La evolución no podría ser pensada sin la forma del tiempo, y mucho menos
la forma del tiempo no es producto de la evolución, sino forma a priori de
nuestra sensibilidad.
Dado lo anterior, se observa que la biología presupone lo que no puede
explicar. Y esta ha sido una de las mayores críticas para el evolucionismo. Si
atendemos a la armación darwiniana de que “la selección natural perfeccio-
na todas las facultades mentales, se observa que presupone que la facultad de
comprensión de procesos naturales es ella misma producto de esos procesos.
Pero si la facultad de conocer fuese una adaptación contingente, entonces las
leyes del pensamiento podrían variar. La lógica misma sería un fenómeno
evolutivo; no habría garantía de validez universal. La noción de verdad que-
daría reducida a un éxito adaptativo. Esto destruye la pretensión de objeti-
vidad de la ciencia, incluida la teoría de la evolución. Una teoría que explica
la razón como estrategia adaptativa no puede reivindicar validez objetiva,
porque su propia noción de verdad se vuelve relativa a su función biológica.
El darwinismo cae en contradicciones principalmente porque carece de una
razón que no sea adaptativa para poder conrmar sus supuestos y armarse
como teoría verdadera. El problema se vuelve más evidente al considerar que
todo proceso evolutivo requiere regularidad causal. Darwin mismo insiste
en El Origen en que “la selección natural actúa acumulando variaciones fa-
vorables, frase que presupone la causalidad como ley. Pero Kant demuestra
que la causalidad no puede obtenerse de observaciones repetidas, sino que es
condición para que haya observaciones en general: “La ley de la causalidad...
es condición de la experiencia” (KrV A189/B232). Por tanto, la evolución no
puede generar la causalidad porque la causalidad es condición previa para
que exista “proceso evolutivo. Lo mismo vale para la noción de organismo,
que hoy se describe como “sistema teleodinámico” o “unidad funcional. Para
que algo sea reconocido como organismo debe estar ya bajo la categoría de
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sustancia, que Kant considera indispensable para pensar el cambio y la per-
manencia. La biología evolutiva no puede fundamentar una continuidad ver-
dadera, mucho menos la categoría de sustancia porque la presupone en cada
una de sus descripciones.
El antropocentrismo gnoseológico kantiano frente al
descentramiento del anthropos naturalista
Sobre el catulo Comparison citado anteriormente, Darwin dice “my
object in this chapter is solely to shew that there is no fundamental die-
rence between man and the higher mammals” (Darwin, 1981, p. 35). Esta
como otras armaciones mostradas aquí y en otros trabajos, muestran que la
obra de Darwin está basada en el descentramiento del anthropos. Contrario a
Darwin, Kant en el Prólogo de la segunda edición (1787) de la Kritik arma
que “Wir kennen a priori von den Dingen nur das, was wir selbst in sie le-
gen” (KrV B16). Esta armación podría resumir la losofía trascendental de
Kant como un antropocentrismo gnoseológico. Por lo tanto, la confrontación
entre el pensamiento de Kant y el de Darwin puede formularse, en última
instancia, como un choque entre dos imágenes del ser humano como refe-
rencia: una fundada en la centralidad trascendental del sujeto cognoscente y
otra basada en el descentramiento biológico del hombre dentro de la histo-
ria natural. Aunque desde diferentes campos, ambos proyectos redenieron
la noción de ser humano y este en relación con el conocimiento. En Kant,
la centralidad del sujeto no es metafísica ni teológica, sino gnoseológica, es
decir, el ser humano no es el centro del universo, sino el punto de referencia
necesario para la constitución del fenómeno. En Darwin esto pasa distinto,
es necesario descentrar esta referencia para explicar los fenómenos naturales.
Esto que denomino como antropocentrismo kantiano no arma ningún pri-
vilegio ontológico del hombre, sino que reconoce la función estructurante del
sujeto trascendental en toda experiencia posible. Por esto, más adelante Kant
conrmará en otra sección su tesis fundamental de que “los objetos deben
ajustarse a nuestro modo de conocer” (KrV, A42/B59). El mundo fenoméni-
co no es un dato independiente, sino una correlación entre intuición y con-
cepto, entre sensibilidad y entendimiento. El sujeto, en cuanto condición de
posibilidad del aparecer, ocupa un lugar central en el orden epistemológico.
Darwin, por el contrario, lleva a cabo un proceso de descentramiento radical
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El conicto entre evolución naturalista de Darwin y losofía trascendental de Kant
del sujeto. En El Origen explica el fenómeno originario de todas las especies
mediante un ancestro común. El hombre inserto en dicho fenómeno, es des-
plazado de su singularidad biológica y ontológica, mostrando su parentesco
con otras especies y la continuidad de sus facultades con las de los animales.
En e Descent of Man, esta idea alcanza su formulación más contundente,
porque la mente humana no es de una naturaleza distinta sino la resultante
de modicaciones graduales sometidas a selección natural. Esta concepción
somete al hombre completamente dentro del fenómeno del orden natural y,
por tanto, considerado desde la perspectiva del materialismo evolucionista,
no hay distinción fundamental entre los mecanismos que explican su cor-
poralidad y los que explican su facultad cognitiva porque son unicados en
la materia. Asimismo, como mostré anteriormente, entre el homo sapiens, el
animal superior” y los “animales inferiores, Darwin sólo puede trazar conti-
nuidad orgánica: “la capacidad de realizar ciertas acciones se adquiere, paso
a paso, en la variabilidad de los órganos mentales y la selección natural, sin
ninguna inteligencia consciente por parte del animal durante cada genera-
ción sucesiva” (Darwin, 1871, p. 39).
Además, este descentramiento darwiniano, cuando se adopta como tesis
ontológica y epistemológica fuerte, entra en conicto con los presupuestos
trascendentales que Kant identica como condiciones del conocimiento. El
naturalismo darwiniano, en su lectura materialista más rigurosa, separa al
sujeto de aquello que constituye la inteligibilidad del mundo porque intenta
describir la emergencia de la razón como si ésta fuese un objeto entre objetos,
un fenómeno más dentro de la cadena causal que explica la evolución de los
organismos. Pero al hacerlo, desconoce que la posibilidad misma de describir
un mundo material depende de las estructuras a priori que el sujeto aporta.
Como ya dije, el materialismo evolucionista busca explicar el surgimiento
del sujeto desde una naturaleza concebida como ya estructurada, causal y
regular, sin advertir que estas características de la naturaleza son, en sentido
kantiano, funciones del entendimiento. Querer hacer depender las condicio-
nes trascendentales del conocer de procesos materiales es invertir los niveles
explicativos: es derivar lo constitutivo de lo constituido. El darwinismo lo-
sóco, cuando pretende dar una explicación exhaustiva y autosuciente de la
razón, termina apoyándose inadvertidamente en aquello que intenta reducir,
la actividad trascendental que posibilita la noción misma de causalidad, ley
natural y objeto empírico. Incluso cuanto más radical es la pretensión de des-
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centramiento naturalista, más depende de aquello que niega. Pues al separar
lo trascendental del sujeto para convertir la cognición en un producto pura-
mente material —como dije— el materialismo darwiniano se invalida gno-
seológicamente porque sin categorías, sin unidad de la apercepción y sin for-
mas puras de la intuición, no hay mundo articulable como sistema de objetos
naturales, y por tanto no hay marco posible para la explicación evolutiva.
Hasta acá queda claro que el antropocentrismo gnoseológico kantiano
no contradice la ciencia, la hace posible. De manera distinta, el descentra-
miento darwiniano, al absolutizarse en su pretensión de teoría cosmológi-
ca, se impone en forma de naturalismo materialista comprometiendo su
propia posibilidad explicativa. Se ha visto que Kant otorga al sujeto el rol
de condición de posibilidad del fenómeno mientras que Darwin lo relega
como fenómeno dentro de la naturaleza. Bajo estas condiciones, parece im-
posible que dichas perspectivas pueden coexistir sin confundir los planos.
El origen de la tensión es la misma demostración de que los planos trascen-
dental y material son inseparables. Esta discusión no ha perdido vigencia,
de hecho hay un revival de esta misma discusión donde los planos losóco
y cientíco están implicados.
La visión transhumanista
Vale recordar que Darwin propuso que las especies cambian a lo largo del
tiempo a través de un proceso llamado selección natural, donde las variaciones
favorables se heredan y las desfavorables se eliminan, dando como resultado
un patrón de evolución ramicado, no una línea recta hacia el ser humano. No
obstante, en El Origen, por primera vez Darwin introduce la “mano del hom-
bre” como “mecanismo selectivo. Darwin sugiere la idea de una selección de
tipo articial cuando dice que “el hombre puede producir un gran resultado...
al acumular diferencias individuales en una dirección determinada” (Darwin,
1859, p. 29), y luego conrma su ecacia frente al estado natural: “la selección
natural actúa únicamente acumulando ligeras variaciones favorables sucesi-
vas; no puede producir una gran modicación repentina; solo puede actuar
mediante pasos muy pequeños” (Darwin, 1859, p. 95). Por lo tanto, Darwin
sugiere que sólo la técnica humana puede lograr transformaciones signica-
tivas en las especies, introduciendo las direcciones que “le son útiles. Sobre
las especies intervenidas, Darwin dice que “uno de los aspectos que nos llama
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El conicto entre evolución naturalista de Darwin y losofía trascendental de Kant
la atención es que, por lo general, dieren más entre sí que los individuos de
cualquier especie o variedad en estado natural” (Darwin, 1859, p. 16).
Los posteriores desarrollos evolucionistas orientados hacia el futuro de las
generaciones ayudaron a naturalizar una forma de pensar sobre un posible
futuro de transición y a difundir ideas sobre la evolución humana y la me-
jora humana en un imaginario sociotécnico más amplio. Más precisamente
fueron las tesis de T. H. Huxley, uno de los más grandes defensores y divulga-
dores del darwinismo, quien, discrepando en cuanto a la “selección natural,
enfocó sus estudios en la narrativa futurista del evolucionismo y sentó las
bases de lo que se conoce como transhumanismo (Duner, 2024). El tran-
shumanismo contemporáneo, ampliamente desarrollados en autores como
N. Bostrom, M. More y R. Kurzweil, radicalizan tanto el descentramiento
iniciado por Darwin y la idea de naturan non facit saltum, considerando que
la mente humana es un sistema contingente, modicable y superable por me-
dios tecnológicos. Para Kurzweil, la evolución biológica es solo “la primera
fase” de un proceso que continuará en “inteligencias no biológicas que supe-
rarán al cerebro humano en todos los aspectos” (Kurzweil, 2005, p. 123). De
modo similar, More arma que “la esencia humana no es ja, sino suscepti-
ble de constante transformación” (More, 2013, p. 6), mientras que Bostrom
sostiene que es posible crear “minds with far greater cognitive abilities than
any current human mind” (Bostrom, 2014, p. 49). Estas tesis suponen que
la racionalidad es un fenómeno empírico sujeto a perfeccionamiento, conti-
nuidad y reemplazo, lo cual prolonga el naturalismo evolucionista de fondo,
porque si la mente surgió gradualmente por procesos naturales, puede seguir
evolucionando articialmente hacia estados “posthumanos.
Desde la losofía trascendental kantiana, esta perspectiva desconoce
los mismos puntos fundamentales que Darwin. La razón no es un órgano
empírico ni un producto gradual de la naturaleza, sino condición de po-
sibilidad de toda experiencia (KrV B164), y las estructuras bajo las cuales
conocemos no pueden ser generadas ni modicadas por aquello que solo
aparece gracias a ellas. Por eso, la idea transhumanista de una “inteligencia
radicalmente superior”, de poder lograr la plenitud de conocimiento, rom-
per los límites hacia el noúmeno, es problemática: una mente con categorías
distintas no sería objeto posible de conocimiento. Como advierte Kant, “las
condiciones de la posibilidad de la experiencia son condiciones de los obje-
tos de la experiencia” (KrV A158/B197), lo que excede esas condiciones no
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es cognoscible. Por lo tanto, la tesis transhumanista se reduce a lo inexpe-
rimentable. Se incurre en una ilusión similar a la del naturalismo, intentar
quitar” la razón o intentar “superar” la razón equivale a intentar salir del
marco que posibilita cualquier experiencia. Al igual que la descripción del
origen de la especie humana, la tesis transhumanista está condicionada por
nuestras propias categorías de pensamiento.
Conclusión
En suma, tanto el evolucionismo darwiniano como el transhumanismo
tecnocognitivo buscan desplazar al sujeto humano, pero ambos olvidan la
centralidad del sujeto trascendental, que no es biológica ni histórica. Por ello,
aunque puedan transformar empíricamente el cerebro o la capacidad cogni-
tiva, ninguna tecnología puede modicar aquello que hace posible que haya
experiencia, ciencia y objeto. La razón no puede haber surgido en un punto
de la historia natural ni puede desaparecer tal cual la conocemos en un salto
evolutivo. La historia misma y el sujeto mismo son pensables a partir de la
razón. La experiencia empírica del mundo, incluidos los procesos evolutivos,
son siempre posteriores al marco apriórico del sujeto trascendental. La evolu-
ción, entonces, no origina la razón ni puede moldearla, porque esta antecede
cual horizonte que se pueda pensar.
La evolución podrá transformar órganos, cerebros y conductas, pero no
puede generar las categorías del entendimiento ni la unidad de la apercep-
ción, porque estas no son hechos naturales, sino condiciones de posibilidad
de que algo aparezca como hecho natural. No se puede trasladar la categoría
de tiempo trascendental al dominio de la historia empírica sin recaer en con-
tradicciones. Si se insiste en hacerlo, la ciencia basada en la idea de una evo-
lución puramente materialista del sujeto se equivoca. No porque la evolución
sea falsa, sino porque su interpretación losóca naturalista es incongruente
con las condiciones trascendentales del conocimiento.
En denitiva, la razón no emerge de la evolución, es la condición bajo la
cual la evolución puede ser conocida. Donde el darwinismo losóco ve una
continuidad genética, la losofía trascendental muestra una discontinuidad
categorial, no una diferencia de grado, sino de tipo. Y la consecuencia nal es
clara, la ciencia puede describir cómo evolucionan los organismos, pero no
puede explicar la posibilidad de esa descripción ni de esa realidad. En medio
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El conicto entre evolución naturalista de Darwin y losofía trascendental de Kant
de este debate contemporáneo, se puede decir que Kant se anticipó, en cierto
sentido, al núcleo de lo que aquí presento como problema del descentramien-
to antropológico gnoseológico. La losofía trascendental advertiría contra
la tentación de confundir la mera posibilidad abstracta con la determina-
ción concreta de un modo de cognición o realidad distinta. La imposibilidad
constitutiva pone en tensión las narrativas más ambiciosas, las cuales suelen
atribuir contenido y dirección a lo que, desde un punto de vista crítico, sólo
puede pensarse como indeterminado.
Hasta acá quedan claras tres cosas: que tan pronto como la razón traspa-
sa el campo de la experiencia, se cae en meras cciones, porque no se pue-
de trascender los límites de la experiencia posible; que más allá del intento
cosmológico de ciertas teorizaciones, las condiciones formales son lo único
necesario y universal; y que no se puede representar bajo intuición alguna
distinta de la humana. Por lo tanto la idea de prehumanidad y de posthuma-
nidad bajo la tutela darwinista no sólo caen en arbitrariedades cientícas,
también losócas.
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