
54 Cuaderno de Ciencias Humanas 8 (junio 2026) 47-57
ISSNL 3008-9530
Denisse Rouillon
pero a la vez simples. Pareciera que precisaran técnicas especícas pero, en
realidad, no hay ninguna. Sin duda, interpelan. Y como los místicos escriben
sobre lo que ellos mismos han vivenciado, es probable que el Maestro las
comunicara con el n de ponerlas al servicio espiritual de las almas a las que
acompañaba (y sigue acompañando).
Primero, Dios es el “Uno”, el Ser Supremo, el Bien desbordante. No “se
ha de imaginar erróneamente —arma Eckhart— que Dios haya proyec-
tado o creado las criaturas fuera de sí mismo” (Bara y De Cos, 2017, p.
30). Dios está en todo y también es nada, en la medida en que es superior
a todo lo que es. Eckhart utiliza la palabra grunt para referirse al Ser in-
diviso que se da a sí mismo en el ser de cada criatura. Grunt se traduce
como “fondo”, “lo más profundo”, “abismo”, “fundamento”, “base”, “origen”,
“causa” (pp. 31-32). Entonces, el “fondo de Dios” es lo más íntimo, pro-
fundo y desconocido del alma.
El deseo de Dios es el anhelo humano fundamental, seamos o no cons-
cientes de ello. Y, aunque el signicado y ejercicio de la libertad sea un
terreno complejo, cumple un papel crucial en el plan divino. Somos libres
de aceptar el llamado (o no), porque Dios es Amor y el Amor nunca se
impone. En este sentido, la Conversación de discernimiento 4 expone el jus-
to negocio de entregarlo todo a Dios, incluso el próximo respiro1. Hacer
sin saber ser, ¿sería, acaso, posible? Primero, ser, y después, obrar o hacer.
¿Cómo ser, cuando lo único que sabemos es hacer? El inicio podría ser to-
mar conciencia de que la vida es un regalo y, si Dios nos invita a la unión,
es de justicia (negocio justo) corresponder dicha invitación con todas nues-
tras fuerzas y todo nuestro empeño.
Segundo, el ser humano y su retorno hacia Dios. El hombre es “hacia el
exterior” o “hacia el interior”. El primero es aquel instalado en lo material,
supercial, en modelos cientíco-técnicos. En cambio, para ser “hacia el in-
terior” es necesario “dejarse a sí mismo” o “percibirse a sí mismo” (Bara y De
Cos, 2017, pp. 49 y 50), lo cual equivale a reconsiderar la “importancia” de
riquezas, honores, privilegios, glorias vanas. Entonces, el hombre receptivo
orientado hacia el interior se puede abrir al misterio, la inmanencia y la tras-
cendencia operantes en él.
1
Conversación de discernimiento 4: De la utilidad del desprendimiento que se ha de practicar
interior y exteriormente.